Mejor otro dia CartelCorría el cambio de milenio. En breve, todo lo relacionado con los 90 (que empezaron con los 8 bits hasta Los Simpson y terminaban con Hotmail y Friends) iba a pasar a convertirse en un lugar de nostalgia, sumándose así a los aún más caducos y mitificados 80. Un lugar en el que se habían vivido experiencias, un tiempo que ya no volvería, pero que se podría evocar y magnificar, que podía emplearse para adoctrinar a los que vendrían después con tópicos del estilo: “En mi época…”. Fue entonces cuando un artesano como Stephen Frears, capaz de tocar con profesionalidad desde el drama social hasta el western, nos trajo Alta fidelidad. La crisis de un trentañero John Cusack que, sin perder la ironía pese a ser abandonado por todas sus novias, confeccionaba top tens poperos y compartía mostrador en una tienda de música (de esas donde se vendían vinilos y CDs) con un deslenguado Jack Black. Y dicha película, hoy de culto para muchos que vieron un alter ego en el personaje, nos descubrió de paso un novelista cuyo nombre y literatura tenía swing: Nick Hornby.

ARGUMENTO

Noche de Fin de Año. Martin Sharp (Pierce Brosnan), conocido presentador de televisión atormentado por rumores de escándalos sexuales, se encuentra en la azotea de un edificio dispuesto a terminar con su vida. Pero en un día señalado como ese, el suicidio no es una idea especialmente original. Ahí también aparece la adolescente Jess (Imogen Poots), Maureen (Toni Colette), madre de un chico postrado en una cama, y J.J., un pizzero que iba a triunfar en el mundo del rock.

REPARTO

Madurito galán donde los haya, Pierce Brosnan entra como anillo al dedo en su personaje. El toque exacto de ironía para el que seguramente no se tiene que esforzar. Nada que criticar salvo ser perfectamente intercambiable por Clive Owen o George Clooney (si hubiese habido más presupuesto). Una pena que se limite tanto el personaje de Aaron Paul con respecto a la novela (cuestión de alcanzar una duración estándar, suponemos). Su rockero en crisis, precisamente por no tener motivos para estar en crisis, debía representar más que los otros la filosofía vital de Hornby.

Algo más definido en sus contradicciones queda el papel de la que fuera niña en 28 semanas después, Imogen Poots, cuyo look de rebelde con ojeras pintadas nos hace echar de menos a Brittany Murphy. Toni Colette por su parte queda desaparecida durante buena parte de la trama, hasta el dramático capítulo dedicado a ella. Aunque justo es decir que el drama de su personaje es precisamente ese, ser invisible.

LA PELÍCULA

Basada en Long Way Down, aquí traducida como En picado (tres títulos para una misma historia, también tiene tela) nos atrevemos a decir que Mejor otro día es la adaptación más fiel de una novela de Nick Hornby desde Alta fidelidad. Soltado el titular hay que matizar que el escritor británico ya no es el mismo que sorprendió en su momento. O mejor dicho, él sigue siendo el mismo y por eso sus historias saben inevitablemente a repetición y a pasadas de época. Adultos anclados en una eterna adolescencia enfrentados a situaciones ante las que toca madurar, todo ello recubierto con un humor en principio negro pero en realidad amable, muy británico, y que acaba teniendo moraleja buenrrollista. Más aún, la película incluso lima ciertas asperezas del libro, lo cuál no significa que traicione en demasiado el espíritu de su autor. Y es que al igual que sus personajes, es evidente que el cincuentón Hornby ha renunciado también a evolucionar.

En la película que nos ocupa, el director Pascal Chaumeil se limita a cumplir con el universo del autor que adapta, copiando con funcionalidad el estilo de la anterior obra guionizada por Hornby, An education. Mucha voz en off y montaje acompasado con música rítmica. Lo que cuenta son los personajes perfectamente reconocibles, con su tragicomedia a cuestas de la que, pese a los giros dramáticos que sufren, sospechamos desde buen inicio que saldrán indemnes. Y además nos habrán dado una lección vital muy bonita, pero que hubiese sido más convincente y sentida si esta historia nos la hubiesen contado en los 90, cuando aún teníamos miedo al Tercer Milenio.

CONCLUSIÓN

El regusto final de Mejor otro día es el mismo que la novela que adapta y que el grueso de la obra de Hornby. Es como tomarse una copa con un colega de adolescencia al que ya no ves a menudo pero te sigue cayendo bien. Intercambiasteis pelis en VHS y casettes y por tanto sabéis que conserváis añoranzas de tiempos pasados. Al igual que entonces, si le das oportunidad te va contar su visión del mundo y su forma de arreglarlo. Sería un happy end genial pero tú has cambiado desde aquélla época y sabes que lo que te cuenta en el fondo es sólo cháchara. Eso sí, hemos pasado un rato distraído tomando unas cañas. Tal vez quedaremos en otra ocasión, no el finde que viene ni el siguiente, más adelante. Mientras, hay que ver y leer otras historias más interesantes.

Mejor otro día
2.8Nota Final
Puntuación de los lectores: (0 Votes)

Sobre El Autor

Redactor

Marcado por los 80, aquella época mitificada por tantos cinéfilos que hoy vamos de listillos en la que sólo había dos canales de tele y sospechábamos que la peli buena era la que tenía dos rombos porque nos mandaban a la cama. A falta de redes sociales, y siendo pésimo jugador de fútbol-plaza, me refugiaba en sesiones de tarde dobles que proyectaban, en inmensas pantallas que aparecían tras una doble cortina, espectáculos en celuloide rayado. No era de los que rebobinaban las cintas VHS antes de devolverla al videoclub, porque yo tenía un video 2000 y cuando aprendí a manejarlo ya no se alquilaban estrenos para dicho sistema. Y, a diferencia del grueso de chavales ochenteros que querían ser cineastas, mi modelo no era Spielberg. Soy de otra mayoría, la que prefería a Clint Eastwood porque no entendía la moraleja de sus películas y así me parecían más interesantes.

Artículos Relacionados