1. ¿Qué es Garbo. El Espía?
Es una historia extraordinaria y, al mismo tiempo, verídica hasta lo inverosímil. Es la historia de Alaric, el mejor agente nazi de la Segunda Guerra Mundial, cuya red reunía a la flor y nata de los espías nazis en Gran Bretaña. Pero es también la historia de Garbo, que trabajaba para el MI5, y es también la historia de un desertor de la Guerra Civil, y la de un agente doble que murió en Angola en 1949. Y es la historia de un novelista inglés que empezó a buscar a un muerto convencido de que estaba vivo, y que lo desenterró dos veces… equivocándose de cadáver. Y es la historia de una mujer que sabía demasiado, y de una red de agentes que jamás existió. Es, en definitiva, la historia de un gran desconocido: Juan Pujol, a quienes los servicios de Inteligencia Británica denominaron como “el mejor actor de todos los tiempos” y a quien la prensa inglesa bautizó como “el hombre que salvó al mundo”.
2. Una historia compuesta de muchas historias…
Efectivamente. Cuando tiras de cada hilo descubres que todos tienen múltiples ramificaciones, a cada cual más apasionante. La historia del piloto de la RAF que transportaba cartas de amor de un español que tenía a su mujer en Lisboa; la del espía que enferma misteriosamente y muere cuando más se le necesita; o la del señor de Barcelona que trabajaba para los alemanes en Londres cuando en realidad estaba en Lisboa y no tenía nociones de inglés ni de alemán. Cada historia te lleva a otra, y hay más de mil historias. Literalmente.
3. Se trata de un mockumentary (falso documental), ¿verdad?
No, no: es fiel a la realidad. Aunque es tal la locura, la imaginación y tiene un ritmo tan trepidante que cualquiera que no conozca la verdad de primera mano puede sentirse tentado a creer que contiene ciertas dosis de invención. Tal vez se deba a que Pujol era un gran fabulador, seguramente uno de los mejores escritores del siglo XX. Pero no escribía para lectores sino para convencer y manipular a los enemigos para ganar guerras. La realidad siempre supera la ficción.
4. Usted la define como un thriller documental
Sí. Pero también como una comedia y como un relato con ciertos toques de Graham Greene. Greene, como después John LeCarre, estaba íntimamente conectado con los servicios de inteligencia británicos, y por eso sus historias son terriblemente veraces. De hecho, se considera que Greene, conocedor de la historia de Garbo, se inspiró en ella para escribir Nuestro hombre en La Habana. Y The Counterfeit Spy de Sefton Delmer también se basa en ella.
5. ¿Qué hizo Garbo?
Según sus propias palabras, “poner su granito de arena para el bien de la humanidad”. Salvó muchas vidas y de hecho se convirtió en el gran maestro de lo que se llama “el arte de la intoxicación”, es decir: hacer creer al enemigo lo que podría ser pero no es, sin posibilidad de ser descubierto.
6. También afirmaba que había luchado dos guerra sin haber disparado un solo tiro…
Es verdad. Y su familia y sus hijos, tanto de España como de Venezuela, sus primos, siempre recuerdan que esto era lo que le enorgullecía más. Esto y haber salvado miles vidas tanto en el desembarco de Normandía como en los bombardeos nazis sobre Londres al final de la Segunda Guerra Mundial.
7. ¿Jamás se equivocaba?
Al contrario, en repetidas ocasiones: Pujol no conocía Londres, no tenía nociones de inglés, y era un espía de despacho sin apenas contacto con la realidad. No podía dejar de cometer errores, como cuando hablaba de los ingleses que “ofrecían información a cambio de una botella de vino”, o cuando se hacía un lío con el sistema monetario inglés, pasando unas cuentas de gastos extravagantes. Pero su mérito fue interpretar su papel mejor que nadie, por eso los ingleses le llamaron Garbo. No es casualidad que Greta Garbo hubiera encarnado a Mata Hari, la gran agente doble de la pantalla. A Pujol jamás se le podía echar nada en cara. Cuando se le atacaba por sus errores, él contraatacaba indignado ante lo que consideraba minucias dentro de un trabajo muy importante. Por otra parte siempre acababa comunicando aquello que los nazis querían escuchar; afirmaba que le movía su odio a las democracias y su amor por el Tercer Reich. De hecho, Pujol se lo debía pasar en grande inventando todas esas mentiras. Con su corpus de más de cincuenta volúmenes de textos y mensajes, se podría decir que fue uno de los grandes autores de los cuarenta, y, sin duda, el que tuvo mayor influencia en el devenir de la humanidad.
8 .El gran público conoce a Mata Hari, pero no a Garbo. ¿A qué se debe?
Los mejores espías son los que permanecen en secreto; el espía exhibicionista anda más en busca de notoriedad; el avaro, ansía el beneficio económico. Pujol no: se diría que era un trabajo que se le daba bien, que llevaba en la sangre, y era muy discreto. De hecho, se habría llevado su secreto a la tumba a no ser por el empeño de Nigel West. Karl Erich Kuhlenthal, su controlador alemán, falleció en los setenta convencido de que Pujol había sido su mejor espía, un luchador infatigable para el III Reich. Y el alto mando alemán le condecoró con la Cruz de Hierro, un honor que jamás había merecido nadie que no fuera alemán o que hubiera luchado en el frente. Salvo Pujol.
9. Pero la historia de Pujol empieza durante la Guerra Civil…
Allí es donde pone a prueba sus dotes de invención y descubre su enorme poder de fabulación. En la Guerra Civil, Pujol estuvo a punto de fallecer; desertó porque no quería empuñar un arma y se escondió como un topo durante casi un año en Barcelona. Le descubrieron y encarcelaron, pero escapó y se escondió en un piso detrás de la Catedral de Barcelona donde, en poco más de un año, había adelgazado 20 kilos y perdido casi todo su cabello. Era un anciano con tan solo 24 años. Entonces dio un paso adelante.
10. ¿Se fue al frente?
Primero a Sant Joan de les Abadeses para ejercer de gestor de una granja de pollos. Pero eso era una tapadera: Pujol albergaba la intención de cruzar los Pirineos, y para eso entrenaba cada día. Tenía una fuerza de voluntad enorme. Pero también era muy prudente. Así que, cuando estaba a punto de dar el paso, supo que los republicanos fusilaban a los desertores que intentaban cruzar a Francia. Entonces ideó su primera gran mentira: con un documento falso pretendiendo tener el doble de su edad, se presentó como voluntario ante las tropas republicanas, afirmando que era un experto en morse y telecomunicaciones. Pero lo cierto es que no tenía ni idea. ¿Su finalidad? Cruzar las líneas y cambiar de bando. Lo cierto es que lo hizo tan mal que, el día que huyó, perdió la orientación y regresó a sus propias filas, creyendo que llegaba a las contrarias. Recibió tal aluvión de tiros que sobrevivió de puro milagro.
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