Desde el estreno de su primer y único cortometraje como director en el año 1989 hasta la actualidad, han pasado nada más y nada menos que 25 años. Durante este periodo, el curtido guionista anglo-iraní Hossein Amini, se ha especializado trabajando como escriba en la adaptación de novelas de grandes autores, como Henry James o Elmor Leonard, para películas de heterogénea naturaleza temática y estilística. Con este bagaje previo, y tras el espaldarazo definitivo a su carrera que supuso la brillante adaptación que realizó de la novela Drive de James Ellis, no resulta extraño que haya decidido valerse, de nuevo, de una obra ajena para convertirla en el guion de su primer largometraje tras las cámaras.

Esta vez, toma prestada la novela Las dos caras de enero, de la reconocida y multi-adaptada escritora Patricia Highsmith, para perpetrar una película de suspense, con reminiscencias hitchcockianas y del primer Polanski, que se desarrolla en torno a un fatídico triángulo amoroso enmarcado dentro de la idílica capital griega, situada en pleno corazón del mar mediterráneo.

Un acontecimiento inesperado

Rydal, un joven norteamericano residente en Atenas, se gana la vida como guía turístico y, ocasionalmente, se aprovecha de los visitantes de la capital helena para conseguir un dinero extra. Coincidiendo con la muerte de su padre, le llama la atención la llegada de un hombre distinguido, Chester Macfarland, y de su joven esposa, Colette, el cual le recuerda casualmente a su padre. Un hecho fortuito provocará que Rydal se vea inmerso en un asesinato cometido por Chester, al que tendrá que ayudar a escapar del país al mismo tiempo que se enamora de su joven esposa.

Cine noir, mitología griega y relaciones paterno-filiales

Antes de que Teseo pusiese rumbo hacia la Isla de Creta, su padre, Egeo, le hizo prometer que si volvía a casa con vida se encargaría de cambiar las velas negras con las que partía su embarcación por velas de color blanco, en señal de que regresaba sano y salvo. En su camino de vuelta, después de haber vencido al minotauro, Teseo no recordó la promesa que había hecho a su padre y se olvidó de cambiar las velas negras. Lo que provocó que, al divisarlas en la lejanía, Egeo creyese que su hijo había muerto, haciéndole tomar la decisión de suicidarse lanzándose al mar que, desde este momento, sería bautizado con su nombre.

Con esta historia, puesta en boca del personaje de Rydal que ilustra de viva voz a una audiencia de turistas que aguardan para visitar el Partenón, da comienzo la película. La cita no es gratuita, ya que tanto las referencias mitológicas como las relaciones paterno-filiales juegan un papel importante durante todo el film. De hecho, la coincidencia del fallecimiento del padre del protagonista con la llegada a la isla de un hombre misterioso, acompañado de su joven pareja, cuyo parecido físico le recuerda al de su progenitor, supone el detonante que hace arrancar la trama y provocará que el personaje de Rydal se vea inmiscuido en medio de un asesinato de manera fortuita.

Destaca el minimalismo de recursos que Amini emplea para estructurar la trama y la manera en que utiliza, y recoge, todos los datos que ha ido sembrando en la primera parte del guion. Un ejemplo claro de esto guarda relación con lo dicho anteriormente, la importancia que otorga en la trama al parecido físico del personaje de Viggo Mortensen con el padre del protagonista, recientemente fallecido, y que desempeña un papel fundamental para la resolución de algunos conflictos externos, especialmente en la secuencia del embarque de avión, e internos a los que se debe de enfrentar el personaje de Rydal durante la historia. Por lo demás, personajes ambiguos, buenos diálogos, aunque sin alardes, paralelismos constantes a la historia de Teseo y suspense bien llevado. Todas estas virtudes relativas a la narración de la historia, teniendo en cuenta los antecedentes del autor, podemos afirmar que entraban dentro del guion, nunca mejor dicho.

Sin embargo, es en el apartado formal donde el debutante en la dirección, Hosein Amini, sorprende gratamente. Optando por una puesta en escena con aroma a cine clásico, Amini, bascula entre el uso de primeros planos y cámara fija, para las secuencias en las que prioriza el diálogo, con el empleo de una nerviosa cámara en mano cuando prima la tensión a través de la acción física. Para las secuencias que tienen lugar durante el día, el guionista de Drive, aprovechándose de la calidez que le aporta el entorno heleno, se vale de una fotografía de tonos luminosos, que recuerda a la empleada por Polanski en Chinatown, en contraposición con la fotografía contrastada, de tonos sombríos, presente en las secuencias que se desarrollan durante la noche. En ellas, Marcel Zyskind, el director de fotografía, hace uso del claroscuro evidenciando, de forma deliberada, el principal referente estilístico de la cinta, deudora de los clásicos del cine Noir.

Otro de los aciertos del autor es el casting de actores que ha seleccionado para dar vida al triángulo protagónico interpretados por Viggo Mortensen, en el papel de un corredor de bolsa de pasado oscuro, la ganadora del globo de oro Kirsten Dunst, eje de la discordia entre los dos hombres, y el sobresaliente Oscar Isaac que brilla con luz propia en su papel como el descuidero guía turístico Rydal. Sin duda, a tenor de lo visto en la película y después de su deslumbrante interpretación en A propósito de Llewyn Davies, la última obra maestra de los Coen, podemos augurar que éstos no van a ser los únicos directores de renombre que en un futuro próximo querrán contar con el talentoso Isaac entre sus filas.

Las reminiscencias hitchcockianas de la cinta, a las que hacíamos referencia al principio de la crítica, no se limitan al ámbito de la trama, sino que también se aprecian en la banda sonora creada por el español Alberto Iglesias, que compone una partitura que recuerda, en el empleo que hace de los instrumentos de cuerda, a las emblemáticas composiciones que Bernard Hermann hiciera para el célebre realizador inglés.

Las dos caras… se compensan

Por todo lo expresado anteriormente, y una vez desgranados los entresijos del largometraje, permitídnos concluir con una analogía que vendría a señalar que, sin llegar a ser un Adonis, enero ostenta dos caras de rasgos suficientemente atractivos como para recomendarles el visionado del primer largometraje al frente de la dirección del guionista de Drive. Merece la pena.

Las dos caras de enero
En Las dos caras de enero el director debutante Hossein Amini ofrece a los espectadores una película que merece la pena ver.
Guion6.5
Reparto6.5
Dirección6.2
Lo mejor
  • El aroma a film noir
  • Personajes multidimensionales
  • La secuencia en el templo del minotauro
Lo peor
  • Que cada vez se apueste menos por este tipo de cine
  • Un tanto fría a nivel emocional
  • Aunque el desarrollo de la trama es correcto y coherente, se echa de menos algún giro de guion
6.5Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
6.4

Sobre El Autor

Redactor

Diplomado en Relaciones Laborales. Licenciado en Comunicación Audiovisual. Realicé el máster de “Guión de Ficción de Cine y TV” de la Universidad Pontificia de Salamanca. Entre principios del año 2009 y finales del 2011 he asistido a diversos cursos del Centro Galego de Artes da Imaxe como “El Cine de Jean Luc Godard” impartido por el director y profesor de Cine Paulino Viota; “El Cine de Alfred Hitchcock” impartido por el doctor en Historia de Cine José Luis Castro de Paz y “El cine de Luis Buñuel” impartido por Julio Pérez Perucha presidente de la Asociación Española de Historiadores de Cine, entre otros.

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