Entrevista: Abuelo Santa (Bill Nighy) / Arthur Christmas: Operación regalo

¿Quién es usted?

Soy el Abuelo Santa. El anterior Santa Claus, así que muéstrame un poco de respeto, jovencito.

Si no es indiscreción, ¿qué edad tiene?

Soy un joven de 136 años. Y sí, es una pregunta indiscreta. En mis tiempos un periodista habría sido arponeado por semejante descarado.

¿Cuál es su relación con Santa?

Soy su padre. ¿Qué es eso tan extraño que hay sobre la mesa?

Es un teléfono

¿Para qué necesitas un teléfono? ¿Crees que este vejestorio te va a dar con este bastón y vas a necesitar el teléfono para pedir ayuda? ¡Ja ja ja!!!!, no me mires con esa cara de miedo que no te voy a golpear con él!

Vale… sólo voy a usarlo para grabar la entrevista.

Tonterías sin sentido. Se parece a uno de los aparatos eléctricos que mi nieto, Steve, usaría para hacer que un elfo entre por el conducto de ventilación en lugar de bajar por la chimenea, que es lo adecuado.

Pero no mucha gente tiene chimenea hoy en día.

Pues deben tener las casas llenas de humo. Hubiera sido mejor que lo hubieran pensado antes de quitarlas.

¿Qué haría si las casas de los niños no tuvieran chimeneas?

No lo sé, yo ya no soy Santa. Hoy en día, señalan con un ordenador una casa en la interweb y entran por la gatera. ¿Dónde ha quedado la magia?

¿Desde cuándo fue usted Santa?

Desde 1873 a 1943. Lo hacía todo con ocho renos y un elfo borracho. No necesitaba a un trillón de elfos con gorros estridentes.

De acuerdo, pero según las estadísticas la población mundial se ha multiplicado por tres desde entonces!

Lo siento, no te oigo. Estoy un poco sordo. Lo que importa es que era capaz de hacerlo, pasara lo que pasara. Recuerdo una vez que una tribu del Amazonas me robó el trineo, tuve que entregar diez mil regalos sin trineo, sin renos y sin elfos, a pie y con una pierna rota… ¡O eran dos piernas rotas?

¡Dios mío! ¿Qué les pasó a los elfos?

Se pusieron a columpiarse en la jungla con una tropa de monos araña y nunca regresaron. Se convirtieron en indígenas. A los elfos les encantan los plátanos, me imagino que esa fue la razón.

He visto fotos de su viejo trineo. Era precioso.

¿Evie? Si, se llamaba igual que mi querida esposa. Eso sí que era una mujer. Podía estrangular un pavo y rellenarlo con un sólo movimiento. Recuerdo una vez que un elefante marino entró en el almacén de juguetes. Era un bendito animal enorme de treinta toneladas.

¿Treinta toneladas?

Probablemente cuarenta. O sesenta. En fin, lo destrozó todo, se comió los trenes de madera e hizo lo que quiso con el papel de envolver. ¡Qué alboroto! Evie entró allí, muy seria, con un rodillo de amasar y se remangó. Cinco minutos más tarde, el elefante marino salió con el rabo entre las piernas y vomitó todos los regalos. ¡Maravilloso!

¿Los elefantes marinos tienen rabo?

Pues serían aletas. ¿Estás intentando pillarme?

No, no, por favor, baje el bastón. ¿Cómo cree que su hijo Malcolm lo ha hecho cómo Santa Claus?

Bueno, el trabajo sale, pero es el Don Robot Roy Steve quien lo maneja todo. Todo se ha estropeado desde que Malcolm aceptó dejar de lado a los renos. Lo único bueno que ha hecho ha sido casarse con Margaret.

¿La Señora Santa?

Es una mujer inteligente, habla once idiomas y hacer una muy decente salsa de arándanos. Aunque no confiaría mucho en su destreza para echar a un elefante marino… Añoro a mi Evie…

¿Qué le pasó al viejo trineo?

Fue hecho leña hace décadas. ¡No me mires así, es verdad! No escondí mi viejo trineo abajo en el antiguo pajar en el nivel B7 obedeciendo a un plan secreto para salir un día a escondidas y demostrar que aún soy el mejor Santa. ¡Qué idea más ridícula, me ofende!

Feliz Navidad, Abuelo Santa.

Lo mismo te digo. ¡Auch!, tu teléfono grabador está pitando, y hace que zumben mis audífonos! Tanta tecnología! ¿Qué fue de las trompetillas para oír mejor o de dar un pequeño grito? En mis tiempos, todo era mejor.

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