¿Os acordáis de la publicidad de Pulseras rojas, donde aseguraban que era la serie que hizo emocionar al gran Steven Spielberg? Mejor aún: ¿Os acordáis de El Día Después, película que logró hacer reflexionar al presidente Ronald Regan sobre su política nuclear agresiva hacia con la Unión Soviética? En el caso de The Bling Ring no existe este tipo de promoción, pero ¡atentos! Porque esta película hizo emocionar a… ¡Paris Hilton! Bajo la firma de autor de Sofía Coppola (escribe y dirige), se propone reconstruir la óptica de la banda que asaltó en la vida real a celebridades tales como Lindsay Lohan, Orlando Bloom, Paris Hilton (por eso sus lágrimas), Audrina Patridge, Megan Fox entre varios de igual talante en las colinas de Hollywood. Otra versión nueva entonces, ya que en el 2011 pudimos contemplar un film con la misma temática y título.

ARGUMENTO

En Los Ángeles, hogar de las estrellas, Marc y Rebecca son dos amigos de escuela que, bajo la influencia de la obsesiva por la fama y dinero Rebecca, acompañan junto a otras amigas a entrar y robar en las mansiones de las celebridades. Por internet se fijan en cuándo las celebridades viajan a otros países para poder atacar, y luego publicar los rastros de su fechoría en internet. Basada en hechos reales de un grupo similar, que robaron más de 3 millones de dólares en objetos de lujo de las casas de estos personajes del espectáculo.

REPARTO

Emma Watson (aquí como Nicki) ha sido ampliamente elogiada por su papel, pero para romper el “mito”, diremos que tiende a perder con la excelente interpretación de Katie Chang, que posee mayor espacio. Watson puede a veces rozar muy levemente la caricatura con su personaje de adolescente superficial. Israel Broussard hace un papel bastante bueno, competente como Marc. No muchos otros actores participan de manera destacada o memorable, en parte por el escaso tiempo que aparecen, por ejemplo Claire Julien que actúa muy bien pero que está muy poco en escena. El film también tiene algunos cameos, como los de Paris Hilton y Kirsten Dunst.

LA PELÍCULA

En sus intenciones de avanzadilla, Coppola ha construido su técnica, con fracturaciones del tiempo e intercalaciones de los momentos actuales de confesión con los hechos delictivos. No es un tipo de narrativa nueva ni intelectual en realidad, pero al menos ella lo intenta con su esfuerzo. Si analizamos  el trabajo estrictamente, son meros accesorios, ya que no están definidos con grosor y espacio, fallan en dar la totalidad rica que pretende y cada salto en el tiempo (cuando pasan del hecho pasado a los protagonistas sentados o en off hablando) parecen interrupciones o momentos tipo “bueno, ahora pasamos al presente”. No importa.

Hay algunas cosas interesantes para remarcar: por ejemplo cuando necesitan saber si la víctima no va a estar en su casa, no hace falta una investigación profunda, sino que se fijan en las noticias de internet; o cuando acaban de cometer sus actos, publican las huellas en Facebook (lo que indica que hasta la vida privada está siempre circulando en el registro público). O cuando entran en la mansión de Paris Hilton y descubren un montón de almohadones y cuadros con su rostro (el “estilo”, según América) como si se tratase de un culto al narcisismo. Más: el absoluto mundo frívolo femenino corrompido: que incluye desde joyas, fiestas, dinero, música contemporánea, vestimentas lujosas glamorosas por doquier, bolsos, una pistola, anteojos de sol, ropas deportivas (Hot Tropic volvió!) y muchos zapatos de gran variedad de marcas (el “estilo”, según América – 2). Esto último suena como si a un niño lo dejaran solo en una tienda de dulces, y fácilmente sería la envidia de cualquier mujer sibarita.

Desafortunadamente, todo cae frío con el manejo que Coppola concreta del mundo. Es cierto que después de los primeros 40 minutos la directora suministra mayor urgencia y emoción, pero no cambia la esencia problemática. Primero y lo más evidente, que prácticamente no se molesta en explicar la facilidad con la que estas personas hurtan. Aún si en la realidad se les presentó la oportunidad de una manera sencilla, en el cine está permitido modificar el guion para inyectar adrenalina e intriga. Pero aquí todos entran y salen como si fuesen su propia casa (¿No contratan guardias de seguridad personales?).

Más allá de ese error fatal, lo cierto que el film peca por la dirección de cámara y de actores. En cuanto al segundo, no es culpa del actor, sino del guion que se encuentra incapaz de individualizarlos (excepto Chang y Broussard de mayor presencia) a la vez que le pueda conceder una dinámica e interacción atractiva. Casi todo el elenco femenino se hunde en la indistinción y la mayoría de los personajes cuando aparecen en grupo hablan por turnos y con voz media-tenue, carecen de energía cinética, se mantienen a distancia entre sí y son mucho más serios de lo que aparentan, es decir que no existe la “química” entre ellos para que nos podamos interesar.

Si eso es un fallo grave, el universo de colores y frivolidad finaliza de congelarse con el formato de grabación. No es otro que el de tercera persona como siempre, pero se filma con una distancia considerable de los actores sin dotarles el calor que necesitan. Nadie tiene la obligación de atarse a las convenciones, y hasta los directores intelectuales se atreven a filmar como les plazca. En este caso las intenciones de Coppola se encaminan a entregar su propia identidad al proyecto en cuestión, de hecho no difiere de Spring Breakers de Korine, aunque más convencional y la música no actúa tan bien como disparos de alto voltaje cocainómano-sexual.

La fotografía es muy bonita (y elogiable, cortesía de Harris Savides) pero el problema es que todo es muy frío y distante para tratarse de una fantasía frívola adolescente decadente. Por ejemplo, en el baile de barra que ejecuta Emma Watson, la cámara se encuentra muy lejos y dura poco, cuando un director más “morboso” la hubiese tratado con mejor “calor”: mostrando unos buenos primeros planos pero sutiles, y enfatizando los movimientos sugerentes. Aquí no, se trata de una leve mejora a la aburrida Stay Cool ¿Cuál es el motivo de filmar remotamente? Solo una razón experimental, pero es muy arriesgado y resulta insípido. En un film de terror funcionaría mejor, ya sea como un monstruo que los observa desde la distancia, o como recurso para perder de vista a los personajes

CONCLUSIÓN

Faltaría añadir que tampoco Coppola se atreve a escriturar una génesis, motivación de la conducta de las chicas, solo unos escasos rastros de escapismo: la insoportable madre religiosa-filósofa, la poca estima en la escuela, etc. En última instancia es perdonable, ya que puede considerarse la extensión lógica de la turbulencia de ese mundo (podemos trazar una analogía con el robo del collar que cometió Lindsay Lohan en la realidad, y que no tiene sentido salvo el trastorno).

Pero no explica el cómo un chico tímido (Marc) entró en eso; además de que la personalidad del varón roza lo detestable: participó activamente de los delitos, pero en su confesión con la periodista se demuestra muy racional y echándole la culpa a los demás. The Bling Ring de Coppola funciona si lo analizamos únicamente como una impresión de firma de la directora: aunque es torpe, resulta promisoria para su corta trayectoria. Bajo otro punto de vista no trabaja al completo, ya que los actores no poseen un aporte vigoroso y la directora se sumerge en su gélida o templada visión. Debería haber sido una fiesta trash y perversa (como las de la cantante Ke$ha), en vez de esto tenemos un excelente telón colorido pero con coros frágiles y un lavado frío de lo que debería ser caliente.

The Bling Ring
3.5Nota Final
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Sobre El Autor

Crítico frustrado de música. Odio a los críticos de cine. No soy recomendador de películas. Muy joven para elegir una carrera, pero probablemente me decida entre periodismo, programador, publicista o psicólogo. No uso gafas.

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