Sexo en Nueva York PosterSexo en Nueva York no es una serie perfecta, ni siquiera una gran serie a pesar del bombo, pero se convirtió en un inmortal símbolo de la cultura pop. Surgido bajo el revuelo del libro homónimo de Candace Bushnell (una recopilación de relatos escritos en el periódico acerca de las crónicas de la vida sexual de la sociedad, bajo la óptica de Bushnell y sus amistades), la comedia rápidamente cobró vuelo artístico propio, superando la fama de su autora de origen para ser una franquicia en poder de cuatro chicas protagonistas. Ya ha pasado tiempo desde su conclusión, pero todavía el fenómeno no murió, ni morirá: hasta se planea un tercer film acerca de la serie, la que cuenta con su nicho de leales seguidores.

ARGUMENTO

Es una serie procedimental con componentes serializados. Se centra en cuatro chicas solteras y amigas de entre cuarenta años (Charlotte, Miranda, Carrie y Samantha), con sus respectivas profesiones y vidas (Carrie es quien cuenta la historia de cada episodio con una voz en off, como si estuviera narrando la escritura de su artículo, ya que trabaja de redactora en una columna del periódico), y que solas o reunidas a diario hablan, debaten y exploran su propia vida sexual y los tabúes de la sociedad con respecto al papel de la mujer y el sexo.

REPARTO

Es muy variado. Desde cameos (Vince Vaughn, Matthew McConaughey, etc.), hasta personajes secundarios recurrentes (Willie Garson) o secundarios fijos (Chris Noth). Pero los personajes principales son: Sarah Jessica Parker (Carrie Bradshaw), Kim Cattrall (Samantha Jones), Cynthia Nixon (Miranda Hobbes) y Kristin Davis (Charlotte York Goldenblatt). Todos actúan bien, Big es simpático, pero en cuanto a las chicas el rendimiento de Kim puede ser a veces un maniqueo (tal vez a propósito, ella es la gatita de las cuatro), Kristin Davis es la más fácil de no identificarse mucho, ya que es la “victoriana”, Sarah Jessica actúa bien pero ciertas expresiones (por ejemplo cuando levanta una ceja o frunce un labio) son apenas correctas. Es Cynthia Nixon la más completa en su rendimiento dramático y de interpretación general, además de que su personalidad comparte características de las tres anteriores (pretende un romance monógamo como Carrie, a veces solo sexo como Samantha, y cierto sentido de burocracia, elegancia en su conducta, amor a su profesión y respeto en la vena de Charlotte, incluso tiene un corte de pelo en las primeras temporadas muy varonil para una mujer).

LA SERIE

Para dar un análisis acabado a la serie, debemos dividirnos en tres puntos: moral y ética, franquicia, y serie. Hablemos de moral y ética: ¿Cuántas veces han atacado a Sexo en Nueva York por ser frívola, discriminativa, promiscua o irresponsable, entre tantas cosas? En verdad la serie puede contener estos trazos (y a veces caer en el mal gusto, como Samantha estando con dos hombres a la vez o Miranda accidentalmente siendo eyaculada en su rostro), pero no necesariamente significa que sea un ataque a la moral. Sexo en Nueva York podría considerarse primeramente, basándonos en el año en que se estrenó, una comedia acerca de los tabúes sexuales de la sociedad en pleno auge de la psicosis del sida, donde las mujeres ya no eran tan promiscuas y deben cuidarse. En ese caso es un canto contrario, un himno que deben enarbolar.

Pero aún si no es convincente este punto de vista, Sexo en Nueva York podría entonces ser un espejo urbano de la vida social en Nueva York de esa década. El problema del moralismo es más persistente porque la serie lleva el nombre “Sexo” y se hace demasiado hincapié en esa materia (que es la raison d’etre de la producción), pero en profundidad la sitcom es más un reflejo de las urbanitas, de las personalidades maduras y sofisticadas de la ciudad. Aquí la serie no trata con menores de edad, sino que cada una de ellas hablan sobre cosas que están a su alcance, por lo cual pueden catalogarse de personas sinceras: ellas simplemente saben de la vida, o adquirieron experiencia. Su frivolidad, los estereotipos de la moda o la homosexualidad, su incesante sexualidad son meramente accesorios para un propósito mayor, y que tiene que ver con el rol social del sexo, el feminismo y distintos temas.

Una vez apartado el moralismo (cada crítica es subjetiva, pero atacarla por valores éticos es un tanto risible), pasemos al apartado de franquicia. Es ahí donde Sexo en Nueva York recibe altas aclamaciones. El furor de esta solo puede ser respondido teóricamente con el valor de la marca: la sitcom no solo se permite tener a cuatro protagonistas carismáticas (capaces de burlarse de su propio juego a la misma vez que entran en ello) y un vasto elenco a la par (Big, Steve son iguales de simpáticos y carismáticos que las chicas), sino que, y esto no ha sido captado por todos, es una serie que define muy bien su tiempo y espacio, al menos durante las primeras dos temporadas. No únicamente la psicosis del sida que hemos mencionado, sino también la polaridad de Nueva York que siempre existió pero es más destacado de los 90: durante el día es la ciudad de la burocracia, de la clase media-alta y la profesión, el jazz, pero por la noche se convierte en un reducto donde la moda, el alcohol, el sexo, las fiestas o discotecas, los pequeños vicios o la música son la fuerza conductora de esas horas. Es propio de la administración Clinton que inculcó esos valores liberales, así como también la sensación de madurez, mesura y sobriedad, la generación post-yuppie.

Esa es una de las razones por lo cual no funcionó para los fans Sexo en Nueva York 2. Independientemente de las críticas devastadoras en Estados Unidos (bastantes moralistas por cierto; ¿Por qué El gato no recibió tantas exigencias siendo una película más adulta que su clasificación para niños?), o si es buena o mala, lo cierto es que la franquicia tiene raíces netamente norteamericanas y neoyorkinas, por lo que a trasladarlas a otro país pierden su identidad. Sexo en Nueva York 2 es más un paseo entre amigas cualesquiera, y no tanto Sexo en Nueva York.

Pero donde Sexo en Nueva York tambalea es en la valoración estricta de la serie. Las primeras dos temporadas sin dudas son muy buenas o excelentes, pero las restantes pueden ser calificadas de mediocridades entretenidas: a medida que transcurre, el show empezaba a serializarse, cada una de las protagonistas emprendían sus propias vidas apartes (Charlotte se casaba, Miranda tenía un hijo, Carrie mantenía una relación a largo plazo con otros hombres que no fuesen Big), las reflexiones o debates menguaron y se generaba demasiado relleno poco interesante (por ejemplo todo el primer casamiento de Charlotte termina siendo fútil en vista de su divorcio).

Todavía es posible diferenciar las dos temporales iniciales mediante el estilo narrativo que se perdería en las siguientes, sea testimonios de reportaje (en las investigaciones de Carrie sobre sus artículos), la música de fondo, planos no tan cercanos, divisiones de pantalla, fundidos escuetos y los comentarios ridículamente lanzados a la cámara que le daban un acabado más formal y burocrático, lo cual encajaba con la esencia original de la franquicia.

Y dado que las protagonistas estaban ocupadas con excepción de Samantha, esta comenzaba a perder justificación de sus jugueteos sexuales. En las primeras dos temporadas el sexo poseía un propósito de debatir sobre un tema destacado (relacionado con el sexo), pero después no siempre Samantha estaba justificada, empezando a parecer grosera y gratuito sus desmanes. Por dar un ejemplo, el lesbianismo de ella con la actriz Sônia Braga, del cual se extiende un par de capítulos, es una completa idiotez. En cuanto al amorío de Big y Carrie, es muy estirado, lo cual es molesto ya que han trazado un enorme laberinto para que la salida sea la que todos sabíamos desde el primer episodio (que Carrie se quedará con Big), además hacen que Big se comporte de manera narcisista para estirar la serie (por ejemplo, él se casa con una modelo de la cual se divorcia también, y juega con los sentimientos de Carrie siempre).

CONCLUSIÓN

Sexo en Nueva York tiene un par de temporadas brillantes, unos capítulos aislados excelentes, y el resto es entretenido pero con el nivel irregular de una telenovela convencional. La serie funciona mucho mejor tomándola de franquicia, la cual consigue un cuerpo de trabajo que define su tiempo y raíces mientras lo trasciende.

Sexo en Nueva York
4.5Nota Final
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Sobre El Autor

Crítico frustrado de música. Odio a los críticos de cine. No soy recomendador de películas. Muy joven para elegir una carrera, pero probablemente me decida entre periodismo, programador, publicista o psicólogo. No uso gafas.

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