Una cosa está clara: nada ni nadie podrá superar nunca la impactante escena final en que Charlton Heston descubre, a la vez que el espectador, aquella horrible estampa; pocas imágenes existen en la historia del cine más espeluznantes que la terrible visión de una Estatua de la Libertad semienterrada, símbolo de la caída de toda una raza, la humana, bajo la supremacía de los simios.

Sobre los remakes, relecturas, reinterpretaciones y revisitaciones

Partiendo de esta base, han sido unas ocho las secuelas, precuelas, remakes y series de televisión que, de una u otra manera, han reinterpretado con más o menos acierto la novela del francés Pierre Boulle. Olvidemos las segundas partes y obviemos el fracasado remake de Tim Burton, al que llovieron críticas nefastas a pesar de que era un correcto (y, a diferencia de la nueva saga, inocente) producto de entretenimiento. El principal problema es que se trataba de un “simple” remake y, por tanto, era probablemente innecesaria, como lo son todos los remakes por principio, sobre todo cuando una película es memorable, como lo era y seguirá siendo El planeta de los simios del 68: sencillamente inmejorable. Lo cierto es que pocas reinterpretaciones merecen ser dignas de mención, aunque relecturas como la de Infernal Affairs en el Infiltrados de Scorsese sean realmente interesantes. Tim Burton cargaba en el 2001 con la difícil misión de pretender sustituir a Charlton Heston por Mark Wahlberg en el imaginario colectivo e impactarnos con una escena final muy difícil no ya de superar, sino simplemente de igualar. Hay que decir a su favor que los simios aún eran “reales”, creados por ese grande de los efectos de maquillaje que es Rick Baker, lo que aportaba ese punto kitsch y artesanal que algunos tanto echamos de menos en el cine actual.

Qué esperar después de El origen del planeta de los simios

En fin, de entre todos los remakes, secuelas y precuelas, se podría decir que la única que merece atención es El origen del planeta de los simios, ese sleeper que hace tres años sorprendía a propios y extraños. Así las cosas, nos asombraban con la historia que tenía que contar precisamente eso: el origen del planeta de los simios. ¿Qué ocurrió para que los monos llegaran a tomar el mando de la humanidad? Tras las buenas críticas, algunos aún fuimos a verla con cierta desconfianza: ¿una precuela de El planeta de los simios? ¿Hace falta, otra vez? Pero la verdad es que cumplía las expectativas, convirtiéndose no solo en un entretenido blockbuster, sino en una película con un guión sólido, interesante, una historia nueva y original, que realmente planteaba cuestiones y presentaba respuestas al por qué de la supremacía de los monos unos años más tarde.

El amanecer del planeta de los simios ha recibido aún mejores críticas que su predecesora, pero al fin y al cabo no es tan sorprendente ni innovadora como ésta. Quizás las expectativas y el listón estaban muy altos, y esperábamos algo más, algo realmente nuevo. El final de El amanecer… es tramposo, pues deja con la sensación de película inacabada, esperando a la siguiente secuela.

Lo que es indiscutible es que los efectos especiales (aunque no esperéis grandes escenas de acción ni explosiones), los gráficos y la fotografía son impresionantes, pero más por el realismo y naturalismo conseguidos que por “espectaculares”. La historia se sitúa diez años después de El origen del planeta de los simios, en una ciudad ya devastada y post apocalíptica, donde la selva ha ganado terreno y la naturaleza se ha comido los edificios. La textura de los simios es simplemente perfecta, de un realismo que asusta, por no hablar de sus expresiones. En cuanto a Andy Serkis, que interpreta de nuevo al simio protagonista y líder de la manada, César, huelga decir que merece todos los respetos, premios y alabanzas desde su Gollum de El señor de los anillos. El CGI (Computer-Generated Imagery) y la captura de movimiento han mejorado mucho en los últimos años, pero algunos seguimos con atención la carrera de Serkis desde entonces y ya recibíamos entusiasmados su cameo en carne y hueso como el hobbit Smeagol antes de convertirse en Gollum, pues en su trabajo ya se podía vislumbrar un talento inigualable.

El trabajo de Serkis, ya sea como Gollum, King Kong o César, es absolutamente impecable y siempre digno de admiración, en ocasiones mucho más creíble que el de muchos actores “de carne y hueso” (Andy Serkis también es de carne y hueso, por supuesto, pero no solemos verlo). El trabajo de los actores que interpretan a los simios es más difícil y tiene bastante más mérito que el de muchos actores “reales”: de hecho, deben poner el mismo o más esfuerzo interpretando sus emociones, mostrando sus expresiones y actuando como simios, pero nadie va a verlos, por lo que mucha gente ni siquiera pensará que detrás de esos monos creados por ordenador hay personas de verdad. Toby Kebbell, que interpreta al aterrador Koba (brindándonos algunos de los mejores momentos de la película), es sin duda todo un descubrimiento.

Pero parece que lo que El amanecer del planeta de los simios ha ganado respecto a su predecesora en espectaculares efectos visuales lo ha perdido en un guión más lineal, personajes humanos planos y situaciones predecibles. Situándose diez años después de El origen…, nos quedamos con ganas de saber qué pasó con los personajes de James Franco y Freida Pinto, sensación potenciada quizás por la falta de carisma, profundidad e interés que generan aquí los protagonistas humanos.

Los simios ganan la batalla

Basándose en la particular y personal opinión que un guión cinematográfico escrito a más de cuatro manos (dos suelen ser más que suficientes) nunca suele funcionar, la historia de El amanecer del planeta de los simios no acaba de convencer. Matt Reeves, director de la muy interesante Monstruoso, presenta una película mucho más oscura que El origen del planeta de los simios, bien dirigida, pero con un guión en el que los puntos de giro parece que nunca llegan y los clímax no lo son tanto, pues son bastante previsibles.

Las relaciones entre los personajes humanos se quedan bastante en el aire, convirtiéndolos en secundarios que, la verdad, poco nos importan y con los que poco empatizamos. En ocasiones pretenden ponerse tan sentimentales y profundos que la situación es tan forzada que ofende, y escenas como la del iPad de Gary Oldman provocan más risas que nostalgia.

El amanecer del planeta de los simios propone reflexiones interesantes, por supuesto, como que los humanos temen que los simios no necesiten la energía, la electricidad ni la luz para ser poderosos. Koba, como dicen en el film, de los humanos aprendió el odio, pues “simio no mata simio”, pero humano sí mata humano. Koba es el más humano de los simios, pues solo nosotros matamos a los de nuestra propia especie sin ninguna razón.

En una crítica poco disimulada hacia el racismo, tampoco convence que los simios (el “extranjero”) se empeñen en quedar como los malos de la película: “Los simios empezaron esta guerra”, sentencia César, pero no lo hicieron, es un humano el primero que mata a un simio al principio del film, y al fin y al cabo fueron los humanos los que crearon ese virus.

Con su crítica poco enmascarada de la sociedad actual, el film nos advierte que quizás deberíamos volver un poco a los orígenes, olvidándonos de toda esa tecnología de la que a veces tanto dependemos. ¿Qué pasaría si mañana nos quedáramos sin electricidad, teléfonos, coches y ordenadores? No somos nada, solo seres insignificantes a merced de la energía. Sin duda, en una batalla contra la naturaleza, la naturaleza, siempre tan sabia, nos aplastaría.

Puede que lo que ocurra con El amanecer del planeta de los simios es que, como la saga Batman de Christopher Nolan, se pone demasiado profunda y oscura. No hay nada malo en la profundidad, pero en productos de entretenimiento como es el caso, es muy difícil encontrar el equilibrio, y simplemente debemos ir al cine sabiendo qué esperar.

El amanecer del planeta de los simios
Un film más oscuro y profundo que El origen del planeta de los simios, con unos enormes efectos visuales pero personajes más planos y una historia más predecible y lineal.
Guion6
Reparto7.5
Dirección8
Lo mejor
  • Koba, especialmente la escena en que pasa de hacer “monadas” a convertirse en un sanguinario asesino
  • Andy Serkis, siempre
  • Los espectaculares efectos visuales y el realismo conseguido con los simios
Lo peor
  • Un guion sin muchas sorpresas, a ratos previsible, demasiado obviamente moralista y sin grandes clímax
  • El poco interés que generan los personajes humanos
  • Sobra metraje
7Nota Final
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