Crónica 63 Festival de San Sebastián – Día 3

La tercera jornada del 63 Festival del San Sebastián nos deja dos películas de la Sección Oficial a concurso: la comedia ligera 21 nuits avec Pattie (21 noches con Pattie), de los franceses Arnaud y Jean-Marie Larrieu (El amor es un crimen perfecto, 2013), y Amama, el segundo largometraje de Asier Altuna, un drama familiar que gira alrededor de los caseríos vascos.

De la comedia amable y los franceses: 21 nuits avec Pattie (21 noches con Pattie)

La nueva película de los hermanos Larrieu cuenta la historia de Caroline (Isabelle Carré), una mujer que viaja al pueblo donde vivía su madre, con quien no estaba muy unida, para preparar su funeral después de su muerte repentina. Allí conoce a Pattie (Karin Viard), una singular mujer que se ocupaba de cuidar la casa de su madre, y a los demás habitantes de la pequeña villa. Caroline tiene pensado irse al día siguiente, pero se ve obligada a quedarse cuando el cuerpo de su madre desaparece.

El tema no es muy original: utilizar el funeral de alguien como excusa para reunir a una familia o grupo de amigos en un espacio y tiempo determinados es un recurso bastante visto en el cine – véase Ahí os quedáis (Shawn Levy, 2014), Tres dies amb la família (Mar Coll, 2009) o Un funeral de muerte (Frank Oz, 2007) -, porque funciona y permite crear situaciones que dan juego, tanto cómico como narrativo. En este caso, sirve para introducir a la protagonista en un mundo rural en el que no encaja pero al que se tiene que adaptar a marchas forzadas.

La película funciona muy bien como comedia: es ligera, entretenida y, aunque no sea un festival de la risa, tiene momentos bastante ocurrentes que provocan más de una carcajada. Su mayor problema es su tendencia a querer ser algo más, a querer aportar toques más trascendentes que la perjudican más que aportar nada bueno. Cuando se va por caminos algo más filosóficos, se pierde, y toda la fuerza que le daba la comedia se la quitan algunas escenas forzadas y algo inverosímiles.

21 noches con Pattie Festival de San Sebastian

Lo mejor del film es Pattie, interpretada fantásticamente por la actriz Karin Viard. Es un personaje muy bien construido, carismático, alegre y desvergonzado que es el contrapunto perfecto para la apagada Caroline, y que aporta ritmo, frescura y un toque piante a la película. Y, hablando de los actores, aprovechamos para hacer una mención especial a Denis Lavant (Holy Motors, Los amantes del Pont-Neuf), que tiene un papel muy pequeño pero que da mucha personalidad al film.

En resumen, 21 nuits avec Pattie es una nueva muestra de un cine francés al que ya estamos acostumbrados: una comedia ligera con toques filosóficos que divierte, entretiene y pasa bien, pero tampoco nos aporta nada nuevo. Pasamos un buen rato, pero no deja huella – y, probablemente, tampoco lo pretenda -. Ni más, ni menos.

Del choque entre lo antiguo y lo moderno: Amama

El director Asier Altuna, ganador del Premio de la Juventud en el Festival de San Sebastián en 2005 por Aupa Etxebeste!, firma esta nueva producción del cine vasco, que había generado en el público de aquí una expectación parecida a la que tuvo en su día Loreak (Jon Garaño y José María Goenaga, 2014).

El film cuenta la historia de una familia que se divide entre dos mundos, el moderno (representado por los hijos) y el antiguo (representado por los padres y el caserío), cuando llega el momento de que el hijo elegido herede el caserío de la familia. A diferencia de las generaciones anteriores, los hijos de esta familia no quieren continuar la tradición y quedarse atrapados para siempre en el caserío, cosa que el padre no entiende y condena. Amaia, a través de la cual se nos cuenta la historia, tiene que romper sus ataduras y enfrentarse a su padre para encontrar su camino.

Nos encontramos ante una obra bastante contemplativa, que tiene gran parte de su fuerza en la estética; tiene mucha potencia visual, un gran trabajo de fotografía y, sobretodo, de montaje, que la hacen impactante e hipnótica. Combina momentos costumbristas y de narrativa algo más “clásica” con fragmentos de imágenes más abstractas y artísticas, que giran alrededor del personaje de la Amama (abuela), central en la trama.

La narración es interesante y el guion está bien, pero se hace un tanto pesada, ya que avanza de manera muy lenta. La combinación de una estética más contemplativa que al servicio de la trama, la incomunicación que sufren los personajes, y la exploración de sentimientos tan profundos como los que se propone descifrar la película, la hacen muy densa y algo difícil de procesar.

Amama Festival de San Sebastian

En lo referente a los actores, todos vascos, cabe destacar el trabajo de Kandido Uranga en el papel del padre, un personaje gruñón y arisco que impresiona pero a la vez termina despertando ternura. También merece nuestra atención la actriz Amparo Badiola, en el papel de Amama, personaje imponente que vertebra todo el film y le da sentido, sin decir una sola palabra en ningún momento.

Amama es un buen trabajo y no es de esos films que deja indiferente, pero tampoco nos acaba de convencer del todo. Puede que sea porque ha tenido la mala suerte de estrenarse un año después de Loreak, que fue la gran revelación del cine vasco; pese a su buen recibimiento, no supera el listón que le dejó ésta. Y las comparaciones son odiosas, pero también inevitables.

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