Crítica: Shrek, felices para siempre

NOTA: ★★★★★★★☆☆☆

Casi diez años han transcurrido desde que un divertido ogro llamado Shrek debutara en los cines con una película de animación que causó sensación. Tras tres entregas en las que las ideas han ido perdiendo atractivo, llega a las pantallas el cuarto episodio y el último de la franquicia. Con Shrek, felices para siempre, la productora Dreamworks trata de dar final a uno de los personajes que más público han conseguido conquistar a lo largo de los últimos años. Y lo hace con una nueva aventura que no alcanza la gloria de las dos primeras películas, pero que satisface y supera con creces la tercera entrega de la serie.

ARGUMENTO

Hace mucho tiempo, poco antes de que Shrek rescatara a Fiona, los padres de la princesa estuvieron a punto de firmar un trato con Rumpelstiltskin. Su idea era que el traicionero amante de los tratos con letra pequeña hiciera que Fiona superara su aislamiento a cambio de conseguir todo el reino de Muy muy lejano. Pero justo cuando el Rey y la Reina estaban cerca de firmar, les llegó la noticia de que alguien había rescatado a Fiona. Ese era Shrek. En el presente, durante la celebración del primer cumpleaños de los hijos del ogro y su esposa, el protagonista se enfada por notar que ya nadie le teme. Los tiempos han cambiado y Shrek echa de menos que las personas huyan de él y le vean como un auténtico ogro. Tras discutir con Fiona, y engañado por Rumpelstiltskin, Shrek firma un contrato para conseguir un día en el que todo el mundo le verá como un ogro. A cambio le entrega a Rumpelstiltskin un día de su infancia, cualquiera. Poco después de firmar Shrek se trasladará a una versión alternativa de su mundo donde nadie le conocerá, y en el cual las cosas serán muy distintas.

REPARTO

El reparto de voces originales de Shrek siempre ha sido un lujo desde sus orígenes. En el papel del ogro está el carismático Mike Myers (de Austin Powers o El mundo de Wayne, entre muchas otras). Como Asno, otro cómico de pro: Eddie Murphy. Y en el papel de Fiona, la conocida Cameron Diaz. Al gato con botas, un personaje que no ha tardado en ganarse el cariño del público, le da voz Antonio Banderas, con un estilo chulesco que le queda ni que pintado. Por su parte, y como añadido de ésta entrega, a Rumpelstiltskin le da voz el desconocido Walt Dohrn. Al parecer, durante la producción se intentó buscar un actor más famoso para el personaje, pero nadie lograba conseguir encajar en el perfil y el tono de voz logrado por Dohrn en las pruebas, así que se llevó el gato al agua. Otras novedades de ésta entrega son la presencia de Craig Robinson y Jane Lynch, que dan voz a dos ogros con los que se encontrará el protagonista.

Sobre la versión en castellano, vuelve la pareja formada por Juan Antonio Muñoz (Shrek) y José Mota (Asno), además del propio Antonio Banderas representando su papel como Gato con botas (en una interpretación genial de su caracterización original). Es de agradecer, por otro lado, que ya en ésta entrega la adaptación del humor esté más limitada y que escuchemos menos chascarrillos innecesarios procedentes de televisión (algo de lo que se abusó mucho en las dos primeras entregas, sobre todo por el tirón de Cruz y Raya en aquel entonces).

LA PELÍCULA

Teniendo en cuenta lo floja que resultó ser la tercera entrega de la franquicia, que no dejó muy satisfechos a los fans del ogro, nos esperábamos un episodio final de bandera. Para complacer a seguidores fieles y también a la audiencia más joven, incluso a quienes no recuerdan los primeros episodios de la franquicia, Dreamworks ha optado por un argumento dotado de muchas referencias. Se ha tomado lo mejor de la saga y se ha combinado con un nuevo guión y un desarrollo un poco más original para ofrecernos un refrito donde destacan ideas y conceptos de éxito asegurado. Volver al pasado, aunque con un marco argumental distinto, es un recurso interesante y efectivo, pero también hay que reconocer que algunas de las escenas resultan predecibles y repetitivas.

Como episodio final funciona bien y deja a los personajes situados en un status quo del que ya no es necesario que les saquen. Las cosas han quedado bien y las dudas se han despejado, por lo que molestar al ogro y su familia en el futuro sería innecesario. Como película, ésta cuarta entrega funciona y divierte, pero no logra superar a los dos primeros episodios, sin duda los mejores. Por otro lado, Shrek, felices para siempre, plantea algunas dudas argumentales que dejaremos en el tintero para no ser más exigentes de lo necesario con una película animada que simplemente quiere complacer a un público de todas las edades.

CONCLUSIÓN

Shrek, felices para siempre resulta entretenida y se hace bastante corta. Pero más lejos de lo que pueda parecer, la franquicia Shrek se caracteriza por contar, siempre, con una duración de 93 minutos por película. Con la excepción del primer episodio, que sólo duró 90. Para alcanzar ésta cifra, como de costumbre, los animadores nos ofrecen un divertido epílogo musical y después unos créditos donde se resumirán las tres primeras películas. Al margen de todo ello y volviendo a centrarnos en el film, lo recomendamos sobre la tercera entrega, pero no por encima de las dos primeras, de las que, eso sí, ha tomado muchas ideas para su desarrollo. La incorporación de Rumpelstiltskin, sin duda alguna, es lo mejor de toda la película.

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