12 anos de esclavitud CartelSolomon Northup es un hombre negro, libre y culto de Nueva York. Es un respetado músico y lleva una vida acomodada con su familia, hasta que un día es secuestrado y vendido como esclavo.

ARGUMENTO

En el año 1841, Solomon Northup es un hombre negro libre, que trabaja como violinista en Nueva York. Es un reputado músico y lleva una buena vida junto a su mujer y sus dos hijos. Un día, queda con dos hombres que se supone que lo van a contratar para ofrecer una actuación. Pero se trata de una trampa, lo drogan y lo venden como esclavo en el sur. Le cambian el nombre por Platt y no queda ningún rastro ni documento que demuestre su condición de hombre libre. Al principio, un incrédulo y optimista Solomon cree que la mejor manera de enfrentarse a la situación es cooperar, aguantando estoicamente los maltratos y vejaciones a los que es sometido. Lo más importante para Solomon no es mantenerse vivo, sino mantener viva su dignidad.

A lo largo de los 12 años de esclavitud que reza el título del film, Solomon es vendido y comprado en varias ocasiones, pasando por las manos de varios amos, unos más bondadosos, como Ford (Benedict Cumberbatch), otros crueles y despiadados como los Epps (Michael Fassbender y Sarah Paulson). El protagonista intenta ponerse en contacto con su familia y amigos en varias ocasiones durante su cautiverio, pero por una u otra razón, nunca consigue enviar esa carta reclamando su libertad. Finalmente, conoce a un abolicionista (Brad Pitt) que le ayudará a contactar con sus conocidos.

REPARTO

Steve McQueen vuelve a contar con su actor fetiche, el solicitado Michael Fassbender (han trabajado juntos en los tres largometrajes del director, Hunger, Shame y el que nos ocupa), y no parece casualidad que en El consejero Fassbender se quede un buen rato contemplando una foto del “otro” Steve McQueen (sí, el primero, el de toda la vida, el actor). Junto al espléndido Fassbender, su también compañero fetiche, Brad Pitt, casi inseparables desde Malditos bastardos, y que aquí también ejerce de productor, reservándose el papel de salvador en la película.

El protagonista de 12 años de esclavitud está interpretado por un poderoso pero templado Chiwetel Ejiofor, que no cae en ningún momento en el melodrama. En manos de un actor con menos contención, Solomon se podría haber convertido en un personaje exagerado, atormentado, dramático y de lágrima fácil, pero Ejiofor construye un protagonista tridimensional, digno y creíble. La que parece haber sido la revelación del año, la debutante Lupita Nyong’o, presenta en cambio un personaje que resulta en ocasiones excesivamente inocente, conmovedor y un tanto sobreactuado. A parte, encontramos un carrusel de secundarios de lujo que se suceden a lo largo de la cinta: Paul Giamatti, el cada vez más grande Benedict Cumberbatch o una magnífica y escalofriante Sarah Paulson.

LA PELICULA

Violenta, cruda, a ratos dolorosamente incómoda, 12 años de esclavitud es una película muy del gusto americano, muy de Oscar; así se ha demostrado una vez más. Era previsible que 12 años de esclavitud se hiciera con la estatuilla a la mejor película del año, pues los americanos son muy dados a maltratar a los ciudadanos y después redimirse premiando actuaciones y films sobre la esclavitud, el racismo o las guerras. De hecho, dos de las favoritas del año parecía que iban a ser El mayordomo (que finalmente se quedó por el camino al éxito) y la que nos ocupa; en fin, sobre el triunfo de un negro en un mundo blanco. A la Academia de Hollywood parece que le encantan las películas que sacan a relucir su pasado más oscuro, para después, a modo de expiación, echarse las manos a la cabeza y loarlas. Una observación: las ediciones en que el ganador del Oscar al mejor director no se corresponde con el director de la “mejor película”, el film que ha ganado por mejor director suele ser el mejor del año, pero, por cuestiones políticas, la Academia siente la necesidad de premiar otra película, normalmente mucho más olvidable.

CONCLUSIÓN

12 años de esclavitud es un film correcto, pero no es ni el mejor del año ni, mucho menos, “una de las mejores películas de la historia”, como proclamaba la crítica que acompañó los trailers para televisión.

La nueva película de McQueen cuenta con algunas escenas “a lo Shame”, pero poco tiene que ver con aquella. Shame era íntima, cercana, mientras que 12 años de esclavitud es un film grande, con aspiraciones mucho más ambiciosas, que por lo contrario consigue resultados más desiguales. Aunque afronta el gran tema de la esclavitud desde una perspectiva personal, a través de la vida del protagonista y su particular odisea (como la obsesión de Fassbender en la aclamada Shame), la película peca de grandiosidad, y de un metraje más largo de lo que cuenta la historia. Lo cual se traduce en un guión repetitivo, a ratos cansino. Claro que 12 años dan para mucho, pero un guión mal aprovechado cae en la repetición de situaciones; podría contar más con menos.

A su favor, decir que se percibe el compromiso del director con la causa, y eso se traslada a la pantalla con un retrato no edulcorado de la esclavitud. Aun así, le sobran unos 45 minutos, que no sirven más que para rellenar y aburrir al espectador, cuando reduciendo el metraje se podría haber conseguido una película mucho más potente. Las poéticas escenas que en Shame (como en muchas otras películas más contemplativas e intimistas) invitan a la reflexión para dejar flotar la mente del espectador, en esta historia no tienen sentido, convirtiéndose simplemente en escenas vacías.

12 años de esclavitud
3.5Nota Final
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