Opinión: Trance

Un prometedor James McAvoy, la valquiria Rosario Dawson y el galán gainsbouriano Vincent Cassel son los encargados de mantener nuestra atención durante casi dos horas de rodaje en las que redescubrimos a un Danny Boyle al que no solo se le da bien lidiar con los delirios de Irvine Welsh o con los dramas humanos en Slumdog Millonaire y 127 horas. Boyle sorprende nuevamente con un largometraje que deja estupefacto al espectador desde el minuto uno.

Con un ritmo claramente ascendente y un final frenético, este director juega con el método catártico y las posibilidades de un subconsciente mistérico para desarrollar un film social, especulativo e intrigante que maneja hipótesis bien hilvanadas. Y eso es, justamente, lo que engancha de esta película; que es contundentemente veraz. A pesar de estar sustentada con el improbado método hipnótico, la cinta lleva un ritmo coherente que permite que, quién se sienta frente a la gran pantalla, se sienta reconocido con los sentimientos más profundos de los personajes.

LA HISTORIA

James McAvoy es Simon, un restaurador de arte, adicto al juego que, de la noche a la mañana, se ve ahogado por deudas de juego. Desesperado, acude a un traficante, Franck (Vincent Cassel) quién le ofrece hacerse cargo de su problema si, a cambio, roba una obra de arte de un valor millonario. Sin embargo, las cosas no salen como debieran y el día del robo, Simon es golpeado en la cabeza perdiendo la memoria de todo lo ocurrido. Su amnesia le pone en un aprieto, esta vez con Franck y los suyos, que deciden recurrir a una psicoterapeuta especializada en hipnosis llamada Elizabeth (Rosario Dawson) para conseguir que Simon recuerde lo ocurrido y recuperar el lienzo.

EL EQUIPO

Rosario Dawson da vida a Elizabeth, una joven psicoterapeuta que es requerida por Franck y su séquito para hacer recordar a Simon. Ya vimos a Dawson anteriormente en Alejandro Magno, Siete Almas o Death Proof. Sin embargo, si un papel fue definitivo para la Dawson fue en Sin City, interpretando al portentoso personaje de la guerrera Gail. Su repercusión se extiende gracias a Trance, consolidando a la intérprete como una de las más prometedoras estrellas de los últimos años, puesto que su registro está forjándose en la variedad y en una elección de películas que la permiten una gran libertad para mostrar todo su arsenal. James McAvoy cumple su función con “el papel de siempre”, quizás porque, por el momento, no le permiten ser otra cosa que no sea un joven atormentado por uno o varios malos malísimos, un engañado de la vida.

Extendámonos, sin embargo, con Vincent Cassel, un actor de rompe y rasga que, desde La Haine, ha despuntado en el panorama hollywoodiense, forjándose una reputación gracias al titulo de Darren Aronofski, Cisne negro y consiguiendo una gran atención por su papel en Un método peligroso. En este caso, su personaje es un matiz en sí mismo ya que oscila entre la maldad y la bondad, entre la vulnerabilidad y la crudeza. Con este papel, Vincent Cassel demuestra que muestra sombras y luces en el carácter de sus personajes, consiguiendo destacar en un reparto coral de primer nivel.

LA PELÍCULA

Si se tuviera que atribuir una característica esencial a Trance sería incertidumbre. El thriller le sienta estupendamente a Boyle y, aunque con alguna que otra excepción, su dirección es impecable. Y es que mantener a miles de espectadores atentos a una trama en estos tiempos difíciles para el cine, copados por las producciones seriales de menos de sesenta minutos de duración, resulta toda una odisea de dirección y guión para los creadores del séptimo arte. Trance consigue su objetivo sobradamente mediante una combinación ideal de buenas interpretaciones, guión contundente, aunque no excesivamente reflexivo, y desarrollo en clave de flashback que permite seguir la película sin que, por ello, resulte extremadamente previsible. U repunte con respecto a los elementos inclusivos sería la banda sonora.

Danny se caracteriza por utilizar la música en todos sus largos como un valor primordial en el desarrollo de la cinta. En este caso, su melomanía y buen gusto se le han ido de las manos, ya que, el valor añadido se convierte en esta película en un estorbo que resta credibilidad interpretativa a sus personajes, abusando de temas con una excesiva personalidad que no aportan dramatismo, sino confusión al espectador.

CONCLUSIONES

Trance es una obra seria, conclusiva y decisiva. Marca un tránsito natural del Danny Boyle que nos deleitara con la película de culto, Trainspotting, a un largometraje meditado, coherente y meditado. Se trata de un paso hacia adelante en una carrera plagada de éxitos, al menos de éxitos que relacionen de alguna manera con la credibilidad de un público fiel. Con Trance, el cine de Danny Boyle se alza como cine de autor y si no éramos pocos quienes íbamos a las salas de cine, solamente para ver sus nuevos estrenos, a estas alturas, los seguidores de Danny Boyle se habrán convertido en audiencias tan firmes como las que pueden tener Aronofski o Soderbergh.

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