Crónica Sitges 2013 – Parte 3

Llegamos al desenlace de nuestra crónica de Sitges 2013, la cual hemos dividido en tres partes distintas repasando las mejores películas que hemos tenido la ocasión de ver en el festival. Para esta última entrega repasamos los films The Blind Detective, Gente en sitios, La tumba de Bruce Lee y La danza de la realidad.

THE BLIND DETECTIVE

Trasladándonos a tierras orientales, The Blind Detective resulta de la suma entre el film noir de detectives y la screwball comedy en el que supone un juego genérico que acaba derivando en una comedia bufa. Johnnie To propone una subversión genérica a partir de la dinamitación del progreso narrativo propio del noir delatando su imposibilidad y convirtiéndose en algo así como un reverso bufonesco de Memories of Murder. Es así porque el guión deja de privilegiar la intriga principal para presentar diversos puntos de fuga, y muestra un proceso de investigación basado en la aleatoriedad, potenciando el poder de la imaginación cómo único método de pesquisa posible.

La figura clásica del detective y la femme fatal son aquí igualmente subvertidos, convirtiéndose ambos protagonistas en una pareja cómica que funciona a golpe de encuentros y desencuentros mientras hace avanzar la trama. El resultado es una obra original, que aunque en ocasiones corre el riesgo de caer en cierta inconsistencia, logra convertirse en un ejercicio cinematográfico tan entretenido como arriesgado.

GENTE EN SITIOS

Gente en sitios parte de una idea schopenhaueriana de la risa, en que ésta surge a partir de la incongruencia del choque entre conocimiento abstracto y conocimiento intuitivo. Es decir, la risa como elemento vital que nace cuando se rompe con una concepción cerrada y seria de la realidad que nos aleja de la incertidumbre, haciendo alarde finalmente de su carácter múltiple y lleno de matices. Se ha afirmado en diversas ocasiones que Gente en sitios supone una “subversión de la cotidianidad”, y sin embargo, si tomamos la idea de Schopenhauer como base, el acto de Cavestany consistiría más bien una visibilización y puesta en evidencia de todos los elementos absurdos e incoherentes que forman parte de esa realidad cotidiana. Por ello, utilizar el término subversión se aleja de algún modo de la intencionalidad del film, pues todas las diversas peripecias que propone no se alejan lo más mínimo de una realidad tangible, y provocan la risa precisamente por su carácter extraño pero increíblemente veraz.

Concebida como el propio director advierte como “una película de ideas”, Gente en sitios vendría a ser una especie de escenificación de un ultrashow de Miguel Noguera. Es así como, inscribiéndose en la corriente contemporánea del post-humor, en que éste surge a partir de la incomodidad y la vergüenza ajena, Cavestany propone una batería de ideas geniales que versan en clave cómica sobre el absurdo de las situaciones humanas. Pero, sobre todo, Gente en sitios se convierte en un canto a la risa como elemento íntimamente ligado a la vida, que, como afirma Julio Quesada “no se agota en conceptos filosóficos ni en tipos determinados de antemano”. Así, absurdez, incoherencia, situaciones inacabadas, obsesiones marcianas, sinsentidos y estupidez se dan la mano para conformar un humorístico y extraño reverso de la verdad, que nunca deja de ser parte de la verdad misma.

LA TUMBA DE BRUCE LEE

Muy en relación con el film anterior y su carácter low cost, La tumba de Bruce Lee se alza como una obra que encuentra en la imaginación el mejor combatiente contra su bajo presupuesto. En una especie de guerra callada contra el blockbuster, esta última tendencia ha encontrado en el cine español mecanismos para crear desde la pura cotidianidad atmósferas de extrañeza, inquietud y magia, como ya demostró la sublime e inclasificable Diamond Flash. La tumba de Bruce Lee, vendría a ser una sublimación más alocada de esta idea, convirtiéndose en una obra implacablemente libérrima, y por ello también plagada de innumerables riesgos.

Apología de lo absurdo, La tumba de Bruce Lee es una comedia marciana que radicaliza las características del post-humor ya comentadas con Gente en sitios, derivando en ocasiones en unas situaciones extrañas en exceso desapegadas de cualquier realidad reconocible. Propone así la risa como forma única de entender (o aceptar la incomprensión) su juego, en el que supone un viaje suicida hacia el autoconocimiento (tanto de los personajes como de los mismos directores). La tumba de Bruce Lee es, en efecto, una película sobre la necesidad de imprimir cada acto bajo la mirada personal del individuo, enarbolando la bandera de lo particular en detrimento de lo socialmente establecido como forma única de superación del referente (el director mismo planteaba cómo vivir después de la muerte de Bruce Lee). Así, esta obra inclasificable e indescifrable se convierte en una pieza que define a su manera los nuevos tiempos a los que se enfrenta el cine, planteando una mirada que encuentra en el absurdo su única forma de expresión libre y personal.

LA DANZA DE LA REALIDAD

Para finalizar, nos trasladamos a Chile para sumergirnos en la memoria de un director que vuelve al cine tras veintitrés años de silencio. La última obra del megalómano Joworowski se presenta como un retrato autobiográfico de la infancia de su director, así como una reflexión new age sobre los diversos caminos de la fe. Bajo una óptica esperpéntica, La danza de la realidad rechaza la ironía y la comicidad propia de la creación valleinclanesca, en aras de una construcción casi plenamente melodramática.

Así, los elementos de extrañeza del film, en su deseo de ejercer un efecto sentimental en el espectador, caen en la más absoluta ridiculez. Cabe, decir, sin embargo, que la última obra de Jodorowski posee hermosas ideas visuales que funcionan de manera independiente a la narrativa del relato, pero se echa en falta un discurso coherente que las hilvane y ordene el caos en que se encuentran sumidas. De esta forma, La danza de la realidad acaba por convertirse en un festival de excentricidades y metáforas evidentes, como ocurre en las obras más denostadas del controvertido Terry Gilliam.

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