En 2009 se dio a conocer con Staten Island (Little New York), y en 2013 nos sorprendió con el gran éxito de The purge: La noche de las bestias, una original combinación de acción, thriller y terror con el trasfondo de una fulminante crítica política y social que logró dejar boquiabierto a más de uno. Un año después, James DeMonaco vuelve con la secuela de ésta última, que pretende ser una especie de ampliación del universo de The Purge. Sólo que esta vez, por desgracia, no le ha salido tan bien.

Segundas partes nunca fueron buenas

Aunque con el tiempo hemos aprendido que en el cine este dicho no siempre es cierto (véase Paranormal Activity 2 o Los juegos del hambre: En llamas), en el caso de Anarchy es una verdad como un templo.

El problema de Anarchy: La noche de las bestias no es que no sea una película bien hecha, ni que no tenga buenas ideas. Si no se ha visto el film que le precede, es probable que el resultado sea satisfactorio y que cause el mismo impacto que causó The Purge. Pero Anarchy es una secuela y, evidentemente, gran parte de su público habrá visto la primera película. Ése es, paradójicamente, uno de sus mayores problemas, porque Anarchy tiene exactamente las mismas ideas, el mismo trasfondo y la misma crítica que The Purge, por lo que se hace algo repetitiva y a ratos hasta pesada. En esencia, lo único que cambia es el nivel en el que se produce la narración: en lugar de centrar la acción en una familia y en un espacio cerrado, decisión tremendamente acertada del primer film, Anarchy: La noche de las bestias sucede en las calles y se cuenta la historia de una ciudad, de una sociedad. El hecho de ampliar el universo de los personajes a un nivel más global provoca inevitablemente que el interés y la garra de la narración se vean desperdigados a lo largo y ancho del film; están ahí, y de vez en cuando nos topamos con ellos, pero cuestan de encontrar.

Aun siendo imposible tratar Anarchy como si fuera una película independiente, porque no lo es, a su favor podemos decir que si intentamos desprendernos del recuerdo del primer film, lo que vemos tampoco está tan mal. La idea de la distopía que presenta sigue siendo muy buena, y los dilemas morales que se plantean están bien construidos y tocan fibra.

Además, como película de acción que se dice que es, cumple las expectativas de persecuciones, tiros y héroes que se pueden esperar de ella, y eso está bien; lo que sí que no se puede aceptar es que se intente vender también como una película de terror, porque en este film no dan miedo ni las malrolleras máscaras que llevan algunos de los participantes de la purga. El ambiente claustrofóbico que se respiraba en la casa de The purge: La noche de las bestias aquí se pierde por completo, y los pocos sustos de Anarchy no son ni de lejos tan efectivos como con los que DeMonaco nos sobresaltó el año pasado.

Una película de momentos

Terminada la batalla The Purge vs. Anarchy, y centrándonos ya en esta última, ésta es la descripción más acertada de la película: momentos álgidos y trepidantes dentro de un film en general justo y con poca fuerza. La película avanza, la mayor parte del tiempo, más lentamente de lo que nos gustaría. Los momentos de acción están en muchas ocasiones muy separados entre sí, y la intensidad está rebajada por escenas de diálogo que más que profundizar en la trama, cortan un poco el rollo. Por eso, la película tiene dificultades para enganchar al espectador.

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