Opinión: Nymphomaniac Volumen 1 y 2

Las primeras noticias que conocimos acerca de la gestación de la nueva película del enfant terrible del cine europeo, Lars Von Trier, tuvieron lugar por boca del propio director en aquella polémica rueda de prensa que ofreció en el Festival de Cannes 2011 con motivo del estreno de Melancolía, su anterior largometraje. En ella, el danés afirmaba que su siguiente proyecto iba a ser, ni más ni menos, que una película pornográfica. Desde este momento, con semejante afirmación, consiguió despertar la curiosidad de crítica y público, interés que se fue acrecentando a medida que han ido saliendo las sugerentes imágenes de la campaña publicitaria, enfocada en explotar el contenido sexual de la cinta. Así, con estos precedentes y dividida en dos volúmenes, llega Nymphomaniac, el nuevo largometraje de la productora Zentropa, a nuestros cines.

EL EQUIPO

La actriz inglesa Charlotte Gainsbourg, que ya había colaborado previamente con el director danés en Melancolía y Anticristo, interpreta a Joe, el personaje protagonista, en su edad adulta. Muy solvente en su papel de, autodiagnosticada, ninfómana que no cree en el amor, aunque caiga presa de él, y que actúa a modo de “Sherezade” narrando su historia a Seligman.

Este personaje recae en el actor sueco Stellan Skarsgård, que repite con el de Copenhague 16 años después de su aparición en Rompiendo las Olas. Brillante en su papel de afable, culto y teóricamente asexuado, receptor de la historia. Sus réplicas casi siempre enriquecen el relato, excepto en un detalle del capítulo 1, que explicaremos más adelante, y funciona muy bien como contrapunto de la protagonista.

Stacy Martin da vida a Joe en su juventud. Hay que alabar el arrojo de esta debutante en un papel tan controvertido como el suyo, aportando erotismo e ingenuidad, a partes iguales, a través de su rostro de belleza gélida.

Entre el resto de secundarios tenemos grandes nombres del cine hollywoodiense como son Connie Nielsen, Udo Kier, Christian Slater, Willem Dafoe, Jamie Bell o Shia LaBeouf, entre otros. Aunque sus personajes ostentan dispar relevancia en la historia, podemos afirmar que todos ellos cumplen en sus respectivos roles. Mención especial para Uma Thurman que, acompañada por un magnífico texto, consigue que su aparición en el capítulo 3 convierta este hilarante segmento en uno de los mejores de ambos volúmenes.

ANALIZANDO NYMPHOMANIAC

El nuevo largometraje de Lars Von Trier, a pesar de contar con ciertas escenas de sexo explícito, está muy lejos de ser una película pornográfica como intentaron hacernos creer con la inteligente estrategia de marketing que llevó a cabo la productora. El sexo juega un papel importante en la misma, pero nunca de una manera gratuita ni morbosa, yendo siempre en favor de la trama, con cortes precisos que imposibilitan que el ritmo de la película se resienta en ningún momento. Porque no nos engañemos, la nueva obra del director danés va mucho más allá de ser una simple película amarillista en la que se relatan situaciones escabrosas a través de diferentes periodos de la vida de una ninfómana. O, dicho de otra manera, no es porno todo lo que reluce.

Ante todo, Nymphomaniac, nos habla de la soledad de una mujer que ha decidido, en contra de lo que dictamina la moral de la sociedad “bienpensante”, no rehuir a su naturaleza viviendo de acuerdo a lo que sus impulsos más primarios le dictan; dando lugar a una serie de aventuras y desventuras, más bien, que este comportamiento le acarrea a lo largo de los 8 capítulos que dura la narración.

El capítulo 1: La perfecta pescadora de caña, acontece en el transcurso de un viaje de tren en el que la protagonista se apuesta con su amiga B una bolsa de chocolatinas que ganará la que consiga seducir a más hombres durante el trayecto. A lo largo del capítulo son constantes las alusiones del señor Seligman a las técnicas empleadas en la pesca, a través del cebo, para que las presas muerdan el anzuelo comparando dichas artimañas con las que emplea la protagonista para atraer a sus amantes. La narración resulta descarada y divertida, sin embargo, quizás sea el único capítulo en el que se muestre algo cargante el subrayado de la analogía pesca-seducción que sugiere el personaje interpretado por Stellan Skarsgård. Aun así, como hemos dicho, el capítulo resulta entretenido y fresco, como lo es la forma en que finalmente Joe consigue alzarse con la bolsa de caramelos.

El capítulo 2, Jerome, se centra en el amor que, el personaje que da nombre al episodio, despierta por primera vez en la protagonista. A pesar de ello, Joe afirma que el amor no es más que un sentimiento superficial que ella misma describe como “deseo con una dosis añadida de celos”.

Durante el grueso de la cinta prevalece un tono amargo, ligeramente parecido al de Shame de Steve Mcqueen, que tiene como contrapunto breves situaciones y diálogos de brillante humor negro que nos ofrecen algunos de los instantes más destacados de la cinta. Véase el capítulo 3, La Señora H, que supone toda una clase de cómo se debe explotar un buen gag de situación.

En el apartado formal, el director danés, no duda en variar las texturas de la imagen según convenga en cada capítulo, incluso llegando a pasar del color al blanco y negro para sumergirnos en el capítulo 4, Delirium, sin duda el más duro de todo el metraje. Aquí tiene lugar uno de los planos de mayor lirismo de la cinta, el cual podría servir como epítome de la insólita y genuina poesía del autor danés. El padre de la protagonista fallece, aquejado de Delirium tremens, y ésta no puede evitar que una gota de flujo vaginal se deslice sobre su pierna, a modo de lágrima, en una bellísima metáfora visual que avala el talento cinematográfico del compatriota de Carl Theodor Dreyer.

Una vez concluido el capítulo 5, titulado La escuela del pequeño órgano, en el que se desarrolla una comparación entre los diversos amantes con los que mantiene relaciones la protagonista y la forma en la que se compone una polifonía, pasamos al capítulo 6 con el que se abre el volumen II.

Durante este segmento, titulado La Iglesia Oriental y la Iglesia Occidental, Lars Von Trier entronca los métodos de éstas dos iglesias, la de la alegría y el sufrimiento respectivamente, a través de un episodio en el que la protagonista, después de haber sufrido la pérdida del deseo sexual, intenta recuperarlo experimentando métodos masoquistas. Para ello, recurre a los servicios de K, personaje interpretado por Jamie Bell, el cual consigue otorgarle placer a golpe de fusta.

En el capítulo 7, El Espejo, Joe trata de poner solución a su ninfomanía visitando una terapia de grupo para “adictas al sexo”. El centro de este capítulo tiene como eje temático la hipocresía moral latente en la sociedad actual y la existencia de una corriente de lo políticamente correcto que el propio Von Trier sufrió en sus carnes debido a sus polémicas declaraciones, en referencia a Hitler, durante el Festival de Cannes 2011.

En La Pistola, título del capítulo final, a cuyo relato llegamos una vez que Joe contemple en la pared una mancha de café con forma de pistola, se hace hincapié una vez más en la dificultad que supone para las personas ir contra su propia naturaleza, en lo relativo al sexo y a la violencia, donde la protagonista realiza una interesante reflexión acerca de la pederastia y lo loable que resulta, para ella, que ciertas personas que han nacido con este impulso genético consigan, aun así, controlarlo. Durante los últimos minutos del capítulo, se nos desvela el acontecimiento inmediato por el que Joe acabó apaleada en medio del callejón y, con esto, pone punto final a su episódico relato.

Reseñar, antes de concluir nuestro análisis, que los ocho capítulos se van enlazando mediante un artificio de guion que consiste en introducir cada episodio a través de distintos objetos presentes en la austera habitación del personaje que interpreta Stellan Skarsgård, sirviendo éstos como puente para pasar de un capítulo a otro.

En resumen, los dos volúmenes del largometraje funcionan como un todo y le dejan a uno la sensación de que podría haberlos contemplado del tirón sin sufrir el más mínimo síntoma de aburrimiento durante las cuatro horas que dura el conjunto. La historia de esta ninfómana nos atrapa de la misma manera que al personaje de Seligman o… espera no, nos atrapa, pero no de la misma manera. Fundido a negro y se oye un disparo. Vayan a verla y entenderán a qué nos referimos.

CONCLUSIÓN:

Sexo y polémica suelen ser dos buenos aliados de cara al estreno de una película, pero al final si la obra en sí, lo que realmente importa, llega a las pantallas y no cumple las expectativas generadas todo lo demás se queda en una mera anécdota. En este caso, por suerte, no es así. Porque, aunque Lars Von Trier sea un provocador autoconsciente al que le encanta la controversia, ante todo, es un cineasta diferente, descarado, trasgresor, capaz de crear imágenes singulares dotadas de una extraña belleza; que con Nymphomaniac nos ofrece otra prueba más de su exorbitante talento.

Sobre El Autor

Redactor

Diplomado en Relaciones Laborales. Licenciado en Comunicación Audiovisual. Realicé el máster de “Guión de Ficción de Cine y TV” de la Universidad Pontificia de Salamanca. Entre principios del año 2009 y finales del 2011 he asistido a diversos cursos del Centro Galego de Artes da Imaxe como “El Cine de Jean Luc Godard” impartido por el director y profesor de Cine Paulino Viota; “El Cine de Alfred Hitchcock” impartido por el doctor en Historia de Cine José Luis Castro de Paz y “El cine de Luis Buñuel” impartido por Julio Pérez Perucha presidente de la Asociación Española de Historiadores de Cine, entre otros.

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