Cormac McCarthy, ganador del Premio Pulitzer de ficción por su novela La carretera (2006) y escritor de otras tantas como No es país para viejos (2005) o Todos los hermosos caballos (1992) (por la que también ganó el National Book Award) se ha acostumbrado a que sus títulos traspasen el papel para, de la mano de los hermanos Coen o John Hillcoat, acabar adaptándose en la gran pantalla. En El consejero, sin embargo, la ecuación cambia y McCarthy opta por saltarse intermediarios escribiendo por primera vez su propio guión cinematográfico al que un grande de Hollywood, como es Ridley Scott, da vida.

ARGUMENTO

El consejero, cuya correcta traducción al castellano sería “El abogado”, narra la historia de un personaje sin nombre propio (Michael Fassbender) y dedicado a la abogacía que, por falta de recursos económicos y con el fin de darle una vida de lujo a su recién prometida Laura (Penélope Cruz), decide introducirse en una operación de narcotráfico en la frontera de Texas con México. Para ello cuenta con la ayuda de Reiner (Javier Bardem), un magnate propietario de clubs nocturnos experto en lidiar con asuntos fuera de lo legal, y de Westray (Brad Pitt), personaje volátil que colabora en la operación. Todo se complica cuando Malkina, la furtiva amante de Reiner, mete las garras, desmoronando por completo el mundo de todos los personajes.

REPARTO

Michael Fassbender, Javier Bardem, Penélope Cruz, Cameron Díaz y Brad Pitt conforman el pentagrama de personajes marca Hollywood de la nueva película de Ridley Scott. Encargado de acarrear con el título de la misma, Fassbender, el consejero, se consolida en una versátil actuación a la que ya nos tiene acostumbrados. Repitiendo con Ridley Scott (Prometheus), Fassbender encarna a un personaje ambiguo, situado entre la frontera de lo que es o no moral y que presenta una dramática evolución muy lograda en términos interpretativos.

Por otro lado, con sombrero tejano y pelo largo, Brad Pitt interpreta en su pulcra línea, a Westray, personaje plano al que no nos hace falta conocer del todo para ubicarlo en la trama. La frialdad que rodea al consejero Fassbender y a Brad Pitt, se contrapone a un Javier Bardem encargado de dar vida a Reiner, el moreno rostro del narcotráfico. Con una extravagante caracterización perteneciente al imaginario del hispano-narcotraficante, Bardem hace suyo al personaje demostrando una vez más su capacidad camaleónica.

En cuanto a la parte femenina, Penélope Cruz y Cameron Díaz nos sitúan en el sobado tándem virgen frente a puta (respectivamente). De este modo, Cruz se convierte en Laura, el único personaje estrictamente moral e inocente del filme mientras que Cameron Díaz es la famélica y ambiciosa Malkina. Una transfiguración de la femme fatale que ya no es pantera sino gueparda. En cuanto al reparto secundario, rostros como Bruno Ganz, Rosie Perez, Édgar Ramírez… terminan de poner la guinda en un pastel de valiosos ingredientes, quizás, mal desplegados.

LA PELÍCULA

Desde sus más tiernos inicios, el séptimo arte ha estado irremediablemente ligado a la literatura por compartir ambos la cualidad de contar historias. Sin embargo, a diferencia de la prosa, el cine no sólo narra, también muestra, por lo que la sinestesia entre palabra e imagen ha de ser armónica permitiendo al cine explotar sus propios recursos. Por todo esto, cuando se trata de trasladar una novela a terreno fílmico, la literatura no debe ganar a la imagen sino que es ésta la que tiene que primar sobre la verbalización conformando un nuevo lenguaje.

Cuando los Coen adaptan la novela de McCarthy, No es país para viejos, son las imágenes las que nos permiten penetrar en el en universo prosístico mostrándonos visualmente lo que Cormac escribió en papel. El director de Blade Runner, sin embargo, no logra la armonía ideal, las palabras pesan demasiado durante todo el largometraje y asfixian a una imagen a la que sólo se la deja respirar en las dos mejores escenas del film: el frío y metódico asesinato y la ardiente relación mecafílica, que dan un atisbo de esperanza al cine de Ridley Scott.

Pero El consejero no es una adaptación. McCarthy escribió un guión cinematográfico que parece funcionar más leído que en pantalla y lo que podría ser una historia trepidante se convierte en un ametrallamiento a base de discursos morales que no dejan lugar para la reflexión personal anulando su significado al tratar de imponerlo con calzador. Las escenas agotan y su aparente profundidad acaba por tornarse falsaria rayando incluso lo paródico: hasta el jefe del cartel mexicano da lecciones de vida empleando a Machado. Esto genera un distanciamiento que ni el elencazo de actores es capaz de paliar.

Por otro lado, McCarthy y Scott optan por eliminar el tópico suspense y la predictibilidad de la película juega en este caso a su favor, ya que nos sitúa en un punto privilegiado dejándonos disfrutar de la crueldad mccarthyianas que combina fríamente violencia, sexo y crítica al capitalismo con la idea americana de la forja del propio destino.

CONCLUSIÓN

El consejero rompe con el imaginario del narcotráfico al que el cine nos tiene acostumbrados y trata de ir más allá buscando lo bizarro y extremo. Pero esta innovación queda sepultada bajo una montaña de palabrerío que, además de desaprovechar las imágenes, pretende sin éxito, ser profundo convirtiendo a El consejero en una pseudo-parodia de lo que podría llegar a ser.

El consejero
3.3Nota Final
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Sobre El Autor

Redactora

Estudio Comunicación Audiovisual en la UPF por lo que no es muy difícil deducir que me gusta el cine y la television (el buen cine y la buena televisión, mejor dicho). En el futuro ganaré un Oscar pero, mientras tanto, me dedico a escribir críticas en SOS Moviers. Y eso es todo amigos.

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