Tras su buena acogida en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) y su paso por la 61º edición del festival de Cine de San Sebastián, llega a nuestras pantallas el estreno de Caníbal. Donde el mal, el amor y el perdón se dan cita como ejes temáticos en esta reinterpretación del mito de La Bella y La Bestia dirigida por el almeriense Manuel Martín Cuenca, que co-escribe el guion junto a Alejandro Hernández, e inspirada libremente en el relato homónimo del escritor cubano Humberto Arenal. Como el propio Martín Cuenca escribe: “¿Hasta qué punto el amor puede cambiar el pasado, hasta qué punto puede redimirlo?”. Vamos a intentar descubrirlo pasando a despiezar la película como si del cuerpo de una de las víctimas del caníbal se tratase.

ARGUMENTO

Carlos es el sastre más prestigioso de Granada, pero también un asesino en la sombra. No tiene remordimiento, ni culpa; hasta que Nina aparece en su vida. Por ella, conoce la verdadera naturaleza de sus actos y surge, por primera vez, el amor. Carlos es el mal, inconsciente de sí mismo. Nina la inocencia. Y Caníbal la historia de amor de un demonio.

REPARTO

Antonio De La Torre asume el rol protagonista dando vida a Carlos, un solitario sastre granadino que, con la misma meticulosidad con la que teje; ejecuta, descuartiza y devora seres humanos. Una pulsión que se le presenta con especial avidez por aquellas personas a las que desea ya que, tal vez, comérselas sea su forma de poseerlas como sustitutivo del acto sexual al que, como se nos sugiere, se ve imposibilitado por algún tipo de trauma. El actor realiza una interpretación sobresaliente del sastre-caníbal, con una actuación contenida, en la que priman los silencios y donde los sentimientos se expresan a través del brillo, o la ausencia de él, en sus fríos ojos azules más que por sus palabras. Prueba de ello es la maravillosa secuencia que tiene lugar en la playa de Motril, cuando después de haber asesinado a una de sus víctimas, observa el mar, envuelto en la oscuridad de la noche, como si contemplase la nada absoluta y se preguntase por primera vez el porqué de sus actos.

Tras esta interpretación, sin duda, será uno de los favoritos para llevarse el galardón a mejor actor en la próxima edición de los premios Goya.

La actriz rumana Olimpia Melinte interpreta un doble papel, a lo Kim Novak en Vértigo (película de la que también encontramos reminiscencias), realizando el rol de las hermanas gemelas Alexandra y Nina. Dos caras de una misma moneda que representa con convicción cuando le toca asumir el rol de la sensual y atrevida Alexandra y, más convincente todavía, en el papel de la inocente Nina.

Por lo tanto, buen trabajo actoral y de dirección en lo que al apartado interpretativo se refiere. Bravo por ellos.

LA PELÍCULA

La película comienza con un plano fijo en el que contemplamos en silencio, desde la lejanía y en el transcurso de una noche cerrada, a una pareja detenida junto a su coche en una solitaria gasolinera. La cámara permanece inmóvil hasta que el vehículo de éstos abandona la gasolinera y salimos en su busca. Es entonces cuando descubrimos que hemos estado contemplando la situación desde los ojos de Carlos. Éste, tras esperar sigiloso observando a sus presas, arranca su todoterreno preparado para darles caza como así ocurrirá en el devenir de la secuencia que concluye con el despiece de los mismos en una cabaña situada en las montañas nevadas de la sierra granadina.

Esta secuencia inicial, maravillosamente rodada, sirve como resumen de las principales virtudes que encontramos en el nuevo largometraje de Martín Cuenca: encuadres precisos, ausencia de excesivos movimientos de cámara pero bien llevados a cabo cuando la narración lo requiere y una espléndida fotografía de los paisajes naturales de la ciudad de Granada. Es decir, ninguna fisura en lo que al acabado técnico se refiere.

Por otro lado, este thriller psicológico comparte algunas similitudes con las obras de Roman Polanski, maestro en la confección de este género. La contención, los silencios y el dejar respirar la historia para que el espectador pueda participar activamente en ella rellenando ciertos pasajes, son características que también podemos apreciar en el desarrollo de la película del director almeriense. Sin embargo, a nuestro juicio, falla a la hora de transmitir sensaciones y, sobre todo, emociones al espectador. Algo en lo que el realizador polaco es todo un experto.

Resulta paradójico que en una película intimista como esta, en la que el autor opta de forma deliberada por dar más presencia al conflicto interno del personaje protagonista que al conflicto externo, sean dos secuencias de acción, la inicial que hemos comentado y la que transcurre en la playa de Motril, las que sobresalgan del conjunto global del metraje.

Ya que, bajo nuestro punto de vista, el minimalismo de la obra llega a jugar a la contra de la misma provocando que se pierda la tensión y el suspense del relato. Algo a lo que tampoco ayuda la reiteración de algunas escenas en las que vemos al personaje de Carlos realizar, una y otra vez, sus labores como sastre. Lo mismo ocurre con el juego de miradas entre él y Nina. Puesto que, a base de recalcarlo, termina por erosionar el efecto que produce en los primeros momentos que comparten y que evidencia, con naturalidad, el enamoramiento de ambos. Dicha falta de tensión es achacable también a su anticlimático final. Puntos muertos que desmerecen el acabado global de la cinta y que impiden que el desarrollo de la historia se acerque al nivel que alcanza su factura técnica.

CONCLUSIÓN

Eludir el melodrama, reducir la historia a la mínima expresión, evitar las explicaciones, todo ello resultan decisiones deliberadas del director. Pero dicho proceso de sustracción nos lleva a que, por el camino, termine por perderse algo que se nos antoja clave para que la obra deje poso en el espectador: el corazón. Aunque existen retazos de dichos latidos, nunca los llegamos a sentir a flor de piel. Por eso abandonamos la sala con una sensación de haber visto una historia adulta, de bella factura y muy bien interpretada, pero que nos deja fríos como los gélidos paisajes de la sierra granadina en los que transcurre la trama.

Caníbal
2.8Nota Final
Puntuación de los lectores: (0 Votes)

Sobre El Autor

Redactor

Diplomado en Relaciones Laborales. Licenciado en Comunicación Audiovisual. Realicé el máster de “Guión de Ficción de Cine y TV” de la Universidad Pontificia de Salamanca. Entre principios del año 2009 y finales del 2011 he asistido a diversos cursos del Centro Galego de Artes da Imaxe como “El Cine de Jean Luc Godard” impartido por el director y profesor de Cine Paulino Viota; “El Cine de Alfred Hitchcock” impartido por el doctor en Historia de Cine José Luis Castro de Paz y “El cine de Luis Buñuel” impartido por Julio Pérez Perucha presidente de la Asociación Española de Historiadores de Cine, entre otros.

Artículos Relacionados