Opinión: 2046

2046 Cartel2046 empieza donde acaba Deseando amar: un agujero donde guardar los secretos, un lugar para los recuerdos. Wong Kar-wai vuelve a construir en 2046 su universo de espejos, callejones estrechos y encuentros bajo la lluvia a la luz de un farolillo; pero esta vez el “mundo real” es sucio y decadente, de colores oscuros y apagados; ha perdido aquella delicadeza de la anterior película. Sólo en el mundo futurista plasmado en la novela existirán los colores llamativos y eléctricos, la elegancia y el orden.

Chow (Tony Leung) está escribiendo una novela de ciencia ficción titulada 2046. Los personajes de su novela viajan a 2046 para recuperar la memoria perdida, pero una vez allí no pueden volver; y es que él nunca conseguirá volver de su “2046”, de aquella perfecta habitación de hotel donde vivió su particular historia de amor con Su Li. El protagonista se sumergirá en 2046 con el único objetivo de recuperar y conservar los recuerdos de su relación, y entre las páginas de la novela dejará guardado su secreto. Aquello que nunca dijo, aquello que nunca vimos (el fuera de campo, por tanto) en Deseando amar: el amor que sentía por Su Li, amor frustrado y nunca consumado por la cobardía de ella y la falta de perseverancia de él.

Chow se ve ahora sumido en un espacio-tiempo mental, mitad realidad mitad sueños, donde es casi imposible discernir entre realidad y ficción. No cabe la menor duda que el protagonista, a medida que avanza el relato, se encuentra más alejado de la sociedad y más próximo a un estado mental salpicado por una nostalgia destructiva que lo ancla al pasado.

EL TIEMPO PERDIDO

El mensaje final de todas las películas de Wong es el mismo: nuestro peor enemigo es la memoria. Recorrer a ella y recordar momentos y lugares que desgraciadamente nunca volverán, y que por tanto es mejor que permanezcan inviolables en la mente. Por eso algunos de sus personajes intentan, en vano, recuperar la memoria perdida, mientras otros se afanan en borrar sus recuerdos. Sus imágenes se empeñan en fabricar cápsulas de memoria y fulgores de recuerdo. Sus filmes advierten al público que hay que intentar no caer en el suplicio de rememorar tiempos pasados, pues como dice uno de los personajes de Ashes of time, ‘El mayor problema del hombre es que recuerda. Sin un pasado cada día sería un nuevo comienzo’.

Wong Kar-Wai habla del aislamiento, de los sentimientos, del romance y del tiempo, del momento perdido. Imprime a sus obras un aura de sentimentalismo nostálgico, casi onírico, basado en la incomunicación de los seres humanos. Empecinado con captar el momento perdido, su estilo narrativo y visual lleva al público a vivir una experiencia similar a la memoria y los sueños. Está perpetuamente tratando de arrebatar al tiempo el momento pasajero y construir un monumento al instante que se va.

El director construye siempre personajes que no dejan de inventar, imaginar y rememorar sus vidas pasadas. Este recordar alcanza su máxima expresión en 2046, en la cual realidad y sueños se (con)funden con recuerdos. Ahora, Chow vuelve a la 2046 (la habitación) para intentar recuperar a Su Li; pero finalmente deberá recurrir a la imaginaria 2046 (la novela), pues solo allí podrá reunirse con su amada y recuperar los recuerdos de su relación. Chow ha cambiado desde que terminó su relación con Su Li; el hombre que antes era todo delicadeza y moderación se ha convertido ahora en un playboy que pasa cada noche con una mujer diferente; pero él, en realidad, sólo intenta encontrar en las demás mujeres lo que sintió por su único amor verdadero.

Todo lo que le queda ahora son retazos de memoria y destellos de olvido. De este modo, 2046 le servirá como lienzo donde proyectar sus experiencias con cada una de las mujeres que pasan por su vida, un tiempo y un espacio donde podrá reunirse con todas ellas y recordarlas, pues en 2046 nunca cambia nada. Le gustaría terminar su relato con un final feliz, pero no puede; en el pasado, en Deseando amar, pudo haber tenido su final feliz; pero lo dejó escapar. En Deseando amar ninguno de los protagonistas hizo nada, ninguno forzó la situación. Nadie dio el primer paso. Pero si no ocurrió nada, probablemente es que simplemente no debía ocurrir; así lo quiso el destino.

RETICENCIA Y SUGESTIÓN

En los films de Wong Kar-wai siempre quedan huellas de otras historias posibles por contar. Se refiere al mensaje que no se da, sino lo que solo se sugiere: lo que se insinúa no se debe decir. La narración de los recuerdos de Chow se realiza desde el presente y se articula mediante flashbacks. Esta asincronía va más allá del propio texto, pues los recuerdos no sólo hacen referencia al tiempo que abarca la historia contada en 2046, sino que se remontan incluso a la evocación de sucesos acontecidos en Días salvajes. Así pues, se evidencia la intertextualidad en el relato.

Wong trabaja meticulosamente la puesta en escena, creando una estructura laberíntica y un espacio poblado por espejos, sobre los cuales proyecta sólo las partes que quiere que veamos, reflejando con esta multiplicidad de puntos de vista la naturaleza compleja y misteriosa de sus personajes. En las películas del director aparece también la idea del voyeurismo: el espectador está observando la vida sentimental de los personajes, mientras que los personajes observan a través de agujeros o ventanas.

La cámara se coloca como si estuviéramos espiando y, a partir de encuadres imposibles, enmarca y recorta a los personajes o, simplemente, los deja fuera de plano; prefiere mostrar solamente una mano, unas piernas o un escorzo que la totalidad de la figura, dotando así a la historia de un halo de misterio y suspense. Esta naturaleza abierta y sugestiva de sus películas deja a la libre imaginación de cada espectador la compleción de cada uno de los argumentos. Solo de la imaginación y de la implicación de cada espectador dependerá el significado final de los films de Wong, que se completan en la mente del público.

CONCLUSIÓN

Wong Kar-wai se empeña en sus obras en detener o dilatar el transcurso del tiempo para fijar la memoria del tiempo que se escapa, haciendo un uso acusado de ralentíes, foto fija y slow motion, dejando la imagen (y por tanto, la mente del espectador) en un estado de suspensión continuo, con objetos desenfocados en primer plano que envuelven la imagen en abstractas masas de color, como si los protagonistas flotaran en medio de una nebulosa.

En este film, más que en ningún otro, el tiempo se convertirá en el tema central: el tiempo pasado que sólo pervive en la memoria, el tiempo presente que puede detenerse en determinados momentos, ralentizando los movimientos, y el tiempo futuro, recurriendo a la repetición de acciones desde diferentes puntos de vista o mostrando como pasadas las horas, los meses o los años puede no cambiar nada. Los personajes llegarán incluso a comprar y vender su tiempo, hasta que Chow descubre que algo tan valioso nunca debe prestarse. El tiempo acaba escapándose inexorablemente, y sólo podremos recuperarlo viajando a lugares como 2046.

Tampoco es casual que Wong eligiera este número: 2046 será el último año que Hong Kong esté bajo el sistema británico, garantizando su autonomía. Se refiere al final de una era, que se prevé llena de cambios. El cineasta siempre refleja en pantalla una imagen onírica y “mental” del Hong Kong de los años 60. El Hong Kong evocado por el director se basa en sus recuerdos de su infancia, que le otorgan ese halo de brumosa y nostálgica irrealidad. Por ese Hong Kong onírico, los personajes se pasean como almas en pena. En este escenario, los personajes parecen dialogar con los objetos que les rodean, los farolillos lloran y los objetos sienten.

En 2046, Wong construye un tiempo mental de enamorados a quienes nadie corresponde. Oportunidades perdidas, retazos de un pasado que pudo ser y nunca fue. El saber que Chow y Su Li nunca estarán juntos. Ecos de una presencia, fragmentos de memoria, vacíos insondables de un allí y un entonces. Pero la memoria es caprichosa, y cuanto Chow más intenta recordar algo, más borroso está. Ecos, vestigios, reminiscencias, de lo que estuvo allí y ya no está, ya sea una persona, una palabra, un sentimiento, un lugar, un tiempo o un templo. Formas distorsionadas y evanescentes de un tiempo pasado.

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