El enigma del cuervo

NOTA: ★★★★★☆☆☆☆☆

La tumba de Annabelle Lee junto al mar ruidoso, la visita de un cuervo llamado “Nunca Más” en una taciturna medianoche. El cine tiene sus limitaciones, la poesía de Edgar Allan Poe crea imágenes en la mente del lector difícilmente trasladables a las sensaciones que crean 24 fotogramas por segundo en el espectador. Su prosa tampoco se queda atrás: el cocinero negro decapitando marineros sin piedad ante los ojos de Arturo Gordon Pym sólo tiene cabida en una película gore. Oficialmente ha sido Roger Corman su más exitoso y prolífico adaptador, tal vez porque el maestro de la serie B posee también su propio universo y Poe le sirve de argumentista ideal. Conociendo pues la dificultad de presentar algo coherente con sus obras, los responsables de El enigma del cuervo convierten al escritor en protagonista de un relato detectivesco cuyo resultado sólo puede ser un pastiche entre la comedia y el terror, sin que ello en un principio deba mermar la calidad del resultado.

ARGUMENTO

Un misterio envuelve los últimos días de Edgar Allan Poe. El brillante autor fue encontrado delirando en un parque, invocando nombres de personajes de sus escritos. La historia aún no ha aclarado si se trató de un suicidio, un envenenamiento, su frágil salud o el abuso de alucinógenos. Lo que sí se sabe es que ya por aquél entonces su obra contaba con numerosos admiradores. Alguno muy acérrimo que quiso ver con sus propios ojos la fantasía de muerte y terror que hasta entonces sólo era imaginación.

REPARTO

La carrera de John Cusack anda sobrada de títulos memorables en los que daba el pego como adolescente con problemas y luego como treintañero neurótico. Cusack alcanzó su particular cumbre con Alta fidelidad, despotricando directamente a cámara sobre lo nocivo que es el amor y la música pop que ha inspirado. A partir de ahí no ha parado de repetir los mismos ticks, sobrepasando los 40 mientras sus personajes se han quedado en otra edad lo exija o no el guión. Su recreación de Edgar Allan Poe quiere ser como el Johnny Depp burtoniano en una película a la que le gustaría ser Sleepy Hollow. Brendan Gleeson secunda con su esperada solvencia y Luke Evans dota a su detective de cierta rudeza. Mientras que Alice Eve logra que la situación en la que se ve envuelta sea lo más interesante de la función. Situación por otro lado recreada recientemente y con mayores dosis de angustia en Kill Bill 2 y Buried.

LA PELÍCULA

No hace falta remitirse a Corman, porque cine tan libre y económico como el suyo no puede hacerse a día de hoy. Pero ya hemos nombrado el cine de Tim Burton y podríamos incluir -gusten o no- productos como Vidocq o Desde el infierno (aún más discutible por tratarse de un cómic y contar con una legión de fanáticos tras de sí). Películas que en su efectismo gótico rememoran en cierta manera, o al menos lo intentan, el espíritu tenebroso de Poe.

Era previsible que cuando James McTeigue, realizador de este El enigma del cuervo, llevara a la pantalla la novela gráfica de Allan Moore V de Vendetta recibiese tantos palos como palmas. Pero en aquélla ocasión el brillante diseño de producción ocultaba en parte lo que aquí no funciona. Y es que de nuevo McTeigue se limita a cumplir con profesionalidad, limitando su supuesta autoría a planos picados y contrapicados, ocasionalmente sugerentes pero insuficientes para dotar a la película de estilo propio.

El protagonismo de Poe resulta una mera excusa para recitar de vez en cuando sus versos y jugar con algún que otro detalle histórico. Aún así, si obviamos las expectativas que pueda crear su figura nos encontramos un thriller de época que tampoco levanta demasiado el vuelo. El asesino -cuya figura apenas entrevista recuerda tanto al antihéroe de V de Vendetta como al psicokiller de Mil gritos tiene la noche- tiene escasa entidad, la secuencia inspirada en El péndulo y el pozo no pasa de ser un grand guignol vistoso pero indoloro y, únicamente, el tramo desarrollado en el cementerio tiene cierta atmósfera.

CONCLUSIÓN

Un alma atormentada como la de Egard Allan Poe pedía una película igual de siniestra. Era de prever que sólo un genio del cine -como lo fue (y es) a su manera Roger Corman, como es hoy (todavía) Tim Burton- podía acercarse a su obra sin caer en el ridículo. Las ambiciones de El enigma del cuervo son de entrada mucho más modestas: pasar una tarde de domingo. Pero hasta para eso se requiere un mínimo de alma, algo que McTeigue es incapaz de imprimir a las imágenes, que no son mortecinas en el sentido poético de la palabra, sino más bien en su sentido rutinario y previsible. En definitiva, citando El cuervo original: “el viento y nada más”.

Sobre El Autor

Redactor

Marcado por los 80, aquella época mitificada por tantos cinéfilos que hoy vamos de listillos en la que sólo había dos canales de tele y sospechábamos que la peli buena era la que tenía dos rombos porque nos mandaban a la cama. A falta de redes sociales, y siendo pésimo jugador de fútbol-plaza, me refugiaba en sesiones de tarde dobles que proyectaban, en inmensas pantallas que aparecían tras una doble cortina, espectáculos en celuloide rayado. No era de los que rebobinaban las cintas VHS antes de devolverla al videoclub, porque yo tenía un video 2000 y cuando aprendí a manejarlo ya no se alquilaban estrenos para dicho sistema. Y, a diferencia del grueso de chavales ochenteros que querían ser cineastas, mi modelo no era Spielberg. Soy de otra mayoría, la que prefería a Clint Eastwood porque no entendía la moraleja de sus películas y así me parecían más interesantes.

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