En el marco de la autoproducción creativa que tanto está dando que hablar desde que aparecieran nuevos conceptos como el crowfunding, aparece un proyecto en manos de cineastas no profesionales pero tremendamente eficientes que consiguen crear un largometraje que deja impregnado un poco de sí en las mentes de los espectadores. Stockholm aparenta ser la clásica historia de chico conoce a chica, tienen una aventura de una noche y ella termina por enamorarse. Eso es lo que aparenta y eso es lo que quiere que aparente Rodrigo Sorogoyen, director de la película, e Isabel Peña, co-guionista, que han filmado una película a galope entre el surrealismo minimalista y el cine español de los noventa.

ARGUMENTO

Todo comienza en una fiesta. Un joven le dice a una desconocida que se ha enamorado perdidamente de ella. La joven no está muy por la labor de continuar la charla pero él insiste hasta que, finalmente, termina por convencerla de que están hechos el uno para el otro. A la mañana siguiente, nada de lo que se dijo o hizo la noche anterior, cuenta.

REPARTO

La chica o, simplemente, “Ella”, es interpretada por Aura Garrido. Ha participado hasta la fecha en algunos largometrajes de habla en castellano y se debe reconocer que es una prometedora figura del cine actual. En el papel protagonista de Stockholm, desarrolla una misteriosa (en ocasiones, perturbadora) interpretación de una joven que se encuentra atrapada entre dos mundos. Una criatura casi imposible, repleta de acentos, que pasa del llanto a la carcajada deliberada, de la pasividad a la autodestrucción. Una apasionante figura en la que Aura aporta una parte de sí misma a “Ella”. Hay personajes que nunca podríamos imaginar en la piel de otra actriz diferente de la elegida. Aura Garrido como “Ella” es un claro ejemplo.

Javier Pereira es el protagonista masculino y una grata sorpresa de un actor al que muchos veríamos por primera vez en series de TV para adolescentes, a finales de los 90. De un modo u otro, siempre ha estado ahí. Con Stockholm, este actor recibe el parabién de la crítica y es galardonado con un Goya al mejor actor revelación. “El” propone un personaje plano durante la primera mitad de la película que gana en intensidad gracias al dramatismo de la segunda mitad. Quizás no se vislumbra esa genialidad de una manera contundente debido a que es eclipsado por Aura y su savoir faire.

LA PELÍCULA

Quizás el rasgo que más caracterice a este largometraje es su dirección artística y su fotografía. No es difícil quedar fascinado por esa atracción irresistible que parece tener el director de fotografía, Alejandro de Pablo, por los tonos pálidos y los quemados. En cierto modo, llama la atención que Stockholm sea un retrato, no solo de las ambigüedades humanas sino también de toda una generación. Y es que con la oleada hipster y el énfasis en la publicidad creativa por cientos de jóvenes, se ha generalizado determinada estética que en este largometraje queda plasmada de una manera convincente y henchida de sensibilidad. Stockholm es la prueba viva de la influencia de estos movimientos culturales y estéticos que proponen modelos de personas alienadas, con una carencia absoluta de rumbo. “Ella” es un vivo reflejo de esta pérdida de dirección.

El drama psicológico se muestra, sobre todo, en la segunda parte, la mañana después, cuando la máscara de la noche se desvanece y las sombras reaparecen, cuando la mezquindad humana se hace evidente. También otros conceptos como la máxima actual de “personas desechables” cobra un potente protagonismo encarnado en el personaje de “El” que evidencia la venda que impide al ciudadano actual ver más allá de sus obligaciones, de sus inquietudes cotidianas y de su reducido mundo individual que no percibe los matices que pueden ser determinantes en aspectos trascendentales de la vida de aquellos que pasan por nuestras vidas, de manera efímera, insustancialmente para unos, imponentemente caústicas para otros.

CONCLUSIÓN

La primera parte pasa por las retinas del espectador sin pena ni gloria. Quizás sea importante para la comprensión de la segunda parte pero no deja de resultar tediosa si lo que se espera es una película con contenido. Sin embargo, si se soporta ese tramo que es más propio de una película de entretenimiento que de un largometraje psicológico, se recompensa con creces.

Desde el escenario celestial e inmaculado hasta el tenebrismo de unos personajes que quedan envueltos en el surrealismo de una situación poco o nada arquetípica, aturden los sentidos. Supone una alucinación constante la ruptura con el cliché que se espera, con el cliché que se había presenciado durante la mitad de la película. Es entonces cuando toca quitarse el sombrero ante Sorogoyen y Peña porque, aunque sus personajes sean víctimas de la vacuidad imperante, el cine español parece vivir aires de cambio (para mejor) gracias a cintas como Stockholm.

Stockholm
2.5Nota Final
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