11. Y de ahí decide hacerse espía
Primero encuentra a su mujer, Araceli González, quien jugó una parte muy importante en su brillante trayectoria posterior. Y con una tremenda ingenuidad visita a los británicos, que le toman por un infiltrado nazi. Pero Pujol no se amedrenta, y maquina un plan más atrevido todavía: colaborar con el Tercer Reich para ganarse las simpatías aliadas. Sorprendentemente los alemanes le creen, le ofrecen un cursillo rápido en las técnicas de espionaje y un sueldo. ¿Objetivo? Obtener información de importancia militar desde Gran Bretaña. Pujol afirma que lo podía conseguir. Y, manos a la obra, pronto empezaron a llegar los mensajes de Londres…
12. ¿Se fue a Londres?
¡No! Estaba en Lisboa, viendo noticiarios y leyendo la prensa extranjera para saber qué ocurría en Gran Bretaña. Pujol no podía permanecer callado si quería conservar su empleo. Así que con la ayuda de un diccionario y una antigua guía Michelín, empieza a enviar mensajes pretendiendo que vive en Londres y que un piloto amigo suyo de la RAF los deposita en un apartado de correos en Lisboa. Para que el piloto no sospeche, Pujol cuenta a sus controladores que le ha engañado con la historia de que tiene a su mujer en Lisboa y que son cartas de amor. Sus controladores lo celebran, sin saber que los únicos engañados son ellos. No había tal piloto: era el mismo Pujol quien dejaba las cartas en el apartado de correos, desde donde lo recogían los alemanes. De esta forma los sobres no tenían por qué llevar matasellos y Pujol podía escribir noticias contrastadas, simplemente poniendo una fecha anterior a la publicación de las noticias. Era perfecto. Sencillo y perfecto…
13. Hasta que le reclutaron los ingleses…
Costó mucho. Pujol ya estaba tan desesperado que planeaba fugarse con su familia a Brasil. Los servicios británicos le habían rechazado ¡cuatro veces!, tratándole de farsante. Hasta que uno de sus mensajes creó una bola de nieve tan grande que provocó un conflicto diplomático entre Roma y Berlín: la historia del convoy, inexistente, que había superado la vigilancia italiana para romper el sitio de Malta. Entonces los británicos se preguntaron: ¿quién es ese espía, que dice estar en Londres y que obviamente no está en Londres, que envía información falsa pero que tiene una reputación tan grande entre el alto mando alemán? Cuando descubrieron que era el mismo que se había ofrecido tantas veces, le preguntaron si todavía quería colaborar con la causa aliada; Pujol dijo que sí. Así que se lo llevaron a Londres, donde le interrogaron para asegurarse de que no ocultaba otras intenciones. Era muy extraño un caso como el de Pujol que no se movía por dinero, ni por circunstancias familiares, ni patrióticas. Pocos espías escapan a una de esas categorías. Pujol sí.
14. Vd. tiene una extensa carrera como productor. ¿Por qué decide debutar como director en un largometraje como Garbo?
A mi me interesan las historias. Ésta era una historia extraordinaria que merecía ser contada. Y cuando Sandra Hermida me la ofreció, no hubo marcha atrás… Empecé a investigar y me sorprendí de que todavía nadie hubiera intentando contarla más allá de breves episodios televisivos; me enamoré del personaje, de lo que había supuesto, y pensé que era necesario dedicarme a él en cuerpo y alma. Era una de esas rarísimas historias que necesitaba ser contada.
15. ¿Cuánto duró este proceso de investigación?
Cinco años. Con Patricia Ruiz estuvimos buscando en todas las fuentes, leyendo, trabajando mano a mano con los mejores conocedores de Garbo y su historia: sus familiares, Nigel West (el hombre que le había devuelto a la luz), Xavier Vinader (con quien había rememorado su vida), espías de la época como Aline Griffith o especialistas en Garbo como Mark Seaman. Grabamos más de 600 horas de entrevista, rodamos durante meses, viajamos a Londres, Berlín, Caracas y Lisboa, y estuvimos casi un año en la sala de montaje. Era como las matriushkas: empezábamos con una historia y siempre encontrábamos otra en su interior. Es fascinante: creer saberlo todo y hallar una nueva verdad reveladora que aporta nueva luz sobre el proceso. Un director es como un detective, que debe investigar la historia que cuenta, y las motivaciones de sus personajes: entrar en la piel del otro hasta dar con el relato. Con la particularidad de que un documental siempre es una obra abierta que se escribe sobre la marcha, con sus fragmentos de archivo, las entrevistas, los nuevos hallazgos… un proceso de modelación continua. Así como en una película de ficción el director crea una obra, en un documental se establece un diálogo entre el material existente y el director, en el que el montaje es decisivo. Ahí la participación de Alexander Adams también fue esencial.
16. ¿Qué fue lo más difícil a la hora de contar esta historia?
Contar la historia de GARBO implica dejar de contar muchas otras historias. Obliga a seleccionar, porque el material da para varias series: con trece capítulos de una hora aún nos quedaríamos en la superficie del personaje. Es como intentar explicar la obra de Dickens en una película, con la diferencia que los 50 volúmenes de relatos que escribió Garbo, estaban encaminados en una sola dirección. Se puede decir que es una de las obras literarias más influyentes del siglo XX, que tuvo lectores ávidos entre los grandes mandos del nazismo, y que el hecho de que la creyeran a pies juntillas permitió a los aliados asestar los golpes clave para ganar la guerra.
17. ¿Existen documentos de Garbo?
Muy pocos. Tan sólo los mensajes, sus memorias, los testimonios de quienes le conocieron y el material propio de la época. Pero, paradójicamente, cuanta mayor escasez de material, mayor libertad tiene el director, ya que no se debe someter a una visión determinada, sino puede encontrar un camino fiel al personaje. Y con un fabulador como Pujol, el camino era el cine: las historias de espías de la pantalla, que influyeron de una forma tan determinante en su personalidad. Un espía real explicado a través de espías de cine; un espía bautizado como una actriz a través de los actores que habían encarnado a personajes similares. De películas coetáneas como la serie de Mr. Moto, Mata Hari, o Pimpirnel Smith. Todas íntimamente ligadas a Pujol: Mata Hari por el mismo nombre de Garbo, Greta, interpretando a la agente doble más famosa del séptimo arte. Mr. Moto por Peter Lorre, quien tuvo que huir del Tercer Reich para terminar haciendo de pérfido alemán en Hollywood. Y Pimpirnel Smith por Leslie Howard, quien falleció cuando el avión de la RAF que, supuestamente, llevaba el correo de Pujol a Lisboa fue abatido por fuego nazi; Pujol se quejó tan enérgicamente que ningún otro avión correo sufrió un ataque similar. Y sin olvidar películas posteriores como Nuestro hombre en La Habana, El día más largo o Patton, que también tocan el tema de Pujol de cerca.
18. ¿No se sintió tentado a reconstruir la historia con actores?
No a la manera de un docudrama. Explicarla en clave de ficción habría rebajado el hecho de que nosotros no inventamos nada. Para inventar ya estaba Pujol…
19. También evita la voz en off…
Es una convención del documental: la voz omnisciente que lo narra todo. Pero eso implica tomar un partido, una dirección, y habría reducido la riqueza de las múltiples miradas. El reto era dejar que las múltiples voces conformaran una sola película. Como en Rashomon, cada espectador debe hallar su propia verdad.
20. A pesar de la seriedad del tema, Vd. utiliza un tono cercano a la comedia
Para Pujol ser espía era también un juego. Un juego terriblemente serio, pero no hay que olvidar que él no tenía una formación académica, era un autodidacta provisto de brillante ingenio y de una gran capacidad de sobrevivir a las situaciones más comprometidas. En inglés “jugar” e “interpretar” son un mismo verbo, y Pujol era un maestro en ambas cosas. Luchó en dos guerras, en los dos bandos, tuvo dos familias, dos vidas, e incluso dos muertes.
No hay mejor definición del agente doble que él.
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