Segunda Opinión: La cabaña en el bosque

La cabaña en el bosque es la respuesta más inteligente y alocada a la encrucijada de cómo enfrentarse en la contemporaneidad a una película de terror. Bajo la dirección de Drew Goddard, y la co-ecritura entre éste y Joss Whedon, esta pareja de titanes cinematográficos que ya trabajó de la mano en proyectos televisivos tales como Buffy Cazavampiros o Angel, une de nuevo sus fuerzas. Película vanagloriada en la antepasada edición del Festival de Sitges y ganadora de diversos premios de cine fantástico y de terror, La cabaña en el boque es un canto de amor al género de mirada poliédrica, pues contiene en sus entrañas muchas de las claves y motivos que se dibujan a la largo de su historia cinematográfica.

EL SLASHER

Dentro del territorio del terror, La cabaña en el bosque se camufla esencialmente bajo los rasgos del slasher ochentero. Presentando a un grupo de jóvenes en plena ebullición hormonal que viajan a una casa perdida en el bosque, la película hace eco de las constantes propias de una corriente en que los estereotipos juveniles se hacían dueños de un relato que combinaba altas dosis de sexo y violencia. Historias en que finalmente, el orden y la originalidad de la forma de cada muerte se convertían, como en los ya grandes clásicos La matanza de Texas o Viernes 13, en el principal interés de la ficción.

SAM RAIMI Y LA PARODIA CINÉFILA

Y sin embargo, y centrándonos solamente en un primer nivel referencial, el homenaje de La cabaña del bosque apunta hacia un territorio más paródico dentro del terror de los 80. En efecto, es Posesión Infernal, el clásico de serie B dirigido por Sam Raimi, la película que se alza como punto central de la manifestación amorosa por el género de Goddard y Whedon. Son muchos los guiños explícitos que el film propone, comenzando por los dos elementos que el título mismo propone (esa cabaña perdida en medio del bosque parece resucitar del polvo a aquella que utilizó Raimi), hasta el resucitar de las bestias funestas a través de la recitación de un conjuro, pasando por la trampilla que se abre inesperadamente en medio de la velada.

En el hecho de que sea Posesión Infernal su más explícito referente, encontramos la base misma de la actitud genérica de La cabaña en el bosque. Es así porque, como aquella, Goddard quiere imbricar en su película parodia y terror, desde una perspectiva ciertamente manierista. Es decir, que las intenciones de ambos directores surgen desde el corazón de un apasionado por el género que, ante la imposibilidad de elaborar una pieza que mejore toda la tradición que la precede, se ve obligada a dar una visión paródica de la misma. Por tanto, si Posesión Infernal llevaba a cabo ya esta idea, La cabaña en el bosque la lleva al límite y supone una última y retorcidísima vuelta de tuerca que difícilmente admite posibilidad de ser superada en un futuro próximo.

LA DELACIÓN DE LAS FÓRMULAS DEL TERROR

La actitud que La cabaña en el bosque lleva a cabo consiste en la mostración de todos los elementos del terror, como si se tratase de un mago que nos hace partícipes de todos los ingredientes de su pócima secreta. De algún modo, lleva a cabo una visibilización del núcleo duro del funcionamiento del terror, a partir de una actitud metalingüística de puesta en escena, en que unos individuos cuyo verdadera funcionalidad no se nos es revelada hasta el final, se convierten en artífices de todo lo que ocurre a ese grupo de adolescentes pecadores. La dinamitación del género está, pues, servida, cuando se nos muestra el proceso en que cada personaje es convertido en un estereotipo propio del slasher o cuando se hace broma de la arbitrariedad de los objetos que despertarán a los monstruos en la función.

EL CANTO DE AMOR FINAL

Pero más allá de ello, La cabaña en el bosque propone la solución más alocada, inteligente y arriesgada posible a esta obra infinitamente referencial, culminando con un colofón que alejado de la simple parodia con corazón se inscribe definitivamente dentro del género a través de ese canto de amor desatado a las monster movies. Es así como La cabaña en el bosque se convierte en una obra mayor capaz de combinar parodia, divertimento sangriento, humor negro y reflexión genérica para alzarse como un ejemplo sublime (y despojado de todo intelectualismo frívolo) de cinefilia contemporánea.

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