NOTA: 









La carrera del pobre Eddie Murphy va de un lado para otro y tras Un golpe de altura pensamos que las cosas le irían mejor, al menos por el éxito que cosechó en la mencionada comedia. Pero su película de 2012, que en realidad se rodó en 2008, no ha recibido un paso exitoso por la taquilla. En realidad, ha sido un sonoro batacazo en cuanto a crítica y recaudación. En los Estados Unidos logró poco más de 18 millones de dólares y sumando sus estrenos internacionales sólo ha conseguido llegar a 20 millones. Si tenemos en cuenta que el coste de la producción fue 40 millones de dólares, queda un resultado negativo que difícilmente ayudará a la carrera del famoso cómico.
ARGUMENTO
Jack McCall es un agente literario que está totalmente inmerso en su carrera, no dedicando la atención que debe a su familia. Su última propuesta, conseguir fichar a un gurú New Age que podría vender millones de libros, le lleva a que se encuentre con un momento clave en su vida: la aparición de un misterioso árbol en el jardín de su casa. Jack llega a darse cuenta de una extraña particularidad: cada vez que habla una palabra, una hoja del árbol se cae, y lo que le ocurre al árbol, él mismo lo siente. Poco a poco tendrá que replantearse las cosas e intentar encontrar una manera de luchar contra la maldición que parece haber caído sobre él sin saber el motivo de ello.
REPARTO
Cuando hablamos de una película de Eddie Murphy actual es habitual que hablemos de un actor único y principal rodeado de secundarios. El propio Eddie Murphy eclipsa a todos sus coprotagonistas en Mil palabras, tengan estos más o menos carisma o mayor o menor importancia en la historia. El actor sigue a lo suyo, con desparpajo, muchísimo humor gesticular y sus habituales costumbres interpretativas que encantan a todos sus seguidores. El problema, en cierto modo, es que el propio argumento de la película limita una de las principales virtudes del actor: la voz y su humor vocal. Eddie Murphy sin voz también es gracioso, pero no llega a superar al Eddie Murphy con voz al que estamos acostumbrados, dicharachero y locuaz. El actor, no obstante, lo intenta, gesticulando muchísimo (las escenas en Starbucks son bastante recordables) y haciendo todo lo que puede con su cara, sus manos y su cuerpo para que la ausencia de voz no sea un impedimento para hacer reír al público.
Al lado de Murphy está el actor Clark Duke, que interpreta al asistente del personaje principal, un chico bastante soso que se deja llevar por las ideas de su jefe. Este actor está, poco a poco,
labrándose un hueco en el género de la comedia, con apariciones en Jacuzzi al pasado o Kick-Ass, pero le falta mucho carisma. No consigue dar réplica a Murphy como lo harían cómicos más característicos del género, pero lo mismo se puede decir de Cliff Curtis, a quien vemos como el doctor Sinja. Kerry Washington es la encargada de caracterizar a la esposa del personaje de Murphy, sin apenas profundidad ni nada a remarcar, mientras que el francés Alain Chabat tiene una leve aparición en pantalla.
LA PELÍCULA
Mil palabras es una comedia dramática que funciona como una extraña producción para Eddie Murphy por muy diversas razones. La historia tiene un punto de originalidad, siendo obvio que el concepto por el cual el personaje principal se presenta ante el público es cuanto menos curioso. La forma en la que se desarrolla la película no es tan original, cayendo en lo predecible, y recurriendo al drama para dosificar la comedia con algunas escenas que intentan aportar un toque entrañable a la fórmula. El dramatismo no alcanza los tintes de tensión a los que llegó Adam Sandler con Click, un instrumento cómico-trágico con el que comparte algunos elementos, pero tampoco termina por
provocar que nos estiremos de los pelos. El film peca de tener unos malos personajes secundarios y un guión que ha confiado demasiado en que Eddie Murphy sea igual de divertido sin hablar que como haciéndolo. Los productores se han llenado de optimismo al imaginar que el cómico podría superarse así mismo, y es que si Murphy fuera tan gracioso sin hablar, posiblemente se ahorraría sus ácidos y característicos monólogos. Dicho esto, no es culpa de Murphy, que hace lo que puede, sino del guión, que juega con un concepto complicado pero no invierte los recursos argumentales necesarios como para cumplir con las expectativas.
La crítica norteamericana ha sido terrorífica con el film, de eso no hay duda, dado que no es tan horripilante como se intenta hacer creer al público, pero está claro que Mil palabras sufre más de un defecto. Los seguidores de Eddie Murphy tienen una buena ocasión para volverle a ver en pantalla, pero más allá de ello no hay mucho de donde rascar.
CONCLUSIÓN
Como comedia trágica resulta divertida y hay que reconocer que hay algunas escenas en las
que Eddie Murphy consigue despertar alguna carcajada entre los espectadores. Pero es un concepto cuanto menos complicado de plasmar en la gran pantalla. A Eddie Murphy no se le puede quitar la voz tan fácilmente, no hay que darle muchas vueltas a la idea, es imposible que termine resultando exitosa. Más cuando sus coprotagonistas no dan pie a divertidos diálogos, no tienen carisma y no desarrollan un papel relevante en la historia. El aspecto dramático está ahí, condicionado a un personaje que no toma decisiones coherentes con su condición, que no plasma bien lo que debería pasar por su cabeza y que no sabe mantener el tipo ante la presión de la situación en la que se encuentra. El final, acelerado, con flashbacks de fantasía que intentan rellenar huecos, sólo sirve para que el guión haga las paces con un público que se ha podido desesperar a lo largo del film. Su reducida taquilla ha llevado a que la película termine lanzándose en las plataformas digitales de manera directa y ni ahí parece haberse convertido en un éxito. Al menos esperamos que la publicidad contratada por Starbucks, una de las más directas desde hace muchas películas, haya generado suficientes ingresos como para al menos pagar el sueldo del actor protagonista.


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