Desde que los Simpson se volvieron un poco más americanos que de costumbre (dotándole a las nuevas temporadas un fuerte estilo slapstick), se hicieron más urbanos y atados en la corriente moderna, la audiencia compuesta en fieles seguidores dejaron el programa y ya no clamaban con entusiasmo la necesidad de un film. Pero una oportunidad así no se puede perder, y la serie amarilla tuvo su concreción a la pantalla grande siendo tal vez demasiado tarde si registramos la calidad mediocre de las últimas temporadas, pero en una visión retrospectiva el tiempo es el correcto.

Podemos achacar la ausencia de creatividad el rendimiento discordante de las actuales emisiones televisas de esta familia, pero no es menos cierto que Los Simpson se ha de adaptar a las situaciones del momento, y transformarse. Antes Springfield se desempeñaba como una ciudad popular pero modesta y fuera del epicentro del país, y ahora concibe la misma urgencia de ir a la velocidad luz tal cual sucede en la cosmopolita de Nueva York. Los Simpson son más que nunca personas urbanitas, que prestan mucha atención a la tecnología, el lujo, la música actual, se centran en el humor estadounidense y despiden tantas estrellas y homenajes del espectáculo hasta el hastío. Sencillamente pasaron a un brillo más corporativo (véase el artículo publicado en SOS Moviers Opinión: Una razón social por la cual Los Simpson de ahora no son los de antes), lo cual las expectativas son pobres cuando se estrena el filme. Sorprendentemente, no solo consiguió una excelente taquilla, pero es mucho mejor de lo esperado.

ARGUMENTO

Homer ha comprado un cerdo como mascota nueva, de la cual sus necesidades han colmado un sanitario que Marge pide que se deshaga de él. Homer accede a regañadientes, y accidentalmente lo deposita en un lago limpiado (está bien escrito el término, lo acababan de limpiar Lisa y sus amigos en el film) donde se prohíbe tirar desechos tóxicos a causa de sus antecedentes anteriores con la suciedad del agua. Ahora ha provocado un desastre en términos de contaminación ecológica, desatando un estado de desesperación del gobierno (presidido por Arnold Schwarzenegger) que recurre a una medida drástica de encerrar a Springfield en una burbuja indestructible que los aísle. La familia Simpson escapa milagrosamente del bloqueo, y deben huir de la persecución policial, al tiempo que entran en conflictos mutuos, Lisa se enamora, y se enteran de las intenciones del estado que son mucho más oscuras.

REPARTO

Las voces del vasto elenco las componen casi los mismos integrantes que han ofrecido su voz en la televisión, y que ya viven en ese papel. Repasemos solo los integrantes principales: Homer (Dan Castellaneta), Marge (Julie Kavner), Bart (Nancy Cartwright) y Lisa (Yeardley Smith). Así como el nuevo personaje de Arnold Schwarzenegger interpretado por el mismo de Ned Flanders, Harry Shearer. También aparece Russ Cargill, nuevo personaje, a quien da vida Albert Brooks.

LA PELÍCULA

Como todos sabemos, adaptar una serie a una película es una ardua tarea. El objetivo a cumplir resulta complejo de ejecutar: lograr mantener el espíritu original de la televisión mientras no parezca un capítulo estirado. La cinta Batman de 1966 es el ejemplo de un episodio más longevo y menos interesante que la serie Camp. Lizzie McGuire: Estrella Pop es otra especie de vergüenza en donde nos venden la fantasía de cantante pop en una sitcom que nada tenía que ver con esas cosas. Los Simpson: La Película es probablemente de las mejores conversiones en este sentido, pero no por méritos extraordinarios, sino porque asombrosamente las imperfecciones de las actuales temporadas encajan de manera muy adecuada en un largometraje.

La clave reside en un acostumbramiento del manejo reciente. Aquí hallamos una historia muy disparatada, la animación del dibujo es una parafernalia electrónica, los personajes son de profundidad nula, los chistes no califican de exactamente frescos, las emociones palidecen y hay numerosos forcejeos en la comedia. Si seguimos con la lupa, descubriremos que esta adaptación hubiese fracasado horriblemente hace 10-15 años atrás, es decir cuando la franquicia todavía continuaba con una alta calidad. Pero ¿Por qué funciona tan bien ahora? Es que este moderno tipo de patrón se adapta a las convenciones del séptimo arte.

Empecemos por la animación, que en comparativa no supone un avance gigante a las realizaciones contemporáneas de la familia amarilla. En la serie, tal evolución es detestable: ver a Homer o el dibujo general inundado de sus trucos tecnológicos inmaculados impiden abrazarlo totalmente sin condiciones, y supone un factor muy fuerte para distanciarnos. Pero en el traspaso a cine comete su propósito, y eso se debe a una curva de expectativa común en la gente: cuando vamos a ver una adaptación, no queremos contemplar algo igual, sino cosas diferentes. Y como la audiencia se ha quedado empecinada con la década de oro, parece una modificación sutil.

En cuanto al humor, hay numerosos gags de corta combustión y no coexiste una narrativa o diálogo inteligente, pero en las películas no es un problema ya que el espectador se prepara para un disfrute de placer modesto. La serie Los Simpson en su mejor época llegaba a un épico estado de culto, por eso tales chistes de este talante son letales en la actualidad. Pero ahora el film es comparado con los episodios de estos tiempos, aligerando la presión y siendo un deleite. Es posible que en más de una vez se aproximen a Seth MacFarlane, pero mantienen una inocencia que el millonario de Ted no traza ni en sus dibujos, y no se desvía a lo escatológico extremo.

Después están los homenajes y personajes nuevos, así como la historia principal. Vale decir que la trama es desproporcionada en su credibilidad comparada con los mejores capítulos, pero como la serie ha cambiado demasiado y el público no anhela ver un episodio estirado de una historia común, tal argumento se acepta. Sus puntos en contra resultan en que no hay personajes memorables dentro de los recién llegados, incluso Arnold Schwarzenegger se encuentra desperdiciado aparentando una leve sátira acerca de su forma de gobierno.

Pero no todo es equilibrado. Ciertamente el carácter de algunas figuras ralla y son chillones ocasionalmente, ya que se los equipararon con la personalidad de las presentes temporadas. Y el defecto genera grietas en el aspecto emocional. En su mejor momento, Los Simpson fue un espectáculo con grandes cargas sentimentales, pues tenían guionistas muy inteligentes que nutrían a la serie de una excelente profundidad y sentido común. Ahora, ese ingenio no existe, y los integrantes perdieron su real centro emocional. Están tan preocupados por la frivolidad y la gracia que, cuando intentan ser emotivos o afectuosos con la familia, no funciona bien, simplemente porque se ha construido ese lazo emotivo de manera muy trivial. Cuando Homer confiesa su epifanía y sus sentimientos a los seres queridos, no es excesivamente conmovedor. Si Homer aguarda un afecto noble, es porque debía ser así, ya que una regla no escrita del cine dicta que los guionistas no pueden hacer toda una película cómica de animación sin poseer un elemento de drama.

CONCLUSIÓN

Los Simpson: La Película abarca todos los elementos imperfectos de la serie actual, pero estos trabajan muy bien (en su mayoría) al traspasarlos al formato de película. Con una duración de 80 minutos, refuerza esta brisa ligera, carente de puntos muy negativos. Mejor aún: es más disfrutable que la serie vigente. Considerando que Los Simpson son famosos por una serie, no es una buena noticia, pero quién dice que al acabarse definitivamente la magia en la televisión puedan triunfar en una proyección periódica de películas. No es una idea descabellada ni nueva, sino es lo que la franquicia Sexo en Nueva York ha ejecutado con menor éxito cualitativo desde la partida de la magistral serie de la caja cuadrada.

Los Simpson: La Película
4.0Nota Final
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Sobre El Autor

Crítico frustrado de música. Odio a los críticos de cine. No soy recomendador de películas. Muy joven para elegir una carrera, pero probablemente me decida entre periodismo, programador, publicista o psicólogo. No uso gafas.

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