Crónica Sitges 2013 – Parte 2

Tras la primera parte de nuestra crónica del Festival de Sitges 2013, en la cual tuvimos la ocasión de hablar Magic Magic, Mindscape y The Green Inferno, continuamos y ponemos nuestra vista en We are what we are, VHS2 y Bienvenidos al fin del mundo.

WE ARE WHAT WE ARE

Y de la visibilización de la carne maltratada de The Green Inferno, pasamos a un terreno de la no mostración en la última película de Jim Mickle. We are what we are comienza con una tormenta. Con esta lluvia de apertura, metáfora de la erosión de los valores de una comunidad de la América profunda, la película advierte ya su condición de cuento gótico contemporáneo. Este remake recoge una figura del mal explotada en la corriente del american gothic de los 70 para construir un relato de aroma clásico, que privilegia la sugerencia y la inquietud de la no-mostración por encima de la visión de la violación corporal propia del gore. Es así como, siguiendo con la tradición literaria, We are what we are sortea con maestría la morbosidad evidente para elaborar una atmósfera asfixiante y decadente, en que la angustia nace a partir de lo oculto.

Con la contención como mayor aliado tonal, Jim Mickle elabora un discurso acerca de la herencia trágica sanguínea o el descubrimiento de la sexualidad cercana a la reciente Stoker, proponiendo a su vez una reflexión sobre los oscuros territorios de la fe y el fanatismo religioso en un contexto de la América Profunda, alejándose del humor negro de la triunfadora en Sitges dos años atrás Red State. Sin embargo, más que elaborar una reflexión profunda, We are what we are ofrece unas pinceladas temáticas que no trascienden la simpleza de su planteamiento, derivando en ocasiones hacia una ideología dudosa y en ocasiones absurda. A ello, cabe sumar la evolución de una trama policial que peca de tosca, evidente y escasamente elaborada. Todos ellos males de una película, que, sin embargo, se alza con una vigor implacable gracias a la capacidad de su director para crear un clima de tensión que trasciende cualquier altibajo narrativo y discursivo, estallando en un excelente clímax final que es culminación sangrienta de una violencia latente.

V/H/S/2

Abandonemos el clásico para instalarnos en una constante del terror actual surgida con la fórmula de éxito que supuso El proyecto de la bruja de Blair. Tras la montaña rusa orquestada por el mosaico de historias de la primera V/H/S, esta segunda entrega propone una nueva narratividad para el found footage, a partir de la proliferación de la mirada. Es así como la película decide, en un acto casi irónico, saltarse la justificación imposatadamente hiperrealista que lo caracteriza para construir sus historias a partir de una multiplicidad de cámaras que trasciende cualquier intento de verosimilitud. Sin embargo, esta aceptación, que de extrema resulta autoconsciente, se revela finalmente como un mecanismo escasamente explotado. Así, esta presencia constante y casi irrisoria de cámaras, se convierte en una excusa para facilitar la narración más que ser dotada de un verdadero sentido formal capaz de bucear en sus posibilidades narrativas.

Más allá de sus implicaciones formales, V/H/S/2 tampoco intenta plantear la originalidad en sus historias, y alejándose del carácter variopinto de la primera, peca de una repetición de la misma estructura narrativa, a pesar de que cada relato cuente con la aparición de monstruos de diferente calaña. Así, si bien esta segunda entrega ofrece toneladas de diversión gamberra, humor negro y gore desvergonzado, acaba por aceptar su condición de mero entretenimiento sangriento. V/H/S/2 abandona su posibilidad de dar otra vuelta de tuerca al terror found footage convirtiéndose en una acomodaticia repetición de su fórmula original, despojada ya de cualquier capacidad para la sorpresa.

BIENVENIDOS AL FIN DEL MUNDO

En la que supone la tercera entrega de la alocada y personalísima Three flavours Cornetto trilogy, Edgar Wright vuelve con su delirante ecuación que fusiona humor cafre, ambiente british y parodia genérica desde la cinefilia. Así, si Zombies Party y Arma fatal tomaban como referentes en deconstrucción los films de zombis y el noir policíaco respectivamente, en esta ocasión Bienvenidos al fin del mundo elabora un canto de amor a una sci-fi con aroma a La invasión de los ladrones de cuerpos. Con ello, Edgar Wright continúa versando sobre algunas de las constantes de su cinematografía como es la inmadurez crónica de sus criaturas, y enarbola la cultura cervecera como motivo principal del film.

Existe, sin embargo, en esta última entrega algunos cambios que la distancian de la genialidad de sus dos piezas anteriores. En Bienvenidos al fin del mundo la pareja cómica Pegg-Frost que conformaban en las anteriores un universo de buddy movie, se disuelve con la ampliación del equipo amistoso a seis miembros. Con ello, Wright pierde en comicidad (todas las dinámicas duales quedan prácticamente perdidas) y gana en melodrama. Es así porque los problemas de la madurez que se planteaban desde una perspectiva irónica en sus films anteriores, quieren tener aquí un planteamiento que en su afán de dramatismo pierde algo de su carácter juguetón y gamberro.

Esta cierta pérdida de frescura se detecta también en la forma con que el director aborda el género de ciencia-ficción, que no logra el nivel de subversión e ironía que poseían Arma fatal y Zombies party, y que deriva en un mensaje excesivamente evidente acerca de las ventajas de la imperfección humana. Es así como Bienvenidos al fin del mundo reafirma aunque no hace avanzar el talento de su director. Y sin embargo, esta película capaz de proponer una invasión sci-fi en una pequeña localidad inglesa, con la cerveza como principal motor narrativo, no puede más que alzarse como una deliciosa y refrescante comedia gamberra, solo apta para paladares exquisitos (y sedientos).

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