James Ward Byrkit se ha arriesgado con el guión y la dirección de su primer largometraje, Coherence, un inusual thriller de ciencia ficción. Con un reparto modesto de caras poco conocidas y una puesta en escena nada pretenciosa Byrkit consigue adentrar al espectador en una interesante paranoia cuántica que si bien provoca algún desencanto apunta a maneras.

Una vuelta de tuerca a la clásica cena entre amigos

El punto de partida es la clásica cena de amigos donde por A o por B se acaban aireando los trapos sucios y descubriendo los secretos de los personajes. El detonante en este caso es el paso de un cometa cerca de la Tierra, que misteriosamente afectará a las vidas de los amigos reunidos.

El enfoque en la dirección, cámara en mano, siempre tan cerca de los personajes que parece que estés ahí y la llaneza de las interpretaciones le dan a la historia una agradecida dosis de naturalidad y credibilidad. Con pocos medios Byrkit ha sabido sacar provecho de todos los elementos para crear tensión, especialmente del tratamiento de la iluminación que sin duda es clave para creación de la atmósfera del film.

Coherence es un film de ciencia ficción que carece de todos los tópicos que conforman el género. No está ambientada en el futuro, no hay robots, ni alienígenas ni animales monstruosos, no se basa en una situación post-apocalíptica y no hay ningún desastre natural. Lo que si contiene es una serie de sucesos paranormales, aunque según las leyes de la física cuántica, esos extraños sucesos podrían no ser en absoluto anormales. Así se establece una atractiva dicotomía entre lo que podría ser tanto una premisa de ciencia ficción como una pluri-realidad cuántica. El trasfondo de las teorías científicas y filosóficas aporta un valor añadido al argumento y lo hace más interesante especialmente para los espectadores que disfrutan dándoles vueltas al coco.

Rizar el rizo

La sencillez de la puesta en escena y la naturalidad que respira el film contrastan totalmente con el complejo argumento. Byrkit consigue que el espectador no pierda el hilo por el camino, tarea nada fácil dado el tema. Sin embargo, no consigue abstenerse de rizar el rizo y a medida que se complica la cosa ya se ve venir que no hay posible conclusión que te vaya a dejar satisfecho. Eso si, el bucle no se alarga hasta cansar ya que acertadamente el largometraje tiene una duración de 89 minutos.

La falta de una conclusión o un cierre ingenioso hace que la magia del argumento se quede en una filosofada sin más, aunque posiblemente sea lo que el director buscaba, ya que un final de impacto habría también acabado con la seductora dicotomía entre realidad y ficción, pues no existe una respuesta, ni siquiera teórica, a las consecuencias de los acontecimientos que se narran.

El modesto reparto y los personajes

La película cuenta con 8 únicos personajes, todos encarnados por actores sin grandes referencias cinematográficas pero que consiguen hacer creíbles sus papeles. Sin duda, las relaciones entre los personajes y su actitud frente a los hechos son una pieza clave del film pues son ellos quienes conducen al espectador a través de la deducción sobre lo que está pasando.

Desafortunadamente tanto los personajes como sus historias personales, que componen las subtramas, son flojas, poco originales y muy predecibles. A nivel de personajes, que estos sean corrientes y poco interesantes ayuda a la naturalidad, pero que sus secretos e historias sean sosas y tópicas rebaja la calidad del guión.

Em (Emily Baldoni), el personaje protagonista, está un tanto más desarrollado, pero sin imaginación alguna. La verdad es que cualquiera podría haber sido el protagonista, que solo se diferencia de los demás por ser la única que parece conseguir descifrar las claves de las nuevas reglas del juego. Y es ella, quien atormentada por su mundo interior acaba por alterar el curso de los acontecimientos de una manera inesperada. El resto de personajes tiene una importancia más o menos equitativa y se mantiene un buen equilibrio entre sus intervenciones. Entre los papeles masculinos destaca el del anfitrión de la casa (Nicholas Brendon) que también lucha contra sus fantasmas, de nuevo poco originales.

En conclusión Coherence ofrece un enfoque naturalista a una situación sobrenatural, abriendo el debate filosófico a la posibilidad de que lo que se etiqueta como sobrenatural en este caso, pudiese no ser más que parte de una realidad que no alcanzamos a comprender en la totalidad de sus dimensiones.

Una película que habla de física cuántica en formato thriller y que en conjunto funciona bastante bien. Seguramente decepcionante para quienes valoran la ciencia ficción según la magnitud de sus efectos especiales, pero sin duda una positivamente sorprendente nueva incorporación al minúsculo subgénero del thriller filosófico.

Coherence
Una película de ciencia ficción distinta, enfocándose al thriller filosófico y no al uso de efectos especiales.
Guión6.5
Reparto7
Dirección7.5
Lo mejor
  • La austera pero altamente efectiva puesta en escena
  • La naturalidad que te arrastra dentro de la historia
  • La inevitable pregunta ¿y si fuese así?
Lo peor
  • El giro final
  • Las subtramas de los personajes
7Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
8.5

Sobre El Autor

Redactora

Guionista que hace lo que puede por subsistir sin perder la ilusión. Amante de las películas de personajes, de los planos secuencia y del cine de todo tipo excepto de terror. Me cagué de miedo con el Resplandor. Me gusta la tonadilla de Movierecord, no me gustan los remakes y nunca entenderé las traducciones de ciertos títulos.

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