El director y guionista holandés Henning Carlsen ha sido el encargado de llevar a la gran pantalla la adaptación de la novela homónima de Gabriel Garcia Márquez, Memoria de mis putas tristes. La película cuenta en el guión con la colaboración del propio autor literario además de con un reconocido guionista y actor como es Jean Claude-Carrière, antaño colaborador de Luis Buñuel y uno de los mayores representantes del surrealismo francés.

ARGUMENTO

El Sabio es un periodista que está a punto de cumplir noventa años. Su vida sigue transcurriendo como años atrás, sigue escribiendo en el periódico, sigue con su vida independiente, con su soltería… Sólo una cosa parece haber cambiado para él. El sexo. Habitual desde temprana edad de prostíbulos decide para su cumpleaños contratar a una joven virgen con la que pasar la noche. A través de este encuentro el anciano periodista descubrirá algo que le llevará más allá del sexo. Un encuentro que le llevará a conocer el amor.

REPARTO

El peso de la historia se centra básicamente en tres personajes. Por un lado tenemos al protagonista absoluto, El Sabio, interpretado por Emilio Echevarría. Un personaje, el del periodista, que aúna en su figura un curioso efecto de anulación de empatía por oposición. Es decir, por un lado tenemos al protagonista en su juventud que, si bien no resulta odioso tampoco provoca ningún tipo de apego. En el lado opuesto tenemos ya al periodista adulto. En este caso, aunque sin exagerar, la ternura, la jocosidad e incluso el patetismo que en algún momento salen de él crean algo así como una especie de acercamiento hacia su persona. Pero la suma de ambas vertientes como se indicaba con anterioridad producen la prácticamente total nulidad de cualquier rastro de afecto.

Junto a él, dos mujeres. Dos personajes más que, cabe decir, no mejoran demasiado la cuestión del apego. Por un lado tenemos a Rosa Carbacas, interpretada por Geraldine Chaplin que, aunque su presencia en pantalla sea siempre de agradecer, en este caso da vida a un personaje que pocos registros ofrece. Alguien más bien frío que parece no inmutarse por nada ni siquiera al estar sumergida en violentas discusiones, ante las cuales su tono, en general, sube pero con levedad.

Completando el trío está Delgadina alguien que resulta ser más neutra si cabe que sus compañeros de reparto. Quien sí logra provocar emociones en el espectador pese a su breve aparición es Ángela Molina que da vida a Casilda Armenia en su edad adulta, prostituta que vivió siempre enamorada de El Sabio. La tristeza de su amor no correspondido sacude grácilmente al espectador.

LA PELÍCULA

Memorias de mis putas tristes es una película que evoluciona casi del mismo modo que evoluciona la vida del protagonista. Una primera parte abrupta y bulliciosa, contrasta mediante flashbacks el pasado del protagonista con su presente. Un pasado lleno de prostíbulos y sexo. No así de amor, ese sentimiento queda marginado para El Sabio. Pese a que pudiera parecer que, con dicho montaje, el ritmo de la historia resultase acelerado, lo que se consigue es justo lo contrario. Los flashbacks son demasiado escuetos de modo que la atención del espectador no puede adentrarse ni el pasado ni el presente. El resultado final es algo caótico.

Aún así, la primera parte de la película resulta cuantiosamente más rápida que la segunda. Podría decirse que la historia madura con el paso de los minutos. La acción queda situada en el presente. Un presente calmo y relajado. Dada esta situación seria fácil deducir que si es aún más calmado que el tramo anterior el ritmo puede resultar incluso tedioso. No es así siempre y cuando se separe la acción objetiva de la subjetiva. Esta acción resulta crucial en la valoración global de la película. Encontrarse con el mismo tema de siempre de un señor que siendo ya nonagenario se enamore de una joven virgen menor de edad y que además, ella se enamore de él resulta ya bastante farragoso por no decir increíble.

Pero si apartamos esta materia y nos dirigimos a la médula de la historia la situación cambia bastante. Desde esa vertiente es más fácil reconocer en los personajes situaciones o sentimientos con los que uno se puede sentir más o menos identificado. Ver como alguien tocando ya al fin de sus días es capaz de mirar con nuevos ojos a la vida, probar cosas que nunca antes había hecho, tener ganas de adentrarse en lo desconocido, dejarse arrastrar por ello aunque en algún momento signifique sufrir, pero llegar finalmente a una plenitud jamás experimentada hace que esa sensación tan placentera empañe y disimule la poca atracción que la historia había exhibido hasta el momento.

CONCLUSIÓN

Teniendo en cuenta el nivel de los guionistas y del director, Memoria de mis putas tristes podría haber aspirado a ser un producto algo más redondo de lo que resulta ser. Si se logra superar el algo anodino primer tercio de la película, se descubre una historia que poco a poco va atrayendo algo más al espectador pero sin llegar a ser nada más que un mero entretenimiento, con algunas pinceladas de humor que destacan por encima del resto de la acción.

Memoria de mis putas tristes
3.0Nota Final
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Sobre El Autor

Redactora

El silencio de Vulnavia me inspiró. Más tarde Marlene y El club Silencio. Desde entonces he estudiado producción, dirección y crítica cinematográfica, pero sigo andando por el camino de baldosas amarillas.

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