En el libro Vida de fantasmas, Jean Louis Leutrat definía lo fantástico como un generador de aquello que él denominaba la duda fantástica. Esto define las características de un género que altera las leyes que rigen la realidad provocando tensión y malestar no a través de la mostración de las figuras del exceso (el monstruo propio de los films de terror), sino situándose en esa frontera indiscernible en la que no podemos llegar a entender si los sucesos que ocurren pueden ser justificados en sentido naturalista o sobrenatural. Teniendo en cuenta esta premisa, Leutrat afirmaba que el miedo en lo fantástico provenía de la proximidad de lo real. Es decir, que mientras en el terror la sensación de miedo se identificaba generalmente con una otredad monstruosa, en el género fantástico el malestar emanaba de nosotros mismos.

La tradición del dopplegänger

Esta afirmación, que puede parecer confusa, queda esclarecida con una figura que encarna todas las características que hemos ido apuntando: el doble. El doble (o dopplegänger) es a la vez otro y nosotros mismos, y por tanto, en los films en los que éste aparece, el malestar aflora del enfrentamiento especular ante lo que nos es más próximo: el yo. Tanto es así, que en la tradición nórdica, el encuentro con el dopplegänger era símbolo inequívoco de muerte. Como lo denominó Freud, “the uncanny harbinger of death” (el extraño presagio de muerte).

Trascendiendo el arquetipo literario del alter ego, que pasa por la obra de autores como Dostoyevski, Stevenson o Poe, la figura del doble ha cristalizado en el cine contemporáneo como fantasma posmoderno de la crisis de identidad. Hablamos de películas como El club de la lucha, Mulholland Drive, Carretera Perdida o la reciente Enemy, ejemplos en los que el dopplegänger se alzaba como la personificación de una interioridad negada de sus personajes. Así, el Tyler Durden de Fincher encarnaba la virilidad violenta y antisistema contraria a ese protagonista insomne y preso de una forma de vida capitalista enajenada; la Betty de Mulholland Drive representaba el sueño frustrado de la desgraciada Diane (la otra cara de la moneda); y los dobles de los film de Lynch y Villeneuve encarnaban una fuerza sexual de la que sus dos correspondientes individuos carecían. En todos los casos, y aunque no siempre contando con resoluciones satisfactorias o esclarecedoras, un mensaje de aroma nihilista acerca de la crisis del yo se hacía manifiesto, hecho que, como analizaremos a continuación, no parece darse en lo nuevo de Coixet.

Coixet, pasado y presente

El cine de Isabel Coixet siempre ha versado sobre los sentimientos. Sus películas, a caballo entre la producción española y la extranjera, se alzaban hasta el momento como melodramas intimistas que exploraban temáticas de peso como el amor y la muerte. Personajes marcados por ambas heridas pululaban por un universo personal que a pesar de tender al subrayado dramático en ocasiones excesivo, resultaban en grandes retratos del alma humana. Es el caso de las destacables Mi vida sin mí o La vida secreta de las palabras, y en menor pero no desdeñable medida Cosas que nunca te dije, A los que aman o Elegy. Llegados hasta aquí podemos afirmar que su última película, Mi otro yo (Another me) supone un giro diametral en la trayectoria de la cineasta, virando a nuevos terrenos genéricos y estilísticos.

Mi otro yo (Another me) es un thriller de toques melodramáticos que explora la cuestión del doble a través de la historia de una adolescente que comienza a sentir la constante presencia de un ser que parece ser idéntico a ella. Ya desde el inicio del film, todos los elementos propios del género se nos presentan en bandeja: la incesante lluvia nocturna, un oscuro y solitario pasadizo, el respirar angustiado de un individuo, y unos planos cerrados y en penumbra que despiertan el misterio con la no-mostración completa de la escena. Podríamos decir que con esta apertura, Coixet expone ya todas las claves de su película: una descarada conglomeración de clichés tanto estéticos como narrativos propios del nuevo género en el que se adentra.

Esta sucesión de clichés se da ya no sólo en el ámbito genérico sino también en el temático, resultando en una obra que parece más fruto de un alumno que enumera las reglas básicas del thriller fantástico que de la de un verdadero autor. El teatro y el oficio actoral, la proliferación de espejos y sombras o la similitud física con el enemigo son elementos que han sido utilizados tradicionalmente como significantes simbólicos de la angustia y la crisis identitaria por la aparición del alter ego que comentábamos anteriormente. El trabajo de Coixet en Mi otro yo (Another me), consiste pues en colocarlos en su película desaprovechando, sin embargo, sus posibilidades metafóricas más profundas e interesantes, en un ejercicio que se olvida de la marca autoral para convertirse en un torpe popurrí de dejà vus. No existe la cuestión identitaria en Mi otro yo (Another me), ni rastro hay en ella de exploración de una personalidad adolescente atormentada. Bien al contrario, la película parece obviar un retrato incisivo sobre los fantasmas de su protagonista en aras de la construcción de un misterio y de una atmósfera de tensión efectistas y vacuos.

Por si fuera poco, Coixet elabora una trama familiar de melodramatismo exacerbado, cuya escasa coherencia en el relato la hace adentrarse en lo ridículo y lo gratuito. Con todo, el espectador podrá llevarse algunos sustos al inicio, pero pronto descubrirá la impostura del asunto, y cuando llegue el final no podrá evitar la carcajada ante la falta de destreza de un absurdo guión que ya avecinaba el desastre de la nueva obra de la que fue una notable directora.

Mi otro yo (Another me)
Una sucesión de clichés temáticos, narrativos y estilísticos que nada aporta al interesante universo del doble.
Guion2
Reparto6
Dirección4
Lo mejor
  • Que Isabel Coixet explore nuevos territorios genéricos
  • El trailer
  • La directora goza de unos actores de gran talla
Lo peor
  • Su vacuidad
  • Falta de marca autoral
  • La constante sensación de dejà vu
4Nota Final
Puntuación de los lectores: (2 Votes)
10.0

Sobre El Autor

Artículos Relacionados