La Venus de las pieles es la nueva película del director polaco Roman Polanski. El multipremiado autor de películas como La semilla del diablo, Repulsión o la más reciente Un dios salvaje regresa con una obra sugerente basada en la obra de David Ives Venus in Furs.

ARGUMENTO

Thomas es un escritor que está a punto de dirigir su primera obra teatral. La obra consiste en una adaptación de la novela Venus in Furs de Leopold Von Sacher Masoch. Tras pasar toda la mañana realizando audiciones a varias actrices para el papel principal, éste se encuentra algo desesperado ya que ninguna de ellas parece la adecuada. Es entonces cuando por la puerta aparece Vanda, una actriz que, a priori, parece de segunda pero que viene dispuesta a demostrar que está bien preparada para hacerse con el papel.

REPARTO

Dos son los protagonistas únicos y absolutos de la película. Emmanuelle Seigner y Mathieu Amalric se encargan de llevar sobre sus espaldas todo el peso de la obra. Un trabajo espectacular el de los dos actores. La inquietante evolución de Vanda, desde lo más bajo hasta las alturas más celestiales que arrastra con su fuerza a Thomas, un director quien tras librarse de las reticencias iniciales se deja llevar por sus más íntimos deseos. Un juego de sutilidades, tensiones, anhelos y apetitos que son ampliamente extendidos sobre el escenario a través de ambos actores creando un ambiente extremadamente sugestivo.

LA PELÍCULA

La piel es un elemento capital en la película que nos ocupa. No ya sólo por estar en el título y ser un mero elemento descriptivo del cuadro que inspiró la obra inicial, sino porque el juego de pieles que se establece durante el metraje es abrumador.

Por un lado se encuentra el lado más táctil. La sensorialidad que se desprende es enorme desde el plano secuencia inicial hasta el final. Juegos de roces incitantes que despiertan una sexualidad siempre sostenida jamás expuesta abiertamente. Polanski muestra sin mostrar, da y quita, sabe crear ansia sin necesidad de exhibición alguna. Una piel que evoluciona según la iluminación recibida en cada momento. Una iluminación que la propia Vanda sabe como construir. Una iluminación lujuriosa que acompaña a una fotografía poseedora de una gran intensidad.

Por otro lado está la piel como revestimiento. La piel se dilata y se expande de tal modo que es capaz de cubrir varias almas en un mismo cuerpo. La turbadora mezcla de identidades que Roman Polanski nos ofrece es magistral y obliga a preguntarnos a quien estamos viendo realmente en pantalla. Está claro que los actores son quienes son pero ofrecen, además, ciertos matices imposibles de obviar. El más flagrante es el caso de Mathieu Amalric. Representa a Thomas pero debido a su enorme parecido físico con el director de la película obliga a pensar que podríamos estar viendo a Polanski en su papel de director o yendo mucho más allá, podríamos llegar a ver que Thomas además de director se puede convertir en el propio protagonista de la novela de Masoch. Varios cuerpos bajo una misma piel. Desconcertante e interesante son calificativos que saben a poco ante dicha exposición.

Vanda, otro cuerpo con varias identidades. Emmanuelle Seigner, esposa del director interactuando con un actor de extraordinario parecido con Roman Polanski. El juego de dominios y sumisiones resulta apasionante si se deja volar la imaginación hasta el punto en que se torna difícil dilucidar si lo que se ve es ficción o un posible reflejo de realidad. Pero en los rincones de la piel de Vanda hay más cuerpos. Es una actriz primeramente pero podría ser que estuviéramos viendo una musa que viene en salvación del director o incluso la propia Afrodita que sigue apareciéndose a mortales. La Venus ante un espejo en primer plano que refleja sus labios rojos tentadores, o unos pies, también en primer plano, perfectos enfundados en unos espectaculares zapatos negros.

Vanda es una diosa grandiosa, como vemos en la escena de su aparición de las oscuridades realizando un baile carnal que tiene mucho de tintes rituales, o es sencillamente un castigo para el autor. Sigue siendo complicado encontrar una solución acertada. Pero ésta es en gran parte la magia de la película. Rodada casi en un espacio único y claustrofóbico, como suele hacer Polanski por otro lado, resulta extraordinario y emocionante comprobar la cantidad de matices, historias, cuerpos y sensualidades que el director es capaz de mostrar.

CONCLUSIÓN

La Venus de las pieles es un artículo de gozo sensorial. Polanski desata deseos escondidos. Sí, puede que quizás no estén tan escondidos, pero sí son deseos al fin y al cabo. Se deja ir y crea una obra apasionante que se mueve entre fetichismos, vicios, poderes y masoquismo, todo ello envuelto por una fuerte capa de humor que no hace más que acrecentar el deleite del espectador ante una obra de espectacular lucidez.

La Venus de las pieles
4.3Nota Final
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Sobre El Autor

Redactora

El silencio de Vulnavia me inspiró. Más tarde Marlene y El club Silencio. Desde entonces he estudiado producción, dirección y crítica cinematográfica, pero sigo andando por el camino de baldosas amarillas.

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