Entre el dicho popular y la leyenda urbana se encuentra esa afirmación que mantiene que todos y cada uno de nosotros tenemos en el mundo a otra persona que físicamente se asemeja a nosotras más que cualquier otra. O dicho de forma mucho más concisa, un doble. Seguro que a muchos nos ha ocurrido que nos hayan confundido por la calle con otro o que incluso alguno considere que nos haya informado sobre algo que realmente contó a otro ser humano similar a nosotros. También ha podido suceder todo lo contrario y que nosotros hayamos sido quienes han confundido a un conocido con una persona que nada tenía que ver con ella. Pero hay una combinación que no se repite tantas veces, ¿cómo reaccionaríamos si fuésemos nosotros mismos los que nos cruzáramos con nuestra particular copia? ¿Hasta qué punto la curiosidad inofensiva daría paso a un profundo terror? James Ward Byrkit debuta como director con Coherence, ópera prima que explota la relación que tendría un ser humano si supiera que su doble (y ya no nos estamos refiriendo exclusivamente al aspecto puramente físico) está a unos pocos metros de él y que lleva al máximo exponente que el (los) hombre (s) es (son) un (os) lobo (s) para el (los) hombre (s).

Cine Sudoku

Ocho actores y una habitación. Realmente Byrkit y Alex Manugian no necesitan valerse de mucho más para poner en marcha esta historia desafiante y estimulante para el espectador que se encontrará tan activo como sus personajes, compartiendo el objetivo común de encontrar un significado a todo lo que está sucediendo. Si La Habitación de Fermat, con herramientas parecidas trataba de alcanzar un resultado similar, la complejidad y constante ansia de ponerse en dificultades a sí misma hace de Coherence una película mucho más rica, hablando exclusivamente de su aspecto de rompecabezas. Podríamos decir que la película de Piedrahita y Sopeña era el juguete que hay que montar de un huevo Kinder mientras que la de Byrkit es un cubo Rubik.

Cerca del desenlace de El caballero oscuro, el Joker decidía poner en marcha un juego psicológico para demostrar que todo ser humano esconde dentro egoísmo y oscuridad. Decidía ocultar en dos barcos diferentes, repletos de gente, un detonador que haría explotar el otro barco y les daba a ambos 30 minutos para decidir qué hacer. La posibilidad de seguir vivos a costa de asesinar a otros. Recalcábamos antes que estábamos hablando exclusivamente del aspecto de rompecabezas de la película porque debajo de él subyace un sustrato filosófico acerca de hasta qué punto el ser humano es peligroso para sí mismo, en el sentido más literal de la expresión. Sin llegar a las pretensiones de Enemy y con una naturaleza mucho más lúdica, los personajes de Coherence una vez han descubierto que, digamos para evitar spoilers, hay multitud de gatos de Schrödinger en diferentes cajas, tienen que decidir cuál será su próximo movimiento que por supuesto no tarda demasiado en tornarse en algo violento, agresivo y dominado por el miedo.

Mi vida sin mí

Emily (Emily Baldoni) es la protagonista de este film de ciencia ficción humanista, una bailarina frustrada que vio como otra persona ocupó en su momento un lugar que estaba destinado para ella. De ahí que uno de los personajes del film le diga que otra persona está viviendo su vida, sentencia que una vez veamos la totalidad de los 86 minutos que dura el largometraje averiguaremos cuánta ironía ocultaba. Con una realización a medio camino entre el nervioso found footage de Monstruoso y los cortes a negro de El Séptimo Continente de Michael Haneke, quizás lo mejor de Coherence sea lo que también la condene (en cierta manera): un guion tan alambicado como seductor que hace que el resto de elementos estén al son de su indiscutible poder.

Guion que mezcla ciencia ficción, terror y parodia dando pie tanto a situaciones sórdidas como a momentos surrealistamente divertidos (“Si hay un millón de universos posibles, en todos y cada uno de ellos me he acostado con tu mujer”). Todo ello para dejar claro en su clímax final que si diariamente nos preocupamos de encontrar en cada esquina que cruzamos a ese culpable de nuestra infelicidad, si tuviésemos la posibilidad de desdoblarnos, una de las primeras cosas que haríamos sería huir lo más lejos posible de nuestro clon.

Sobre El Autor

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Odio a la gente que habla en el cine. Y a la que hace ruido comiendo. Y a la que sacan el móvil para mirarlo en mitad de la película. Y a la que hace cualquiera de estas cosas fuera del cine. Y a las que no.

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Una Respuesta

  1. Nacho

    Ejem… ¿La doble vida de Verónica? Kieslowski se ríe de este cine…