“He conocido a malas personas en mi vida. Hablo de estrellas de rock, atletas profesionales, gángsters… Les aviso, tipos malos. Pero este tipo, mi buen amigo Jordan Belfort, es el peor que he conocido.”. Generalmente cuando a una película le acompaña el epígrafe que reza “basada en hechos reales” suele suponer, en la mayoría de ocasiones, que la historia que se va a narrar tiende al melodrama y que si se ve dotada de un mínimo de calidad es muy posible que se vaya a ver galardonada por algún premio de crítica o público. La última película de Martin Scorsese sigue la estela de películas como Dolor y dinero o Phillip Morris ¡te quiero! y a pesar de narrar sucesos reales (y trágicos) lo hace desde la comedia. Nada mejor para ilustrarlo que advertir que la cita que inicia este párrafo está dicha por el propio Jordan Belfort, personaje protagonista que interpreta Leonardo DiCaprio en El lobo de Wall Street, que hace un cameo en este largometraje.

ARGUMENTO

Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio) es un joven ambicioso que cuando conoce a Mark Hanna (Matthew McConaughey) entiende que puede existir una fórmula no demasiada complicada para conseguir dinero. Tras descubrir en otra empresa que, efectivamente, con las lecciones de Hanna y su destreza puede conseguir efectivo de manera fácil decide abrir, con el apoyo de un desconocido llamado Donnie Azoff (Jonah Hill) su propia empresa de brokers y con ello comienza una progresión en nivel de vida únicamente comparable a su degradación vital.

REPARTO

¿Existe todavía alguna persona que no esté convencida de que Leonardo DiCaprio es uno de los mejores actores de su generación y de la actualidad? Interpretando a Jordan Belfort, DiCaprio se ve obligado a adoptar diferentes poses y caracterizaciones a lo largo de las tres horas que dura el film. Desde el intimidado y emprendedor joven que conocemos en el prólogo, hasta el histriónico desmadrado (con su particular progresión) en el que acaba transformándose, pasando por uno más paranoico (afectado por las drogas) e incluso demostrando que está suficientemente dotado para el slapstick en una de las secuencias más memorables de film, el antaño ídolo juvenil demuestra que está de dulce.

Destacar también a un Jonah Hill que se encuentra en un rol similar al de Moneyball (incluso en el look) pero pasado por un filtro de desfase y descontrol. Matthew McConaughey a pesar de solo salir durante 10 minutos, ocupándose de ser el mentor de Belfort, hace méritos suficientes como para que el espectador desee que se realice una película protagonizada por él. Mencionar también a Kyle Chandler que se ocupa de interpretar al agente de policía que anda detrás de Jordan Belfort, y que como antagonista lo es hasta en el estilo interpretativo. Su pausa y carácter comedido choca con el resto de elementos de la película, algo que se hace evidente en la magnífica secuencia que transcurre en el yate de Belfort.

LA PELÍCULA

En la entradilla mencionábamos que El lobo de Wall Street sigue la tendencia que marcó el año pasado Dolor y dinero pero las similitudes con esa película no quedan ahí. Siguiendo una estructura muy similar la película de Scorsese nos cuenta la historia de Jordan Belfort, una especie de Jesucristo moderno que debe convencer a sus cientos de apóstoles de que la religión de la selva de la bolsa es la que deben seguir. La diferencia entre la historia del culturista ambicioso interpretado por Wahlberg y la del corredor de la bolsa predicador interpretado por DiCaprio es que la primera contenía a la mitad de la película la clásica secuencia de montaje en la que a sus personajes todo les empieza a salir bien y disfrutan de los privilegios que nos tememos, más temprano que tarde, perderán. El lobo de Wall Street no contiene esa secuencia. Es esa secuencia durante tres horas.

Si el arte de hacer un trailer consiste en reunir aquellas escenas más impactantes o destacables de una película, elaborar el de El lobo de Wall Street habrá sido uno de los trabajos más fáciles jamás creados. O todo lo contrario. En el desarrollo de la mayor parte de las historias llega un momento, que muchos manuales de guion definen como “crisis”, en la que los personajes ante el desarrollo de los acontecimientos y tras haber tenido un aviso serio deciden replantearse las cosas y tratar de alcanzar su objetivo. Jordan Belfort es un personaje que decide no aceptar esa crisis. De los casi 180 minutos que dura el film, exceptuando los primeros 15-20 minutos (el prólogo y el origen de Stratter Oakmont), el resto no dejan de ser pequeñas crisis que Belfort no deja de ignorar. Mientras tanto, el desfase sigue aumentando hasta limites insospechados.

Teniendo en cuenta que Jordan Belfort es el “mejor entrenador en ventas”, no sería descabellado pensar que toda la historia está manipulada a través de su perspectiva. Al fin y al cabo, ¿quién mejor para vendernos una historia que él? Más allá de la voz en off o que en ocasiones el personaje interpretado por DiCaprio se dirija directamente al espectador, recordándonos que él es el narrador, un detalle tan nimio como que al inicio de la película, cuando comienza con su historia, el color de su coche cambie cuando él lo rectifica, hace inevitable que se nos pase esta teoría por la cabeza que, en cualquier caso no afectaría demasiado a la historia que Martin Scorsese y Terrence Winter (guionista de Los Soprano y de Boardwalk Empire) nos quieren contar. La de un tipo cuya ambición y codicia solo se ve superada por sus adicciones (drogas, sexo o simplemente aplausos).

CONCLUSIÓN

A pesar de todas las desgracias que le puedan suceder a Jordan Belfort y lo fácil (y hasta cierto punto coherente siguiendo la estela de este tipo de historias) que hubiese sido finalizar la película castigando al falso profeta que acabó convirtiéndose en Judas, Terrence Winter y Martin Scorsese nos cuentan a través de una pequeña secuencia protagonizada por el agente Patrick Denham que transcurre en el metro, que el personaje interpretado por DiCaprio es el único ganador del film. Al menos, él ha podido disfrutar del viaje. Y nosotros con él.

El lobo de Wall Street
5.0Nota Final
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Sobre El Autor

Redactor

Odio a la gente que habla en el cine. Y a la que hace ruido comiendo. Y a la que sacan el móvil para mirarlo en mitad de la película. Y a la que hace cualquiera de estas cosas fuera del cine. Y a las que no.

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