El 24 de Septiembre de 2007, la cadena NBC estrenaba Chuck, una serie creada por Josh Schwartz y Chris Fedak que narraba las aventuras del personaje que daba título a la serie, un tipo común con un trabajo rutinario en unos grandes almacenes que un día repentinamente veía cómo adquiría las habilidades de un fantástico espía al contactar con una base de datos llamada “Intersect”. Su personalidad seguía intacta y este procedimental se aprovechaba de ello para crear situaciones cómicas a través de la clásica fórmula de pez sacado del agua. Con Lucy, Luc Besson parte de una premisa similar pero con una intención completamente opuesta. Scarlett Johansson interpreta a una Lucy que por lo que podemos ver en los primeros minutos del film, podría guardar parentesco con el personaje que también interpretó en Don Jon. Tras su detonante particular tendrá que ir asimilando, en un breve periodo de tiempo, todo el conocimiento que se descubre ante ella. Bajo el punto de vista del realizador francés, aparentemente, somos afortunados por estar limitados a usar el 10% de nuestros cerebros.

Acción con algo más

En un capítulo de la decimocuarta temporada de South Park hacía aparición un particular Morgan Freeman que explicaba la trama de dicho episodio para luego aclarar que cada vez que explicaba algo en cualquier película, una nueva peca aparecería en su cara. No sabemos si Luc Besson será un gran seguidor de la serie de Trey Parker y Matt Stone pero decide llevar al límite ese concepto que parodiaban los creadores de la (cada vez mejor) serie animada. Durante la primera parte de la película, el film se divide en dos claros segmentos: por un lado tenemos la “transformación” de Lucy y por la otra una conferencia dada por el Profesor Norman (interpretado por Freeman) en la que va desarrollando los elementos claves de esta parábola existencial. No es la primera vez que Luc Besson colisiona acción y filosofía en un mismo relato, pero en esta ocasión logra una armonía que hace que los dos elementos casen perfectamente. La sabiduría que va adquiriendo Lucy, además de servir como elemento contrarreloj que potencia la adrenalina siempre presente, se traduce en habilidades de combate que la heroína femenina no tarda en poner en práctica. No estamos, pues, ante una reflexión vital explícita acerca del lugar en el mundo del ser humano. El director de El quinto elemento, ha decidido en esta ocasión priorizar la elaboración de una especie de Crank que podría haber asistido a dos conferencias de Neil deGrasse Tyson, realizado un curso intensivo de filosofía y que de vez en cuando (muy de vez en cuando) decide tomarse un chupito de tila.

Concepción, venganza, descubrimiento, tiros y hostias. Sobre estos cinco conceptos gira este largometraje francés. Como una especie de Frankenstein maltratado por su creador (en este caso el personaje interpretado por Choi Min-Sik ayudado por sus secuaces), Lucy es un personaje frío, con un objetivo marcado por rencor puro que progresivamente va mutando en altruismo social. Decíamos al comienzo del artículo que somos afortunados de estar limitados en nuestro conocimiento y es que no hay más que comparar a la Lucy del arranque de la película con la del final, o tratar de contextualizar la conversación que tiene con su amiga Caroline en un momento de la película, para averiguar que ese rostro frío e impasible es probable que derive tanto de la trascendencia de su misión como de un hartazgo ante el funcionamiento de las cosas. Quién sabe. Solamente ella.

División entre el público

Scarlett Johansson está haciendo olvidar a su público su condición de sex-symbol con una elección de papeles tan sorprendente como sugestiva. En Lucy quizás tiene su mayor momento de lucidez interpretativa (derroche físico aparte) en un monólogo telefónico que contiene una oda a la vida durante sus cinco minutos, que para sí la hubiera querido American Beauty en su completo metraje. A pesar de una efectividad constante durante sus casi 90 minutos, quizás el desenlace de Lucy divida a gran parte de sus espectadores. Un final mucho menos transgresor de lo que parece creerse y que podría simbolizarse a través de un Luc Besson levantando la mano en mitad de El árbol de la vida (¡o incluso 2001: Una odisea en el espacio!) para dar su gamberro punto de vista. Una conclusión que, como nota curiosa, despierta el interés de hacer una doble sesión cinéfila compuesta por Lucy y Her.

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Odio a la gente que habla en el cine. Y a la que hace ruido comiendo. Y a la que sacan el móvil para mirarlo en mitad de la película. Y a la que hace cualquiera de estas cosas fuera del cine. Y a las que no.

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Una Respuesta

  1. Sodapop

    Ya no nos sorprenden las pedorretas que nos hace Luc Besson. Mal cuando produce y peor cuando dirige. Echamos de menos aquella etapa inicial con películas como Subway, El gran azul y otras. Luego vino la etapa Europacorp y a producir somníferos uno detrás de otro. Incluso una oportunidad como “Malavita” (The Family) con Michelle Pfeiffer y Robert de Niro se queda en una cosilla a medias. Con la ilusión que pusimos al ir a verla. Una pena. Soñemos con el día que vuelva nuestro Besson, que a veces nos devuelve la ilusión con cosas como “Angel-A”, pero no pongamos mucha fe, nos da que lo mismo no vuelve.