Aunque sus géneros predilectos sean las explosiones, las bofetadas y las películas de catástrofes, los americanos también saben rodar dramas e historias lacrimógenas. Buena muestra de ello es Frozen River, film que ha llegado a nuestra cartelera con un año de retraso y que nos cuenta una sencilla historia sobre una madre en apuros y su forma de salir adelante cuando su marido abandona la familia. El film no tiene nada de especial, para qué vamos a negarlo, y los personajes, si no fuera por la actuación de la protagonista, que sí merece una mención, tampoco logran que nos importen lo más mínimo. Ni el contexto permite que nos identifiquemos con la historia, porque para situaciones como la planteada en la película hay muchas soluciones menos enrevesadas.
EL ARGUMENTO
En plena campaña navideña el padre de una familia muy pobre abandona la casa llevándose todo el dinero que habían ahorrado para comprar un hogar mejor. La madre se queda con un montón de deudas y cosas varias de las que no puede pagar los recibos, mientras sus dos hijos se ven obligados a alimentarse diariamente a base de palomitas y tang. A Ray Eddy, la mujer, no le van bien las cosas, y aunque trabaja en un Todo a 100, no tiene el dinero suficiente para salir adelante y poder ahorrar para pagar la casa que necesitan (en la que viven se cae a trozos). Un día, cuando Ray va en busca de su marido, se encuentra con una mohawk que aparentemente le ha robado el coche. Poco después de conocerla le sigue el juego a la mohawk y termina convirtiéndose en traficante de inmigrantes ilegales que quieren entrar en Estados Unidos. Por cada viajecito que hace se lleva más de 1000 dólares, y eso, en su situación, es algo que parece no poder desaprovechar. Así que Ray sigue traficando y traficando, mientras su relación de amistad con la mohawk se desarrolla de forma paralela a varias pequeñas historias secundarias.
LA PELÍCULA
Éste es uno de esos films que dejan la mitad de las preguntas en el aire para que tú mismo encuentres las respuestas. O al menos eso es lo que dicen los defensores de la película de la directora Courtney Hunt, puesto que alguien con mala intención pensaría que se trata de lagunas argumentales dejadas sin explicación por despiste o casualidad. Estos detallitos, perceptibles a lo largo de la historia, e incluso en el desenlace, no hacen otra cosa que restar todavía más puntos negativos a un drama inconsistente y del que es difícil entender la situación. La madre de la familia alimenta con palomitas y tang a sus hijos, cuando existen lugares donde conseguir comida sin necesidad de delinquir, y el poco dinero que tiene lo guarda para comprar una casa grande en lugar de una pequeña en mejores condiciones. Todo ello le da una personalidad demasiado impredecible a la protagonista, lo cual quizá la hace más humana, pero que parece demasiado articulado para llevarla por el sendero de la autodestrucción.
EL REPARTO
Melissa Leo es ya una veterana del cine y la televisión a la cual hemos podido ver en montones de papeles, importantes o no. En Frozen River se lleva la principal carga de responsabilidad, siendo principalmente el único motivo por el cual continuamos viendo la película con interés. Los demás personajes no brillan en pantalla de manera especial, salvo quizá el hijo mayor de la protagonista, caracterizado por Charlie McDermott, un chaval con una mirada que emana mucho sentimiento (y su personaje, ciertamente, es uno de los más aprovechados de la historia).
CONCLUSIÓN
Frozen River no aporta mucho al género del drama y la historia que presenta ni de lejos nos emocionará de forma especial. Como ya hemos dicho, el guión resulta poco creíble en la mayor parte de los momentos, y ciertas lagunas argumentales no ayudan a que lo terminemos de comprender mejor. La ambientación, con todo lo relacionado con la reserva mohawk nos sonará a chino, y quizá por eso no terminamos de conectar con el argumento.
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