Adaptación cinematográfica de los capítulos 1 y 2 de la novela gráfica francesa Le bleu est une couleur chaude (Julie Maroh, 2010), La vida de Adèle es el nuevo film del director tunecino Abdellatif Kechiche, después de la multipremiada Cuscús (2007) y Venus negra (2010). La película, ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes 2013, ha tenido hasta el momento muy buen recibimiento por parte de la crítica y una buena acogida por parte del público. La gran historia de amor que se nos promete, sus dos encantadoras protagonistas y las polémicas escenas de sexo que contiene ya son motivos de sobra para ver la película, pero os aseguramos de antemano que hay muchísimos más.

ARGUMENTO

Adèle es una adolescente que lleva una vida normal y corriente: el instituto, su familia, sus amigos, sus aventuras amorosas y sexuales y sus respectivas decepciones. Cuando conoce a Emma, una atractiva estudiante de Bellas Artes con el pelo azul, todo su mundo cambia por completo. Ante el deseo que siente hacia ella, Adèle se ve obligada a replantearse cosas que hasta ahora creía tener claras y, de la mano de Emma, inicia un viaje de descubrimiento personal que le aportará alegría, placer, decepciones, tristeza y, por encima de todo, amor, mucho amor.

REPARTO

Seguramente una de las gracias de la película son sus intérpretes: la mayoría de los actores secundarios que aparecen son poco conocidos, aportando al film un punto de frescura muy agradable, además de muy correctas interpretaciones. Pero si hay algo a destacar en La vida de Adèle es que es una película de dos. Léa Seydoux (segura de sí misma y con un potentísimo personaje), como Emma, y Adèle Exarchopoulos (con poca experiencia pero mucho talento, una belleza diferente y una voz hipnotizante), como Adèle, forman una pareja interpretativamente impecable, que nos deja pegados a la butaca y con ganas de más, de mucho más. Jovencísimas, naturales y muy espontáneas, estas dos actrices nos brindan actuaciones brillantes y nos transmiten el palpable feeling que existe entre ellas, haciéndonos sentir que esta película está escrita sólo para ellas, y para nadie más.

Hasta nos atrevemos a decir que hasta ahora nadie nos había emocionado de la misma manera que lo hacen ellas. Nadie ha llorado, reído o gritado como lo hacen ellas. Y nadie ha hecho el amor como lo hacen ellas. Porque todas las escenas de sexo que comparten (difíciles donde las haya, todo hay que decirlo) las bordan, haciéndonos querer sentir lo que ellas sienten.

Cabe destacar, además, que el director ha hecho un trabajo de diez en la naturalidad de las actrices; éstas no tienen absolutamente ningún pudor, ni dentro ni fuera de la cama, y hasta el gesto más anti-glamour (ponerse bien los pantalones, quitarse un bicho del pelo o masticar unos spaghetti) nos resulta el más atractivo del mundo.

LA PELÍCULA

El film de Kechiche, como ya notamos en el trabajo interpretativo, nos explica una bellísima historia de amor a través de un realismo y una naturalidad extremos. Tiene momentos de clímax, pero también está lleno de momentos de la vida cotidiana de nuestras dos protagonistas. Pero precisamente eso es uno de los puntos fuertes de la película: consigue mostrar los gestos más comunes, los que realizamos en nuestro día a día, de la manera más bella, haciendo que parezcan de todo menos una rutina. Es necesario destacar el abundante uso que hace Kechiche de primeros y primerísimos primeros planos: curioso, algo extraño a la vista, pero a la vez sorprendentemente acertado, mostrándonos detalles de las actrices que no esperábamos (y agradecemos) ver. Lejos de ser pesado, y a pesar de tener mucho metraje, el film no deja de fluir y nos lleva de momentos intensos a momentos calmados con una gran facilidad, casi sin que nos demos cuenta.

Hablando de intensidad, ésa es otra de las cosas con las cuales la película no se queda nada corta. La vida de Adèle tiene momentos intensos por doquier, tanto de risa como llanto, perfectamente llevados por nuestras protagonistas. Cuando ellas ríen, nosotros estamos contentos; cuando ellas lloran, se nos humedecen los ojos y se nos encoge el corazón. Y si ellas se pelean, sufrimos mucho, aguantamos la respiración, convirtiéndose éste en el momento emocionalmente más difícil de soportar.

Aunque el tema que predomina en la película es, evidentemente, el amor, el director también nos lleva por caminos secundarios, como son el descubrimiento del sexo y del propio cuerpo, las decepciones vitales e, inevitablemente, la soledad, acompañando a Adèle en el descubrimiento que hace si misma a lo largo del film, ya no como lesbiana, ni como amante, sino como persona.

Pero, aunque el amor es el protagonista indiscutible de esta historia, no nos podíamos olvidar de otro de los grandes presentes, en este caso inseparable del primero: el sexo. Adèle tiene distintas experiencias sexuales a lo largo de su vida, pero ninguna equiparable a las que tiene con Emma. Es tal su importancia que el director ha querido mostrárnoslo de manera directa, sin tapujos ni vergüenzas. Así, se atreve a brindarnos preciosas escenas de sexo que, lejos de incomodar, nos hipnotizan y nos acercan a las protagonistas, haciéndonos sentir su placer; escenas muy explícitas en las que lo físico es precisamente lo menos importante.

Para terminar, es importante hacer una mención a la reflexión que la película de Kechiche nos propone sobre la aceptación de la homosexualidad, tanto por parte de los que nos rodean como, sobretodo, por parte de uno mismo. Reflexión, algo fácil y predecible, pero no por eso menos importante, que aún es tristemente necesaria en nuestra sociedad.

CONCLUSIÓN

Si tuviéramos que resumir La vida de Adèle, diríamos que es un film sorprendente, emocional, delicado y, a pesar de tener momentos agridulces, positivo; sin lugar a dudas, uno de los imprescindibles de este año.

La vida de Adèle
4.8Nota Final
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