Si para juzgar ideologías al salir del cine estuviéramos, La legión invencible no se recordaría por ser obra del tuerto que hacía películas del oeste. Leni Rifenstahl no se estudiaría en escuelas de cine, sería únicamente la documentalista de Hitler. Acorralado no se mantendría como la vibrante película de acción y aventuras que es, y que de paso denunciaba el desamparo de los veteranos de guerra convertidos en máquinas de matar por un Gobierno que luego les ignoró a conveniencia. Las nombradas son muestras de cine inequívocamente militarista, al igual que el título que nos ocupa (que ya podría ir precedido por la palabra spoiler) pero ese no debería ser el motivo de debate aquí. Porque, si de cine hablamos, no es tanto lo que se nos vende sino cómo se nos vende.

ARGUMENTO

En la guerra de Afganistán, a una tropa de marines capitaneada por Marcus Luttrell (Mark Wahlberg) se les encomienda la peligrosa misión de liquidar a un líder talibán oculto en una aldea. La incursión no tardará en complicarse más de lo esperado…

REPARTO

Mark Wahlberg vuelve a enfundarse el uniforme de marine como ya hiciera en la lúdica Tres reyes. Aquí cumple como buen recluta, pero gran parte de la película se la pasa guerreando, lo que no le permite abarcar demasiados registros. Lo mismo se puede decir del resto de la tropa: Mark Strong, Eric Bana y compañía se dedican a ejercer de percha de sus uniformes, en personajes planos que serían completamente inexistentes de no estar interpretados por estrellas de su calibre.

LA PELÍCULA

Una secuencia: unos pastores afganos capturados por el grupo de marines, el dilema de si deshacerse de ellos a sangre fría o poner en peligro el objetivo militar… Primer y único momento donde se nos interroga moralmente como espectadores. ¿Qué haríamos nosotros? El resto del metraje viene enconsertado entre dos montajes de imágenes de estética amateur para que no se distingan de las reales y que evidencian las verdaderas intenciones de El único superviviente.

En el primero, el cansino cartel de Basado en hechos reales acompaña al duro pero emotivo entrenamiento de marines novatos ganándose los galones y sintiendo en sus progresivamente curtidas pieles el peso de hermosas palabras como “camaradería”, “honor”, “lealtad” y demás. Imágenes que aún no sabemos si debemos tomarnos como una llamada al alistamiento o como una ironía que el avance de la película puede poner en evidencia como si de El Sargento de Hierro se tratase.

Pronto El único superviviente se convierte en otra de grupo acosado por enemigos mortales casi invisibles que van mermando en número a la plantilla de héroes. Ya lo vimos en la mucho más angustiosa La presa de Walter Hill, pseudo-remake ochentero de La patrulla perdida de, mira por dónde, John Ford. Nada que objetar porque el espíritu aventurero podría salvar esto de la quema. Peter Berg sabe rodar las secuencias de acción, colocar la cámara y darle ritmo para que la función no decaiga. Arropado por su equipo técnico, el espectáculo se mantiene entre disparos, explosiones, heridas estremecedoras y saltos al vacío. Eso sí, ni rastro de la posible autoría que se intuía en su debut con la negrísima y radical comedia Very bad things.

Lamentablemente a medida que avanza el metraje, las fanfarrias militares aumentan sospechosamente en volumen, las frases de sus menguantes protagonistas se vuelven más escuetas como si de eslóganes publicitarios se tratara. Hasta que llega el último tramo con su consabido único superviviente malherido enfrentado a lo más crudo, a la espera de ser rescatado por el Séptimo de Caballería. Y por si quedaba alguna duda, finalizada la aventura, llega el otro agotador montaje de imágenes: como no podía ser menos en el Hollywood basado en hechos reales, los protagonistas reales junto a su reflejo en la ficción. Ya no hay duda sobre qué nos están vendiendo: una llamada a filas en toda regla. No hay ironía, mucho menos cinismo, su supuesta carga crítica es endeble a más no poder, hemos asistido a un spot publicitario de más de dos horas. Una exaltación de la bravura y lealtad a prueba de balas de los marines por encima de la hipocresía de despachos y politiqueos. Un mensaje aceptable o no, esa no es la cuestión, eso no mide la calidad de El único superviviente como película…

Estamos en el tercer milenio avanzado, el efecto de las Torres Gemelas ya no es suficiente y otras películas más ambiguas en su sinceridad (ahí están las incursiones en el género de Kathryn Bigelow, Ridley Scott, Paul Haggis, De Palma y un sin fin) se han encargado de poner en entredicho los valores del estamento militar en guerras organizadas por los de más arriba. El único superviviente trata torpemente de cubrirse las espaldas mostrando que entre los afganos también los hay buenos y malos: los buenos son los que ayudan a los marines y los malos, el resto. Nada que ver con las contradicciones que dejaban caer ocasionalmente los relatos guionizados por el también militarista y además loable cineasta John Millius. Como lejos también quedan los tiempos de Rambo 3 o la muy apreciable La bestia de la guerra, donde los talibanes eran entonces sufridos luchadores contra los más malvados soviéticos. El Bien y el Mal viene a ser un punto de vista norteamericano.

CONCLUSIÓN

El único superviviente termina por fusilar todas sus posibles virtudes (las que tiene todo relato aventurero de escasas concesiones) no en base a su ideología, sino porque la pretensión de los responsables de esta oda al valor y el sufrimiento militar es obligarnos a comulgar con ella a punta de metralleta. Desconocemos cómo son las cosas en Estados Unidos pero en nuestro país, si las campañas de marketing descaradas que apelan a valores (los que sean) hace tiempo que se toman a cachondeo, la llamada a filas de El único superviviente difícilmente puede tener alguna efectividad más allá de entretener. Cosa que Peter Berg sólo consigue esporádicamente porque lo que no es propaganda es ruido y furia, como si a base de marear la doctrina entrara mejor.

El único superviviente
1.5Nota Final
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Sobre El Autor

Redactor

Marcado por los 80, aquella época mitificada por tantos cinéfilos que hoy vamos de listillos en la que sólo había dos canales de tele y sospechábamos que la peli buena era la que tenía dos rombos porque nos mandaban a la cama. A falta de redes sociales, y siendo pésimo jugador de fútbol-plaza, me refugiaba en sesiones de tarde dobles que proyectaban, en inmensas pantallas que aparecían tras una doble cortina, espectáculos en celuloide rayado. No era de los que rebobinaban las cintas VHS antes de devolverla al videoclub, porque yo tenía un video 2000 y cuando aprendí a manejarlo ya no se alquilaban estrenos para dicho sistema. Y, a diferencia del grueso de chavales ochenteros que querían ser cineastas, mi modelo no era Spielberg. Soy de otra mayoría, la que prefería a Clint Eastwood porque no entendía la moraleja de sus películas y así me parecían más interesantes.

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Una Respuesta

  1. Amadordor

    Se ve un discurso político clarísimo!!!! Pero no en la película, el discurso político está en la crítica a la película!!!!!