Hace siete años, se estrenaba en España la primera película de la arrolladora y única saga de terror del cine español [•REC]. Jaume Balagueró y Paco Plaza se iniciaron en un experimento que bebía de La Bruja de Blair para componer un metalingüístico, autoconsciente pero terrorífico film que estremeció al público español rompiendo todas las expectativas y generando un imaginario único que ha llegado incluso a provocar un remake estadounidense, Quarantine, el cual, aun siendo éste infinitamente peor, no deja de evidenciar la fórmula triunfadora por la que apostó [•REC]. Dos películas más tarde, se estrena la que promete (aun con su final abierto) ser la última entrega de la saga, [REC] 4 (anteriormente titulada REC 4: Apocalipsis), que, como viene siendo habitual en las películas de terror a las que se les acaba exprimiendo todo el jugo (Halloween, Viernes 13, La matanza de Texas…), supone una vuelta a los orígenes retomando la historia donde nos dejó la primera parte.

En una sensación de deja-vu nostálgico, Jaume Balagueró, ahora en solitario, nos vuelve a hacer entrar en el edificio infernal para rescatar a la única superviviente: la famosa reportera Ángela Vidal, interpretada de nuevo por Manuela Velasco. Sin embargo, a partir de los créditos, el escenario del filme cambia completamente y nos descubrimos en un barco a la deriva donde congenian unos científicos que tratan de buscar la cura que acabaría con el virus, el ejército que los protege, la tripulación del barco y posibles infectados entre los que se sitúan Ángela y su rescatador Guzmán (Paco Manzanedo). El imaginario en torno el cual gira el film, plantea entonces una dicotomía que puede a la vez favorecer y entorpecer al film al contar con una puesta en escena poderosa en una renovada impresión de claustrofobia que, sin embargo, se nos antoja predecible desde antes mismo de empezar la película.

La fórmula se agota

Alejándonos de infravalorada tercera parte de la saga que suponía una reinvención del género en un tono paródico, volvemos a los laberínticos pasillos, las puertas traicioneras, las armas improvisadas y el gore que se toma en serio, pero, eso sí, ya no a través de los ojos de una cámara. El filme opta ahora por una puesta de escena más clásica y el found-footage desaparece quedando reducido a las efímeras imágenes de las cámaras de seguridad (rápidamente los protagonistas se encargarán de destruirlas) o al metraje recuperado de la cámara del reportero de la primera entrega (de la que vemos sólo el final). Así, [REC] 4 se mira literalmente a sí misma utilizando unos mismos golpes de efecto que ya han quedado caducados y el cambio de registro no supone una renovación para la saga que, al no contar con ese remate original, se torna rutinaria y repetitiva. Como el barco, la cuarta película de [REC], parece ir a la deriva, la fórmula ya no funciona, no se puede exprimir más jugo y se nos acaban mostrando unos claros indicios de extenuación que ya no asustan ni sorprenden relegando al filme a la categoría de entretenimiento más nimio.

Donde hay técnica, no manda el contenido

A pesar del gran despliegue técnico donde se palpa un mayor del presupuesto, Jaume Balagueró nos ofrece una primera parte monótona y predecible recreándose en continuos guiños a las anteriores salas en un desequilibrio entre parodia y terror real que no resultan. [REC] 4 no arriesga, es un pieza extremadamente funcional y monótona donde ni argumento ni personajes son capaces de sorprender a un espectador cada vez más normalizado con el género zombie. El imaginario de las películas de contagio que trastocó la primera entrega parece dar marcha atrás en esta cuarta película donde los tópicos ya no pasan desapercibidos sino que son cada vez más molestos. Lejos quedan las brillantes paranoias sociales representadas por el vecindario del edificio y los pasajeros de este barco carecen de poder, existiendo una falta de empatía global que nos distancia hasta de una cara de sobra conocida como es Ángela Vidal. Pero esto no ocurre sólo a nivel de guión sino también por el propio reparto y exceptuando a Héctor Colome, Mariano Venacio o Ismael Fristchi prácticamente todo el elenco de autores, incluida Manuela Velasco, basan su representación en la sobreactuación con unas consecuencias fatales para el filme.

Stop, el ¿final? de una saga

Lo mejor de la “última” película de la saga es que, a pesar de las continuas promesas del director, éste parece incapaz de dejar a atrás el universo vírico de la saga. En la última parte la esencia de [REC] resucita y la película nos transporta de nuevo a parte del imaginario zombie creado por Plaza y Balagueró años atrás. Una combinación perfecta de acción desenfrenada, tensión, agobio, violencia y gore que remata pero no sentencia. El parásito causante de todo (uno de los descubrimientos de la película que opta por alejarse del tema divino) no puede morir, el guiño del final abierto no hace otra cosa que subrayar parte de la genialidad de una saga que en todas sus entregas (tercera incluida), ha sabido posicionarse en lo mejor del imaginario zombie del cine de terror postmoderno.

[REC] 4
[REC] 4 vuelve al origen de la saga en un intento digno de concluir un argumento que ya no da más de sí.
Guión5
Reparto4
Dirección6
Lo mejor
  • La cuenta atrás de los 20 minutos
  • El despliegue de su técnica
  • La escena de los monos
Lo peor
  • La mayoría de los miembros del reparto
  • El palpable cansancio de una fórmula demasiado exprimida
  • La música
5.5Nota Final
Puntuación de los lectores: (2 Votes)
6.2

Sobre El Autor

Redactora

Estudio Comunicación Audiovisual en la UPF por lo que no es muy difícil deducir que me gusta el cine y la television (el buen cine y la buena televisión, mejor dicho). En el futuro ganaré un Oscar pero, mientras tanto, me dedico a escribir críticas en SOS Moviers. Y eso es todo amigos.

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