Her CartelSpike Jonze nos tiene acostumbrados a que su cerebro de director artístico le traicione. Donde viven los monstruos (Where the wild things are) o Adaptation eran testigos audiovisuales de la intensidad simbólica de la que quiere hacer formar parte al espectador. No nos extraña en absoluto que haya sido el responsable de algunos de los videoclips del grupo noise rock por excelencia, Sonic Youth. En Her el cineasta parece haberse visto envuelto en el universo Be Right Back de Black Mirror, la serie de TV que arrasó entre los amantes de lo trending freak en 2012 y entre todos los demás en 2013.

El primer episodio de la segunda temporada narra la historia de una mujer que consigue con la tecnología “resucitar” a su marido fallecido mediante la utilización de los archivos de voz, música o conversaciones guardados en su teléfono móvil estando aún vivo. Este escalofriante episodio está hecho de la misma sustancia que Her, solo que Spike Jonze dulcifica su perspectiva para mostrarnos hasta dónde puede llegar nuestra mente en lo que se refiere a creación de intensidades y sentimientos con estímulos muy poco ortodoxos.

ARGUMENTO

Theodor (Joaquin Phoenix) es un escritor que redacta cartas en una empresa llamada “cartas hechas a mano”. Sus palabras para definir los sentimientos de otros son emotivas y trascendentales y, sin embargo, fuera de su trabajo, su vida es monótona, anodina y algo oscura tras el abandono de su mujer. Pero entonces aparece alguien en su vida, Samantha (Scarlett Johansson). Todo es perfecto entre ellos dos, o todo lo sería si su amada no fuera un sistema operativo inteligente instalado en su teléfono móvil.

REPARTO

Tres personajes para un guión genial. No era fácil escoger. O no lo hubiera sido si la encargada de dirigir el casting no hubiera sido Cassandra Kulukundis. ¿No os suena? No es de extrañar. A pesar de que el director de casting marca en gran medida el éxito o el fracaso de un proyecto cinematográfico, rara vez consta entre los créditos principales. ¿ Y qué me diríais si se os mencionar la película Magnolia o la reciente The Master o El último concierto? Cassandra es una de esas cazaestrellas que sabe como dar en el clavo. Nuevamente lo hace con Her y su protagonista principal, Joaquin Phoenix, quién parece estar tan cómodo en su personaje que da la impresión de que está interpretándose a sí mismo. Junto a él, Amy Adams nos deja aturdidos con esa mirada dulce y endemoniada a partes iguales, esa actitud inteligente que, ni aún vestida de gogó, podría evitar.

De Joaquin, Theo en la película, poco se tiene que agregar si se ha visto su filmografía y se ha presenciado alguna de las subversiones que tanto le gustan al intérprete. Es para amarlo u odiarlo. Y puestos a ser extremos, nada como reverenciar su vena interpretativa y su carácter perturbado. Theodor es un vivo reflejo de una vida sobre raíles que se ha visto devastada por su falta de inteligencia emocional. Testigo de la hipersociabildiad solitaria de nuestro tiempo Theo pasa gran parte de su vida en el ciberespacio o “enganchado” a actividades que implican un dispositivo móvil. Aparte de sus compañeros de trabajo con los que no suele verse fuera del entorno laboral, su única amiga es Amy (Amy Adams).

Entonces, aparece Samantha (Scarlet Johansson). De haber decidido elegir una vez, posiblemente habría sido la de Scarlett. Esa dulce y sensual manera de hablar (y cantar) que nos mostraría en Lost in translation la ha llevado a hacer sus “pinitos” en el mundo de la música. En esta incursión a la difícil tarea de actor vocal, Scarlett saca un aprobado pasable gracias a una interpretación convincente aunque no determinante. Samantha no nos emociona especialmente. Solo en un par de momentos olvidamos que es una máquina y es entonces cuando se puede entrever que esta actriz tiene posibilidades en el mundo del doblaje.

LA PELÍCULA

Desde el minuto dos de la película, descubrimos que Spike está haciendo de las suyas y que tendremos nuestra ración de ingredientes que tanto le gustan a este director; ambigüedad y disyuntivas existenciales. Continuamos viéndola porque sabemos que no es una comedia romántica al uso. Ni un drama. Ni una tragicomedia. Es, simple y llanamente, el crecimiento artístico de un director que se va acercando al psiquismo de Christopher Nolan o Darren Aronofski al ritmo de Arcade Fire. Sería interesante si solo desarrollará el papel de director, pero cuando sabemos que es el responsable del guión, nos fascina. ¿Cuántas novelas de Asimov o Huxley habrá llegado a leer para llegar hasta esta deslumbrante historia?

La dirección de fotografía la deja en manos del creador de la imagen en Tinker Taylor y El luchador, unas referencias poco atractivas que, sin embargo, en Her no se evidencian ya que Hoyte desarrolla un correcto trabajo (nada fuera de lo común) para retratar la historia de amor entre la tecnología y el ser humano. El ritmo lineal, en ocasiones lento, se nutre de la banda sonora para saltar de escena y escena. No es de extrañar que el protagonismo absoluto lo tengan las palabras, como quiere hacernos comprobar Jonze con la idea central de su libreto de ciencia ficción romántica.

Nominada a cuatro Oscar de los cuáles Spike se llevó el premio al mejor guión original, Her no se trata de una película que cabalgue en el tiempo. Su poder radica en un argumento bien pulido. Y es que, realmente, no sucede nada. No hay grandes rupturas narrativas o visuales, ni riesgos en la dirección artística. Es por ello que no se puede hacer otra cosa que incluir a Her en una categoría que no suele tener cabida en el cine estadounidense. Por suerte para Jonze, su formación como director de videoclips le ha dado recursos de sobra para saber mantener la atención en unos espectadores que están más acostumbrados a la acción que a la reflexión.

CONCLUSIÓN

El hedonismo imperante llevado hasta cimas imposibles nos sumerge en un viaje hacia el amor sin intermediarios. Un amor que nace de una persona para sí misma, que es producto de sus propios deseos y anhelos. El descubrimiento de las limitaciones humanas pero de su ilimitada capacidad creativa que puede alcanzar lo inimaginable; que no sea necesario otro ser humano para que nuestra propia mente se sienta en sintonía con el universo de esa manera que hasta hace poco solo se conseguía con la intervención de personas.

¿Fascinante o tétrico? ¿Tal vez macabro? En cualquier caso, sentir. Ese es el mensaje de Spike Jonze y esa es la realidad, cada vez más evidente y ejemplificable, que percibe el cineasta y que ha compartido con nosotros con Her.

Her
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