Opinión: La verdadera gran estafa americana

“No te puedes engañar a ti mismo por mucho tiempo. Así que tu próxima reinvención, más vale que se haga bien”. Diez nominaciones en los premios Bafta, tres Globos de Oro (incluido el de mejor película, en el apartado musical o comedia), incluida en el Top 10 del American Film Institute del año, ganadora de 4 Critics Choice (incluyendo mejor comedia), diez nominaciones en los Oscar (incluida mejor película)… La gran estafa americana (American hustle) es uno de los grandes títulos del año. Solo hay que echar un vistazo a las múltiples reseñas positivas escritas por críticos de prestigio o medir el pulso del público que ha podido disfrutar del film. David O. Russell puede darse por afortunado. O puede hundirse en lo más bajo de su ser. Observando la filmografía del director americano y teniendo en cuenta las líneas que abren este párrafo y que son mencionadas por la voz en off de Christian Bale, se abre la posibilidad de que la “estafa” incluida en el último título de David O. Russell tenga un significado mucho más agorero del que pensamos y que este indiscutible éxito vaya directamente ligado al rechazo a la autoría personal.

SIENDO SINCEROS

Es difícil abordar esta reflexión sin ser honesto desde un primer momento (algo que viene muy a cuento si vamos a hablar de la trayectoria de O. Russell) así que quitémonos las máscaras: La gran estafa americana (American hustle) me parece una película fallida. A pesar de ello, el gusto personal no monopolizará esta teoría porque para llevarla a cabo me basaré exclusivamente en la carrera del director americano. La carrera de O. Russell puede dividirse en dos etapas claramente diferenciadas. Su debut se fecha en 1994 con Spanking the Monkey y hasta 2004 en el que dirigió Extrañas coincidencias llegó a rodar cuatro películas (a las anteriores mencionadas hay que sumar Flirteando con el desastre y Tres Reyes). Tras dirigir cuatro títulos en una década tuvieron que pasar seis años para que su nombre volviera a verse alrededor de las carteleras de los cines. Mark Wahlberg (al que muchos relacionan sus mejores interpretaciones con las películas en las que coincidió con este director), ejerció de productor y decidió que O. Russell volvería a rodar a pesar de que en este caso el guion no estaría firmado por él. The Fighter tuvo bastante éxito a nivel de galardones y nos recordó que el director americano seguía vivo y que no había perdido su habilidad para rodar.

Curiosamente tras rodar el film que les proporcionó un Oscar tanto a Christian Bale como a Melissa Leo, de repente O. Russell vio cómo su agenda, antaño vacía, volvía a estar llena de fechas de rodaje. Tras un film de encargo, volvió a ver como tenía una segunda oportunidad de llegar al público generalista (un mayor número en este caso, por aquello de la popularidad que proporcionan las grandes luces del Kodak Theathre) y poder continuar con un discurso claramente identificable en sus anteriores obras.

La honestidad y ser consecuente con los actos que uno decide tomar son elementos sobre los que giran (especialmente) Extrañas coincidencias, Flirteando con el desastre y Tres Reyes. Independientemente de lo acertadas o erróneas que sean cada una de ellas era evidente que tenían un tema que les marcaba el camino. O. Russell tras su reaceptación decidió crear El lado bueno de las cosas, una comedia romántica protagonizada por Bradley Cooper y Jenniffer Lawrence. Siguiendo una estructura mucho menos rompedora y teniendo en cuenta mucho más al espectador potencial de esta obra que lo que lo hacía Flirteando con el desastre, parecía una pequeña concesión a la industria cinematográfica, como agradecimiento. Concesión que fue premiada por esa industria de nuevo con múltiples galardones y premios. David O. Russell encadenaba dos películas que parecían propias de una transición, de buscar un nuevo camino.

CAMBIA EL RUMBO

… y entonces llegó La gran estafa americana. Una película en la que muchos críticos americanos afirmaban que O. Russell había hecho suya la fórmula Scorsese y que incluso (se llegó a decir) la mejoraba. ¿O. Russell y Scorsese? ¿Qué parentesco podía tener la obra de ambos? ¿Era este un nuevo grito de ayuda en la oscuridad de O. Russell? ¿Se convertía definitivamente en un director sin ningún tipo de rumbo? Una vez vista la película parece que es así. La gran estafa americana certifica que de aquel autor que destacaba por su manera de ver la vida hace unos diez años quedaba poco. Pero… ¿y si no es así? ¿Y si su discurso sigue ahí, inmutable? ¿Y si La gran estafa americana es la industria cinematográfica hollywoodiense?

Parémonos a pensar en uno de los ataques que sufría el personaje bipolar de Bradley Cooper en El lado bueno de las cosas, un personaje que no desentonaría en absoluto dentro del reparto coral de Extrañas coincidencias. Pat no entiende que el amor no funcione en la vida real igual que en las novelas o películas de amor que curiosamente… vive dentro de una historia que finaliza como una de esas clásicas historias que mencionaba él. ¿Irónico o cínico? La pareja acaba feliz y junta, algo que ocurría también en Flirteando con el desastre, pero basta solo comparar el viaje de Bradley Cooper y Jennifer Lawrence con el de Ben Stiller y Patricia Arquette para descubrir las enormes diferencias entre ambas.

O. Russell parece decirnos en El lado bueno de las cosas que eso es lo que realmente deseamos, lo que verdaderamente valoramos al ir al cine: que nos doren la píldora, que nos engañen. Nos cuenta la misma historia, excepto que el romanticismo de una es la de las clásicas comedias románticas que le hacían a Bradley Cooper odiar la vida real y la otra se basa en infidelidades, celos o la necesidad de resolver preguntas que quizás no necesitamos saber, en definitiva, en la vida real. O. Russell parece decirnos en El lado bueno de las cosas que eso es lo que realmente queremos, lo que verdaderamente valoramos al ir al cine: que nos doren la píldora, que nos engañen.

Quizás La gran estafa americana (American hustle) es la primera película de un autor que es la respuesta antagónica de la anterior obra del propio autor. El gran título de O. Russell antes de llegar su segunda etapa trufada de múltiples premios y nominaciones era Extrañas coincidencias. En ella el personaje interpretado por Jason Schwartzman acudía a la ayuda de una especie de detectives extraordinarios (Dustin Hoffman y Lily Tomlin) para entender el sentido de todo: el significado de la vida.

Tras estar en una situación delicada a nivel laboral y personal decide aferrarse a que ha coincidido con el mismo tipo varias veces para entender el por qué de nuestra existencia. Con esa premisa la película continuará dando espacio a varios personajes con sus particulares problemas hasta llegar a su conclusión, en la que se narra que es absurdo tratar de entender que todo forma parte de un plan maestro y que nadie podrá jamás contestar por qué estamos aquí y cuál es nuestro fin así que lo único que nos queda es seguir con nuestras vidas y al menos esforzarnos en tratar de ser honestos con nosotros mismos y los de alrededor.

Al final de La gran estafa americana (American hustle) descubrimos que durante las dos horas y cuarto que dura el film, uno de sus protagonistas nos ha estado mintiendo todo el tiempo a nosotros, los espectadores. Discursos, sin duda, completamente contrarios entre sí, escritos por la misma persona. La gran estafa americana está protagonizada por Christian Bale, Jennifer Lawrence, Amy Adams y Bradley Cooper, cuatro actores que aparecían en las dos obras de su “última etapa”. No solo eso, sino que las parejas que forman son exactamente las opuestas que en las anteriores films (Bale/Lawrence y Cooper/Adams) y a lo largo del metraje del largometraje estas van variando entre ellas sin ningún aparente significado detrás de esas alteraciones. ¿A lo mejor O. Russell está tratando de pervertir a su público diciéndonos que los últimos personajes que ha creado, los exitosos, van completamente a la deriva de argumentos sin alma, exclusivamente puestos al servicio de una industria que pide unos estándares? La única ausencia protagónica de The Fighter es Mark Wahlberg, que recordemos salía en dos de las obras pre-The Fighter de O’Russell.

CONCLUSIÓN

“No te puedes engañar a ti mismo por mucho tiempo. Así que tu próxima reinvención, más vale que se haga bien”. La frase mencionada por Christian Bale, personaje de La gran estafa americana (American hustle) parece que esconde mucho más subtexto que el que contiene el resto del film en su totalidad. La etapa más hollywoodiense de O. Russell se ha saldado con tres Oscar hasta ahora (Melissa Leo, Bale y Lawrence). Sería curioso e irónico que el primer galardón personal a O. Russell fuera por La gran estafa americana. Lo único que nos queda pensar es que en el hipotético recibimiento del galardón el director americano nos demuestre de alguna manera que esa ironía es completamente consciente.

Sobre El Autor

Redactor

Odio a la gente que habla en el cine. Y a la que hace ruido comiendo. Y a la que sacan el móvil para mirarlo en mitad de la película. Y a la que hace cualquiera de estas cosas fuera del cine. Y a las que no.

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Una Respuesta

  1. Juan Pablo Lopez Maggi

    Que me perdone Peter Travers (que es un crítico que me gusta bastante de leer) pero “El Lobo De Wall Street” es mediocre, y es muy fácil saberlo: dentro de diez años ¿Se acordarán de “El Lobo De Wall Street”? Y “American Hustle” tiene un guion muy dispar: por dar un ejemplo, cuando Bale le cuenta de su vida delictiva, Amy Adams en menos de dos segundos ya se convence de que tiene que convertirse en estafadora. Yo no pelearía tanto por opiniones, nadie merece el Oscar. Russell dirige muy bien, pero las películas tienden a fallar mucho por el guion, por eso mis reviews siempre son iguales en ese punto. No sé, sería una estafa que alguna de estas películas ganaran el Oscar… pero a alguien tienen que premiar