10.000 km

Alexandra (Natalia Tena) y Sergi (David Verdaguer) viven en un modesto apartamento de Barcelona. Su vida no es perfecta pero son felices juntos pese a la crisis que hay ahí afuera. Se preparan para ser padres después de 7 años de relación. Un inesperado mail llega al correo de Alexandra. Un trabajo como fotógrafa en Los Ángeles, un lugar en el que aún está a tiempo de rescatar sus aparcadas cualidades artísticas. Sergi está preparando unas oposiciones, no puede abandonar Barcelona, tal vez en otro momento, sabe que tampoco tiene ningún derecho a controlar a su novia. Por suerte viven en el Tercer Milenio, cuentan con sus ordenadores portátiles, el océano que les separará puede hacerse mucho más pequeño. Al fin y al cabo lo único que no pueden hacer es tocarse…

¡¡AVISO!!

A continuación se incluye el resumen del final de esta película. Si no quieres leerlo no sigas bajando.

Una noche llaman a la puerta del apartamento de Alexandra. Sergi está ahí, cuando ya parecía que no habría futuro a su relación. No se atreven a besarse, hablan entre ellos con miedo, algo se ha roto mientras han estado separados. Una idea surge espontánea entre ambos. Hacen el amor, lloran durante el coito, sospechando que será el último. Después cada uno en una esquina del sofá, cercanos físicamente, a 10.000 km de distancia emocional.

Sobre El Autor

Redactor

Marcado por los 80, aquella época mitificada por tantos cinéfilos que hoy vamos de listillos en la que sólo había dos canales de tele y sospechábamos que la peli buena era la que tenía dos rombos porque nos mandaban a la cama. A falta de redes sociales, y siendo pésimo jugador de fútbol-plaza, me refugiaba en sesiones de tarde dobles que proyectaban, en inmensas pantallas que aparecían tras una doble cortina, espectáculos en celuloide rayado. No era de los que rebobinaban las cintas VHS antes de devolverla al videoclub, porque yo tenía un video 2000 y cuando aprendí a manejarlo ya no se alquilaban estrenos para dicho sistema. Y, a diferencia del grueso de chavales ochenteros que querían ser cineastas, mi modelo no era Spielberg. Soy de otra mayoría, la que prefería a Clint Eastwood porque no entendía la moraleja de sus películas y así me parecían más interesantes.

Artículos Relacionados