En la séptima edición del NotodoFilmfest, allá por 2009, un corto titulado Maquetas ganó el gran premio del festival (ex aequo con El extraño). La pieza de tres minutos y medio recogía los testimonios de una serie de personas afectadas por un suceso que no se llegaba a desvelar hasta su desenlace. Las sobrecogedoras, a la postre, interpretaciones, le ponían a uno el corazón en el puño hasta que llegaba a su final y veía cómo se destapaba la clave de la obra. Estábamos ante un falso documental sobre las víctimas que dejaba a su paso el ataque de cualquier monstruo gigante propio del mundo del cine (algo, curiosamente, no demasiado lejano a las intenciones de Gareth Edwards en su particular Godzilla). Maquetas demostraba ser un preciso dispositivo cinematográfico que apelaba a lo emotivo dentro de un contexto previamente construido y calculado. O lo que es lo mismo, un contenido emocional dentro de un entorno racional. El cortometraje, como muchos a estas alturas sabrán, estaba escrito y dirigido por Carlos Vermut.

El personaje que interpreta Miquel Insúa (otrora el mismísimo Diamond Flash) en un discurso sobre la tauromaquia revela de forma esclarecedora y brillante el concepto sobre el que gira Magical Girl: la eterna lucha del ser humano entre su aspecto emocional y su aspecto racional. Carlos Vermut fue galardonado con el premio a Mejor Director en el Zinemaldi y la película se alzó con la Concha de Oro. ¿Premios merecidos? Siendo racionales apelaríamos a la prudencia y trataríamos de ver todas las películas participantes antes de emitir un juicio pero a estas alturas, preferimos disparar a todo aquel que no reciba con entusiasmo la que es, y que se me permita la osadía, una película española con herramientas suficientes como para ser capaz de marcar un punto de inflexión en su industria.

Chantaje, sexo y dibujos animados

Diamond Flash como carta de presentación cumplió su cometido con creces: permitir que el espectador vislumbrará en ella unos rasgos y un estilo especialmente característicos y difícilmente comparables. El guion de Magical Girl quizás sea menos complejo (o aunque no lo digamos de forma peyorativa, enrevesado) en su estructura pero esta sencillez (dentro de lo que cabe, ya que también posee una estructura fragmentada) está destinada a dar pie una historia con diferentes lecturas, personajes memorables y una ambición tan precisa como desmedida. Conseguir que un teléfono descolgado nos dé información de dos personajes y además funcione como elemento terrorífico y sugerente no está al alcance de cualquiera.

Luis Bermejo se mete en la piel de Luis, un padre con una hija enferma de leucemia a la que le quiere dar un último capricho antes de su más que posible fatídico destino: el traje de Magical Girl, su personaje de dibujos favorito. “Eres una niña tonta y caprichosa” le dice el marido psiquiatra de Bárbara a esta (una Bárbara Lennie misteriosa, terrorífica e impredecible). Como si el universo de los hermanos Coen chocara con el de Lars Von Trier, en la interacción entre Luis y Bárbara se encuentra el auténtico detonante del film. ¿Hasta qué punto el amor por alguien se puede transformar en algo tóxico o temible? Quizás uno de los elementos más impactantes y significativos de la película sea uno cuya naturaleza es pasar desapercibido, esa carta abierta de la pequeña Alicia en la que reconoce que en el hospital es donde más feliz se siente.

Invisible e intangible

La literatura contra las matemáticas. El arte frente a la ciencia. Lo emocional ante lo racional. La película estructurada en tres partes (“Mundo”, “Infierno” y “Carne”), en su conclusión enfrenta en un mismo lugar a los dos profesores presentes en el film: Luis y Damíán (un Jose Sacristán del que ya está todo dicho). Ambos movidos por el deseo de complacer a sus particulares “niñas” se acabarán encontrando en el clímax de la película para responder a la pregunta que hacíamos en el anterior párrafo relativo al amor y a su ilimitado poder. Luis está a punto de reaccionar de forma salvaje y visceral con un ladrillo en la mano frente a una joyería. Hubiera cometido un delito y posiblemente hubiese sido ajusticiado por ello y quién sabe si su hija hubiera podido ver su segundo deseo cumplido pero, ¿hubiese tenido un destino diferente? Aparentemente si una persona está destinada a morir, siempre dos más dos serán cuatro.

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Redactor

Odio a la gente que habla en el cine. Y a la que hace ruido comiendo. Y a la que sacan el móvil para mirarlo en mitad de la película. Y a la que hace cualquiera de estas cosas fuera del cine. Y a las que no.

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