Crónica Sitges 2013 – Parte 1

Caníbales étnicos y familiares, mujeres traumatizadas, robots alienígenas, detectives ciegos, monstruos híbridos y gente en sitios son tan sólo algunas de las fascinantes criaturas que se dan cabida en el Festival de cine fantástico y de terror de Sitges 2013. Un espacio en que el mal se convierte en el protagonista por antonomasia de la función, convirtiendo el terror en un divertimento curativo. Pero más allá de su condición genérica, el festival acoge propuestas emergentes y arriesgadas, rodadas con escaso presupuesto, y que visibilizan a algunos de los directores de mirada más personal del panorama de la cinematografía actual.

MAGIC MAGIC

Instalándose en el universo adolescente, Magic Magic se plantea como una reformulación contemporánea de la Repulsión de Polanski. Como en aquella, Sebastián Silva nos introduce en el interior de la enfermiza psique de una mujer para descubrirnos sus fantasmas sexuales y problemas identitarios. Es así cómo se privilegia una mirada deformada y deformante hacia una realidad que se revela como un ente imposible de aprehender. Rechaza el film, sin embargo, las formas del fantástico que tuviera su referente del 1965, para construir una atmósfera malsana a partir de elementos puramente cotidianos. El director, revela así su intachable pericia para la creación de una inquietud cercana al primer film de Polanski, en que la angustia del encierro surgía con la inmensidad del paisaje y la acción mínima. Así, Magic Magic, cuyo título parece ironizar sobre su propia condición, elabora un clima de extrañeza a partir de las tensiones que surgen entre su grupo de personajes, a través de los que el director reproduce sabiamente un juego de espejos en que se desdibujan las fronteras entre abusador y abusado, y en definitiva entre delirio y realidad.

Sin embargo, la última obra de Sebastián Silba huye de las trampas y las imágenes onírico-metafóricas propias de los thrillers de terror psicológico de incursión en el subconsciente, para derivar en una suerte de surrealismo mundano. Magic Magic se inscribe de alguna forma en esta tendencia buñueliana a partir de la proliferación de dos elementos que arrastran un imaginario fantástico dentro de la historia del cine. En primer lugar, cabe hablar de la aparición de todo tipo de animales, que, dotados de una ambigua simbología, son plasmación física de la paranoia que sufre una acertadísima Juno Temple (que recibe merecidamente el premio a la mejor actriz). Es así como tanto el periquito como los perros o la oveja, son reflejo del impulso mortal, el deseo sexual, la enfermedad y el terror al abandono, todos ellos males que aquejan a la protagonista. En segundo lugar, y como cristalización definitiva del sentido del film, el director se hace servir del espejo como delator de la dualidad identitaria de la protagonista (aflorando aquí cierta idea de dopplehanger mortal) en que se encuentra la semilla de su propia tragedia vital.

MINDSCAPE

Virando desde el juego ambiguo cotidiano de Magic Magic hacia el efectismo de las formas, Mindscape podría inscribirse dentro de una corriente del cine contemporáneo sobre la introducción en el subconsciente, que encontraría en Inception o Matrix sus grandes referentes. Como ocurriría con la obra de Nolan, la ópera prima de Jorge Dorado propone un juego con la jerarquía narrativa derivando en una alambicada estructura que funciona en este caso más a nivel de efecto que de significado. Es así porque Minscape subordina el mensaje a la envoltura, el contenido a la arquitectura, derivando en un cúmulo de golpes de efecto e inconsistentes giros de guión.

Así, la película olvida algunos de los interesantes temas que proponía, como es la oscura relación terapeuta-paciente, cayendo en arquetipos tan trillados como es el detective incapaz de superar un trauma del pasado o la joven y maliciosa superdotada que acaba ejerciendo control sobre él. En definitiva, Mindscape se alza como una obra digna que funciona a nivel de ritmo y en ocasiones logra dibujar cierta zozobra en su atmósfera, pero que no puede evitar dejar entrever el vacío bajo su pretenciosa floritura narrativa.

THE GREEN INFERNO

Si Magic Magic encontraba en Repulsión su punto de partida, The Green Inferno toma Holocausto Caníbal como referente, para convertirse en una nueva manifestación de la imagen pornográfica contemporánea sin olvidar sus orígenes en el primer cine de maltrato al cuerpo de los 70. Despojada del elemento metalingüístico del referente y dotado de un inquietante humor negro, The Green Inferno amplia su discurso con respecto al original, proponiendo una visión poliédrica del mal, que presenta en el film manifestaciones diversas. Tanto el gobierno indiferente, como el falsamente idealista líder grupal, pasando los indígenas caníbales y los las compañías constructoras anti-ecologistas. Todos ellos son impunemente atacados por un director que se aleja del maniqueísmo de la historia en que se basa para abundar en un discurso sobre la una maldad multiforme presente en cualquier estamento social, grupo racial o nivel de poder.

Es cierto que The Green Inferno cae en ocasiones en el arquetipo, dibujando a sus personajes a través de unos trazos gruesos, que, cabe decir, son también eficaces. Es así porque Eli Roth abandona cualquier forma de psicologismo en aras de la construcción trepidante de la acción y de un discurso que acaba beneficiándose de la mirada irónica y cruel que ejerce sobre sus criaturas, convertidas en simples marionetas de su juego macabro. En efecto, The Green Inferno se alza como una obra de guión de hierro que sortea con impecable capacidad los peligros del estancamiento de su relato.

Así, después de una primera, brutal e hipervisibilizada ejecución, no se pierde la película en un caótico festival gore de carne mutilada, sino que idea un crescendo de tensión que avanza en orden inversamente proporcional a la disminución de la violencia visual, construyendo para cada personaje un final diferente y original tanto en su resolución como en su mostración. En definitiva, The Green Inferno es un sincero canto de amor al subgénero desde sus mismas entrañas, destinado a estómagos de hierro dispuestos a ser ametrallados tanto visual como discursivamente.

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